SAO PAULO (15 Mayo 2014).- Manifestantes y la
policía se enfrentaron en Sao Paulo el jueves al surgir protestas contra la próxima
Copa del Mundo de fútbol y peticiones para mejorar los servicios públicos en
varias ciudades brasileñas.
Agentes en la ciudad más grande de Brasil arrojaron
gases lacrimógenos y usaron balas de goma contra los manifestantes, quienes
prendieron fuego a montones de basura para formar barricadas en una avenida
central. Los inconformes criticaron los miles de millones de dólares gastados
para la sede del Mundial el mes próximo y dijeron que querían atraer la
atención a lo que calificaron de falta de inversiones para mejorar servicios
públicos deficientes.
"Estamos comenzando a ganar fuerza para ir
contra las injusticias de la Copa del Mundo", dijo Luana Gurther,
estudiante de Ciencias Sociales. "Somos los que deberíamos decidir a dónde
va el dinero público. Más financiamiento para escuelas, hospitales, vivienda,
transporte... no para la Copa".
Gurther y miles de manifestantes más, en su mayoría
jóvenes, se reunieron en una importante avenida en la ciudad de 11 millones de
habitantes, haciendo sonar ruidosamente tambores y latas, y elevando mantas con
mensajes tales como "menos dinero para la Copa y más para vivienda".
Los inconformes organizaron un partido de fútbol con tácticas sucias y un
hombre se puso un disfraz de un esqueleto gigante con el uniforme de la
selección de Brasil.
La manifestación se tornó violenta cuando algunas
personas destrozaron los cristales de una distribuidora de automóviles Hyundai
y de un banco. La policía arrestó a siete personas que portaban cocteles
molotov.
Aunque generalizadas, las protestas fueron de mucho
menor tamaño que las que del año pasado. Al llegar la noche ya habían concluido
en gran medida.
En las manifestaciones fueron bloqueadas dos
importantes avenidas que ingresan a Sao Paulo, durante la hora pico del
tránsito matutino. Frente al nuevo estadio donde se realizará el partido
inaugural del Mundial, unos 1.500 activistas hacían ondear banderas brasileñas
mientras se elevaba humo negro de los neumáticos en llamas.
"Nuestro objetivo es simbólico. No queremos
destruir ni dañar el estadio", expresó Guilherme Boulos, dirigente del
Movimiento de Trabajadores sin Techo que se congregó muy cerca del Itaquerao,
en la zona este de Sao Paulo. "Lo que queremos son más derechos para que
los trabajadores tengan acceso a vivienda y denunciar los efectos que la Copa
sobre los pobres".
El grupo afirma que muchas personas han sido
obligadas a abandonar sus viviendas debido al aumento de los alquileres en el
vecindario de los alrededores del estadio.
La policía bloqueó la entrada principal a una zona
en construcción donde grúas y otras máquinas estaban preparadas para llevar
materiales necesarios para la terminación del estadio.
Al anochecer se llevaron a cabo manifestaciones en
Río de Janeiro, lo que afectó seriamente el tránsito en el centro de la ciudad.
En la capital Brasilia, los manifestantes sostenían
mantas que afirmaban "FIFA vete a casa", mientras que en Belo
Horizonte, otra de las sedes del Mundial, unas 2.000 personas salieron a las
calles para quejarse del torneo de fútbol.
En el noreste, grupos de personas saquearon tiendas
en Recife, otra sede de la Copa, donde una huelga policial provocó anarquía.
Los agentes llevan tres días en huelga en busca de un aumento salarial de 50%.
Las autoridades dijeron que ya habían decidido
cancelar dos partidos de fútbol de la liga profesional programados para este
fin de semana en la ciudad.
"Obviamente están usando la proximidad de la
Copa del Mundo con el fin de presionarnos para que cedamos a sus
exigencias", afirmó Manoel Guimaraes, funcionario gubernamental de prensa
del estado de Pernambuco, donde está Recife.
Esta ciudad será sede de cinco partidos del Mundial
a partir del 14 de junio.
Las manifestaciones del jueves eran observadas como
una prueba de la capacidad del gobierno para mantener la seguridad durante la
Copa del Mundo.
El año pasado las protestas masivas contra el
gobierno a lo largo y ancho del país eclipsaron la Copa Confederaciones, un
torneo de preparación para el Mundial, cuando más de un millón de personas
protestaron en las calles en una sola noche.
Muchos brasileños están molestos por los miles de
millones de dólares gastados para organizar el Mundial. Aquellos que han salido
a las calles piden al gobierno concentrar los gastos en mejorar los
problemáticos sistemas médico, de educación, de seguridad y la infraestructura
del país.
Las autoridades brasileñas esperaban que el Mundial
y luego los Juegos Olímpicos de 2016 en Río pusieran a Brasil en el centro de
la atención mundial y exhibieran los avances que el país ha hecho en la última
década para mejorar su economía y sacar a decenas de millones de personas de la
pobreza.


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