CIUDAD DE MÉXICO (22 Abril 2014).- Gabriel García
Márquez fue despedido este lunes por familiares, amigos y autoridades, pero
también por miles de personas que participaron en un entrañable homenaje ante
una sencilla urna de madera que contenía sus cenizas, cubierta de rosas amarillas,
en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana.
Los presidente de México, Enrique Peña Nieto y el de
Colombia, Juan Manuel Santos participaron en el homenaje oficial al Premio
Nobel de Literatura, realizado en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes,
ubicado en la ciudad de México, donde murió el escritor el pasado jueves.
Gabo, como le llamaban cariñosamente, fue despedido
en un acto solemne y entrañable con muchas flores amarillas, sus favoritas, y
con las mariposas de papel del mismo color que poblaron su obra cumbre,
"Cien años de soledad", lanzadas dentro y fuera del Palacio de Bellas
Artes.
La música clásica de la solemnidad del momento se
mezcló con compases del vallenato de un conjunto de música colombiana que se
hizo presente en el palacio para dejar constancia de la pasión que el escritor
tenía por ese género del caribe colombiano y por el baile.
Fueron más de cuatro horas las que el público en
general tuvo ocasión de desfilar dentro del palacio para despedirse del autor y
después de los actos oficiales encabezados por Santos y Peña Nieto, el desfile
continuó, porque aún había gente esperando.
Los visitantes llevaron para despedirse numerosas
flores que dejaron a los pies de la escalinata, libros del autor y algunos
otros presentes que entregaron a miembros de la familia del escritor.
La viuda, Mercedes Barcha, y sus dos hijos, Rodrigo
y Gonzalo, fueron testigos del paso de miles de personas ante la urna con las
cenizas del autor. Ellos integraron la primera guardia de honor que se situó
para rendirle tributo.
García Márquez, que siempre conservó su nacionalidad
colombiana, vivió en México desde 1961. La máxima autoridad cultural de México,
Rafael Tovar, en un discurso que pronunció en el acto, dijo al respecto que las
"tres patrias" del escritor eran "Colombia, México y el idioma
español".
Santos habló del aporte del escritor a la literatura
y a las ideas, pero también sobre su faceta personal. "Si algo hacía Gabo
mejor que libros era amigos", afirmó el presidente colombiano, que llegó
hoy para una visita de varias horas con el único propósito de asistir a este
homenaje.
Recordó su discurso cuando recibió el Premio Nobel
de Literatura, en 1982, y sus palabras de que "nunca es demasiado tarde
para creer en la utopía".
"Nos deja -agregó- sus novelas, sus cuentos,
sus crónicas, sus anécdotas, pero antes que nada nos deja la esperanza, la
tarea, la determinación de unirnos por el bien de nuestro pueblo".
Para Santos, García Márquez seguirá vivo "en
sus libros y en sus textos, pero sobre todo, más que nada, vivirá para siempre
en las esperanzas de la humanidad".
A su turno, Peña Nieto describió a García Márquez
como un "grande" de la literatura cuya obra quedará como un valioso
legado para las futuras generaciones.
“Ha partido un hombre grande, pero se queda entre
nosotros la obra” de Gabriel García Márquez, a quien los mexicanos vimos crecer
con admiración, lo quisimos y habremos de querer siempre, le rendimos homenaje
y lo despedimos con la alegría de su vida y su quehacer, declaró el presidente
Enrique Peña Nieto.
En el homenaje luctuoso en el Palacio de Bellas
Artes, el mandatario destacó a quien llamó “el más grande novelista de América
Latina de todos los tiempos, alguna vez equiparado con Miguel de Cervantes”.
"Sus palabras y libros sobrevivirán los límites
de la efímera vida humana", dijo.
Gabo "desentrañó la esencia e identidad de
nuestra América Latina y la proyectó al mundo", añadió el mandatario
mexicano.
Los discursos oficiales no cerraron el homenaje.
Santos y Peña Nieto, junto con familiares del autor, se unieron al final en
torno a la urna con las cenizas de García Márquez para dedicarle un prolongado
aplauso, mientras se lanzaban mariposas de papel amarillas.
Afuera del palacio, varios cañones lanzaban también
mariposas de papel del mismo color, mientras la gente aún hacía cola para poder
acceder al Palacio de Bellas Artes y despedirse, a su modo, de un autor que,
como dijo Santos, "escribió sobre el poder más grande y más influyente de
todos, que es el poder del amor".


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