PEKIN (20 Abril 2014).- No tuvo problemas Fernando Alonso en esperar unos
segundos a que Lewis Hamilton bajase de su bólido. Acostado ya en el lugar que
tanto había echado de menos esta temporada. Tras un despistado arranque, otro
más, de Ferrari, al asturiano no le importó lo más mínimo, con su primer podio
del año en el bolsillo, retrasar su pequeña celebración unos instantes. El
primero de los mortales. Consciente de que Hamilton y Rosberg, los que dictan
el orden natural de este campeonato, se dedican, como mucho, a juguetear entre
ellos. El tercer triunfo seguido del británico. El tercer podio calcado
consecutivo, en una temporada teñida de plata. Con Nico, instalado en el trono
del Mundial desde el primer día. Pero Alonso, tercero, quiso disfrutar de su
conquista. De la pequeña batalla ganada a Vettel. De la estampa de los Red Bull
-primero el del alemán y, en la recta final, el de Ricciardo- en su retrovisor.
Los Mercedes están lejos, muy lejos, pero su Ferrari vuelve a latir y él vuelve
a disfrutar. Eso ya es bastante.
A Fernando Alonso le temblaron hasta los huesos
cuando Felipe Massa lanzó un volantazo, recién apagado el semáforo. Salió
indemne de la embestida y la caricia de su ex compañero actuó como una
auténtica espuela en su 'cavallino', adormilado hasta ahora. Su Ferrari se
quitó de encima a Ricciardo y Rosberg, con problemas de telemetría en el
inicio, hasta citarse con Sebastian Vettel. Para entonces, Lewis Hamilton ya
había sacado la mano del 'cockpit' para despedirse de sus compañeros de
parrilla hasta la llegada. Fue un arranque de otra época, de las mejores del
asturiano en las carreras recientes. Viajó cómodo desde entonces, quizás
pellizcándose por volver a verse en la zona noble. Pero no era ningún
espejismo.
Vettel, su némesis, su pesadilla en su etapa
ferrarista, comenzaba a sufrir problemas. Y en la primera oportunidad, tras
adelantar una vuelta (12) su paso por 'boxes', se deshizo del Red Bull, tras su
salida del garaje. Galopaba con brío el Ferrari, impulsado por las nuevas mejoras
incrustadas en China, ante el asombro del nuevo jefe Marco Mattiacci, que
trataba de no perder detalle del porte imponente de su bólido. Un coche
revilatizado en Shanghai tras un tortuoso tour por Australia, Malasia y
Bahrein. Sólo los Mercedes, líderes en todas las vueltas disputadas hasta la
fecha esta temporada, deslumbraron más que el monoplaza rojo.
Desde la distancia, instalado en la zona de podio,
vio cómo Vettel y Ricciardo vivían un particular 'Multi 21'. Nada que ver con
el que en su día sufrió Mark Webber. El número dos de Red Bull aguardó hasta el
último instante la orden de su equipo para dejar por el camino al tetracampeón,
desvalido e irritado desde la primera vuelta. "¡Deja pasar a
Ricciardo!", resonó por radio. Pero el orgullo del alemán retrasó al
máximo una maniobra inevitable, porque su monoplaza, incómodo con los
neumáticos, era mucho más lento que él. Mucho más lento que el resto. No quiso
bajar los brazos 'Seb' hasta que vio cómo su peligroso socio, eléctrico y
motivado su arranque de curso, lo dejó tirado por el asfalto, igual que en
Bahrein o Australia, donde una sanción apartó al australiano de su primer
podio. Otra pequeña insurrección del recién llegado, que cruzaría la meta con
24 segundos sobre su compañero.
El
despertar de Rosberg
Para entonces, Alonso comenzó a ser consciente de
que su segunda posición, con la que convivió durante más de la mitad de la
carrera, estaba a punto de ser historia. Por la retaguardia asomaba el alerón
plateado de Nico Rosberg, el líder del Mundial, recuperado de un tortuoso
inicio en Shanghai. Los problemas de telemetría quedaron solucionados y el
alemán, disparado de nuevo al podio por su flecha plateada, se lanzó sin piedad
sobre el Ferrari para dejar dibujado el podio definitivo, a 14 vueltas del
final. Con Lewis Hamilton, lanzado hacia su tercer zarpazo consecutivo. No
opuso resistencia el español -no por falta de ganas- ante la exhibición de
pegada y fiabilidad del bólido más potente de este Mundial.
"Tenemos que hacer carreras perfectas cada
domingo, es para lo que estamos", admitía el asturiano en su primera
visita del año a la zona noble. Con ese regusto de satisfacción por el visible
avance de su Ferrari, con un minuto de distancia sobre Kimi Raikkonen, octavo,
al que las mejores no parecen haberle empujado lo más mínimo. Asoma Europa con
algo más de luz para el bicampeón, para la escudería italiana, que, sin
embargo, tendrá que convivir durante una larga temporada con una dura realidad:
Hay dos cohetes plateados que amenazan con echar el cierre al campeonato antes
de que el verano acabe. Como otros años hizo Vettel con su Red Bull...
Por
CARLOS GUISASOLA


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