SAKHIR.- En la salida, Fernando Alonso miraba atento
a Sebastian Vettel, a su espalda, los dos apartados de sus terrenos favoritos.
Los pilotos que se han jugado la gloria en los últimos años sufren en el
comienzo de la nueva temporada, lejos de los dominadores Mercedes. El español
partía noveno, una posición por delante del tetracampeón del mundo. Ahora les
toca sufrir a la espera de que sus equipos encuentren soluciones urgentes. La
vida es dura en la F1, a veces también para los campeones.
Ambos pelearon en el avispero de la salida, rodeado
de amenazas que hasta hace poco ni veían por los retrovisores. Chicos jóvenes
en coches renovados, subidos al nuevo reglamento. Ninguno de los dos porta,
además, el propulsor que marca el paso en 2014, el de la estrella plateada. El
foco es para los pilotos de Mercedes, enfrentados en duelo final espectacular.
Alonso supo avanzar en la niebla de las primeras
curvas, adelantando a su compañero Kimi Raikkonen, que circulaba cuatro plazas
por delante. El latigazo del español le empujó a la zona delantera, en un
simple espejismo de lo que vendría después. Sudor y temple para sobrevivir en
un Ferrari muy verde todavía. El carrusel de paradas le hacía subir y bajar
siempre más cerca de la décima plaza que de un podio lejanísimo. No está para
más el monoplaza rojo, escaso de potencia en comparación con sus rivales
directos.
Sus limitaciones quedaron expuestas en las últimas
vueltas de la carrera, el rato más emocionante de F1 que se ha visto hasta el
momento este año. Una función espesa explotó en fuegos artificiales en el tramo
final, tras el grave accidente de Esteban Gutiérrez. Su Sauber firmó una vuelta
de campana al recibir el fatal impacto del Lotus de Maldonado, un tipo siempre
peligroso. El golpe, sin daños físicos milagrosamente, provocó la entrada a
pista del coche de seguridad. De repente, el pulso se aceleró en mil guerras
domésticas. Todos contra todos.
La noche de Bahrerin aguardaba una sorpresa en forma
de carrera de 10 vueltas, desde que el safety car, abandonó el asfalto. Las
distancias se esfumaron, ahora el grupo en fila, uno tras otro, también la
pareja Mercedes, lejísimos hasta ese momento. Reagrupado el pelotón quedaron en
la pista un puñado de duelos personales apasionantes. Alonso, a cola de los
Williams, sólo pudo defender la novena plaza ante su compañero Raikkonen, otro
día por detrás.
Las chispas saltaban adelante, sobre todo en el
fabuloso cara a cara entre los dos primeros del Mundial, Hamilton vs Rosberg.
Los jefes de equipo miraban desde el muro con el corazón encogido, ante las
batallas desatadas entre sus chicos. Bottas y Massa, de blanco Williams,
pugnaban como Pérez y Hulkenberg, Force India, éstos por la tercera terraza del
podio. Hasta Ricciardo, de estreno en Red Bull, se atrevía a ganarle la
posición al campeonísimo Vettel. Tensión máxima y frenadas al límite.
Las cámaras se quedaron con el sprint final de los
Mercedes. Tenía Rosberg mejores ruedas y el DRS para llevarse el triunfo, pero
Hamilton no es cualquiera. El fiero inglés no quiere desaprovechar al estupenda
máquina que tiene entre manos. Huele a lo lejos el título, el segundo de su
vida. Con esfuerzo aguantaba las embestidas de su compañero en una pelea tan
intensa como limpia, que acabó con los dos enterrados en abrazos antes de subir
al podio. Mercedes dio una lección de deportividad al permitir el duelo entre
sus dos pilotos. Ojalá haya más por el bien de la competición.
Por
JAIME RODRÍGUEZ/El Mundo


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