Países latinoamericanos ocupan los últimos puestos del ránking educativo mundial, solo por encima de África
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Es una mañana cualquiera en la escuela Elías Cáceres
Lozada, en Arequipa, al sur de Perú. El salón de clases está repleto, ya que,
como todos los días, un 95% de los niños asiste a clase, un gran logro para una
escuela rural.
Pero la sola presencia de los chicos no significa
necesariamente que están obteniendo el aprendizaje necesario que les sirva para
su desarrollo en el futuro. Sus padres tampoco lo saben, y no tienen forma de
medir si sus maestros están haciéndolo bien o mal.
No es un asunto de cantidad sino de calidad, según
afirman.
Hace ya más de una década los gobiernos
latinoamericanos se lanzaron a la conquista de una promesa que, quizás por
ambiciosa, no ha logrado alcanzar en su plenitud: consolidar una educación
pública eficiente y de calidad.
Y a juzgar por los resultados del último informe
PISA –que relega a los países de la región a los últimos puestos del ránking
educativo mundial, solo por encima de África subsahariana-, esta promesa puede
haber derivado en una especie de sueño inalcanzable en un futuro cercano.
Para entender este escenario, según los expertos, es
necesario sumar dos factores determinantes: políticas educativas poco
eficientes e insuficiente formación de gran parte de los 7 millones de docentes
que existen en la región.
Según el estudio Mejores profesores para América
Latina y el Caribe, ningún país latinoamericano –exceptuando a Cuba-, cuenta
con un cuerpo de docentes públicos que pueda considerarse de alta calidad, y en
los últimos 20 años no se han incrementado las habilidades laborales del
profesorado.
De hecho, se calcula que los estudiantes
latinoamericanos están dos años escolares por detrás de la media de la OCDE.
De todas formas, algunos países de la región han
adoptado políticas innovadoras para incrementar el nivel educativo de sus
docentes y, paralelamente han aumentado la inversión pública en educación. En
promedio, el gasto en educación por latinoamericano aumentó de 86 dólares por
persona en 1990, a 119 dólares en 2000 y a 171 dólares en 2008, según la ONU.
En toda la región, la inversión en educación es de casi el 19% del PIB, de
acuerdo a cifras de la Unesco.
Chile, un alumno aventajado, elaboró unos estándares
de conocimiento básico que debe cumplir el profesorado, un sistema de
evaluación vinculado a bonos para incentivar su formación continuada y,
paralelamente, ofreció subvenciones a la educación pública para incluir a los
sectores más vulnerables de la sociedad.
En este sentido, el nuevo gobierno de Michelle
Bachelet ha identificado la mejora de la educación pública como uno de los
retos más importantes de su mandato.
Otros países de la región como México, Colombia,
Ecuador o Perú, han tratado de encauzar la situación intentando implantar
evaluaciones periódicas a profesores, que en muchos casos han terminado en
enfrentamientos entre sindicatos de profesores y gobiernos. En Perú, por ejemplo,
el gobierno desarrolla un programa estratégico para evaluar y monitorear el
aprendizaje de los estudiantes de educación básica, así como la gestión
pedagógica de las escuelas.
¿Aprender
de memoria?
En un mundo donde las tendencias educativas se están
alejando de la memorización tradicional para enfocarse cada vez más en la
resolución de problemas o en aprendizaje duradero, la necesidad de contar con
profesores capacitados es más apremiante que nunca.
Se calcula que en Latinoamérica aproximadamente el
85% de los alumnos en educación primaria y secundaria acuden a centros
públicos, hecho que otorga aún más importancia al papel de los docentes en la
formación de la fuerza laboral del futuro. Según un estudio del Sistema de
Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), organismo
vinculado a la OEI y la UNESCO publicado el año pasado, más del 97% de todos
los niños de 7 a 12 años de la región van al colegio (dos puntos más que en
2000), y más del 83% de los adolescentes de 13 a 17 (seis puntos más).
Entre las medidas más efectivas que pueden ayudar a
mejorar el nivel de los profesores están “hacer más selectivo el proceso de
reclutamiento de profesores, crear sistemas de evaluación y de formación
continuada y personalizada o asignar profesores a escuelas con necesidades
especiales”, explica Barbara Bruns, experta en educación del Banco Mundial.
En cuanto a la educación superior, si bien el nivel
educativo promedio de los latinoamericanos aumentó en aproximadamente tres años
en la última década en parte gracias al mayor acceso a la universidad, los
sistemas educativos siguen incidiendo en recursos educativos tradicionales y
descartando, por ejemplo, las habilidades socioemocionales o el uso de nuevas
herramientas didácticas.
Esto está provocando que en algunos sectores -como
el de las nuevas tecnologías- en ocasiones tengan dificultades para encontrar a
profesionales recién salidos de la universidad capacitados para desarrollar una
determinada tarea.
Esta realidad evidencia que docentes, funcionarios y
los propios alumnos, no siempre están al corriente del tipo de habilidades que
demanda el mercado, y eso provoca que la educación se enfoque casi
exclusivamente en criterios académicos.


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