WASHINGTON (06 Abril 2014).- En trece años de guerras, a punto de
llegar a su fin, más de un millón de estadounidenses han sufrido algún tipo de
trastorno sicológico y se han gastado miles de millones de dólares en dinero
público para curar las heridas de conflictos que se han traído a casa.
El tiroteo protagonizado el pasado miércoles por el
soldado puertorriqueño Iván López, que mató a tres personas e hirió a 16 antes
de quitarse la vida, es un recordatorio de la complejidad de los problemas
psicológicos derivados de la estricta vida militar y lo imprevisible de las
consecuencias.
Según indicó portavoz del Departamento de Asuntos de
Veteranos, ayudar a los hombres y mujeres que han servido al país en el
Ejército es una de las "más importantes prioridades (para el Gobierno) y
uno de los desafíos más acuciantes para aquellos que regresan a casa del
frente".
Las consecuencias de las guerras en Afganistán e
Irak "se sentirán muchos años después", debido al impacto emocional
en los soldados, explica Craig Bryan, psicólogo y experto del Centro Nacional
de Estudios sobre Veteranos.
13 años después
El 11 de Septiembre de 2001 traumatizó a todo EEUU,
pero también lo predispuso para iniciar la guerra global contra el terrorismo,
primero en el remoto Afganistán, y entre 2003 y 2011 en el avispero de Irak.
Estados Unidos se prepara para poner fin en
diciembre a la guerra de Afganistán y cerrar un período bélico de 13 años, que
llevó a pasar por la experiencia del combate a 2.6 millones de estadounidenses.
"El mayor peligro ahora es que al salir de
Afganistán la conciencia social sobre estos problemas se desvanezca y sea mucho
más difícil para los soldados recibir el apoyo público necesario para sus
problemas", opina Bryan.
Anualmente el Pentágono se gasta alrededor de mil
millones de dólares en prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades como el
estrés postraumático (PTSD), cuya incidencia ha aumentado en la última década
un 656% e incapacita a muchos soldados para seguir en sus puestos en tiempo de paz
o retornar a la vida civil.
Pese a que el caso de Fort Hood trae ahora a las
portadas los problemas mentales de los soldados, a diario militares en activo,
veteranos y sus familias deben lidiar silenciosamente con la depresión, el
alcoholismo o la violencia doméstica.
En muy contados casos, la ansiedad o el PTSD
desembocan en mediáticos tiroteos en lugares públicos, la lacra más grave de la
posguerra estadounidense es el altísimo índice de suicidios entre los militares
retirados o en activo y el gran número de familias rotas.
El índice de muertes autoinfligidas entre el
personal militar se ha duplicado entre 2004 y 2009 hasta las 30 muertes por
cada 100,000 personas, más del doble de la media para el conjunto de la
población.
Aumentan suicidios y depresión
Según un estudio de la Kaiser Family Foundation, más
de la mitad de los veteranos del último período de guerras estadounidenses
conoce a un militar que se ha suicidado o lo ha intentado y más de un millón
sufren accesos repentinos de violencia.
Uno de cada cinco excombatientes sufre depresión y,
según un reciente estudio del Instituto de Medicina, el número de 936,283
militares o veteranos que han sido diagnosticados con problemas mentales en la
última década es probablemente mucho mayor, "porque muchos casos no se
identifican adecuadamente".
Según el informe, el despliegue en zonas de combate
"aumenta considerablemente" la posibilidad de conflictos conyugales,
violencia doméstica, desempleo y finalmente exclusión social de personas que de
alguna manera han acabado dando la vida por su país.
En opinión de Bryan, las sombras de la guerra son un
problema que afecta a toda la sociedad. "Lo que le pasa a los soldados es
algo que concierne a toda la comunidad, es un reflejo de lo que sucede en todo
el país".
Según el estudio del Instituto de Medicina, el
Pentágono aún debe identificar mejor qué medidas son más eficientes para evitar
los problemas psicológicos de los soldados.
El informe subraya que las Fuerzas Armadas rebajan
la importancia de iniciativas que "empíricamente" tienen un impacto
positivo, como restringir el acceso a armas personales, alcohol o medicamentos,
como opiáceos, que en algunos casos no son usados adecuadamente, crean adicción
y empeoran la situación.
Como dijo esta semana el secretario del Ejército,
John Mchugh, ante el Congreso en referencia al tiroteo de Fort Hood, pese a
todos los recursos, los programas de ayuda creados desde cero, los intentos por
explicar y olvidar la guerra, "a veces pasan cosas que resultan imposibles
de entender".


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