NUEVA YORK (19 Mayo 2014).- El estatus migratorio
podría ser de vida o muerte para inmigrantes que necesitan un trasplante.
Muchos se enfrentan a la desesperanza sin un número de seguro social que les
brinde elegibilidad para la cobertura de Medicaid.
El infierno del mexicano Alberto López (33) comenzó
en 2004 con una revisión médica como requisito laboral. Luego de varios
estudios por anormalidades en los riñones, los médicos le informaron que
padecía insuficiencia renal y que tendría que someterse a diálisis de inmediato.
El padre de dos adolescentes admite que no hizo caso
a los síntomas y que los años le cobraron la factura con un tormentoso dolor. A
una década del diagnostico sigue esperando un trasplante que le salve la vida.
Cuando EL DIARIO/LA PRENSA publicó su historia en el
invierno de 2011, Pérez tenía la esperanza de que su estatus migratorio no
sería un impedimento para convertirse en un receptor de órganos, pero su anhelo
pasó a resignación.
"Ya no hago planes para el futuro", dijo
con voz firme. "Sé que no habrá más arena en este reloj, el tiempo se me
acaba".
López, un residente del condado de Orange al norte
del área metropolitana de Nueva York, dijo que le costaría dos vidas
desembolsar el coste de la cirugía y el tratamiento postoperatorio, que se
cotiza hasta por US$500,000. Solo los medicamentos anti-rechazo pueden costar de US$2,000 a $4,000 por mes.
"Mi vida depende de un número, soy una cifra
sin rostro", dijo Pérez. "Sin un seguro social o una tarjeta de
residencia no soy elegible para Medicaid, solo candidato al seguro de
emergencia".
El Medicaid de emergencia ayuda a Pérez a costear un
mínimo porcentaje de sus gastos médicos. La mayoría de los ingresos de los dos
empleos de su esposa, Dalia López, sirven para la compra de medicamentos.
Un residente de Woodside, Queens enfrenta similar
situación. Víctor Oaxaca (25) vive con diálisis desde hace tres años. Cuando EL
DIARIO entrevistó a sus padres Manuel Oaxaca y Luz Marina Ramírez en octubre de
2012, el muchacho estaba inconsciente en una cama del Hospital Elmhurst.
"El Medicaid de emergencia ayuda, pero mis
padres asumen la mayor parte de los gastos de hospitalización y medicina",
indicó. "Es inhumano que un papel decida mi expectativa de vida. Sigo sin
comprender porque el estatus migratorio determina quien vive".
Pese a su condición, Oaxaca trabaja pocas horas los
fines de semana musicalizando fiestas infantiles. "Me mantengo fuerte,
quiero vivir", agregó.
Por
ZAIRA CORTÉS/Edlp


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