NUEVA YORK (23 Marzo 2014).- Un pequeño recipiente
con agua y cebolla roja picada —ubicado en la entrada del establecimiento de
artículos para fiestas R&M— es sólo una de las técnicas que utilizan sus
propietarios para eliminar el olor a humo que les quedó tras la explosión de la
semana pasada en East Harlem.
Los puertorriqueños Jimmy Jaimes e Ivette Reyes
—dueños del almacén ubicado en la calle 116— a pocos pasos de donde se
derrumbaron los dos edificios, tienen la esperanza no sólo de que el olor
desaparezca por completo, sino que su negocio vuelva a resurgir.
"Damos gracias a Dios por estar vivos, pero
estamos muy preocupados por el futuro de nuestro negocio", indicó Reyes,
que lleva como comerciante en el área unos 27 años.
La tienda, que recién ayer volvió a tener cierta
clientela, se vio afectada no sólo porque la policía cerró el paso peatonal,
sino porque el fuerte olor a quemado no permitía abrir el negocio a su pleno
potencial.
El mexicano Omar Millán, empleado de la tienda
Tulcingo Express, se mostró optimista en el futuro, aunque su negocio también
registró pérdidas por el cierre de la calle.
"El miércoles y jueves son los días más fuertes
para nuestro negocio de flores, pero por lo que pasó la semana pasada fue nulo
para cualquier envío de órdenes", precisó.
"El negocio se vio muy afectado, como todos los
ubicados en el sector", indicó un trabajador de la joyería Borinquén en la
misma calle, que prefirió no identificarse.
Sin embargo, aseguró que lo perdido
no será recuperado a través de ningún fondo porque no fueron pérdidas materiales.
Lo único que espera es volver a tener clientela.
Por
CRISTINA LOBOGUERRERO/Edlp


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