MADRID (09 Junio 2014).- El flamante yate Fortuna se
puede adquirir por el módico precio de ocho millones de euros «negociables».
Tras varios meses a la venta, la embarcación, que fue regalada a Don Juan
Carlos por un grupo de 25 empresarios y por el Gobierno balear en el año 2001,
no encuentra comprador y yace solitaria en uno de los muelles del mallorquín
Port Adriano.
En apenas unas semanas, la empresa náutica que lo
comercializa ha decidido rebajar de golpe el precio un 20% al comprobar que no
consigue darle salida y ha comunicado personalmente a los interesados que está
dispuesta a aceptar todavía una nueva rebaja. "El precio de partida ha
bajado de 10 a ocho", explican en referencia a un barco que costó 19
millones de euros y que ha tenido, durante sus 14 años de vida, poco uso.
"Sólo tiene 1.000 horas de navegación. Algo menos de 72 horas anuales.
Está totalmente nuevo", aclara la vendedora.
El Fortuna, de 41,5 metros de eslora, rebautizado
como Foners, está siendo exhibido a todo aquel interesado que acredite
solvencia económica suficiente, en encuentros restringidos en los que se
examina escrupulosamente la identidad y el historial de los clientes.
EL MUNDO ha conseguido empotrarse de incógnito en
una de estas visitas privadas, en las que el propio capitán de la nave abre por
primera vez las puertas del yate y explica, palmo a palmo, todas sus
prestaciones.
Empieza por detalles más visuales como el
«impecable» estado en el que se encuentra la madera de teca que recorre la
cubierta o la extraordinaria capacidad de «almacenaje» de todos los habitáculos
de la nave en forma de cajones o armarios forrados de madera. Continúa con la
vistosa televisión de 46 pulgadas del salón principal, que emerge del interior
de una cómoda con sólo pulsar un botón, o el titanio refulgente que recubre
cada detalle exterior. "El barco tiene tanta madera por dentro que se
decidió utilizar el titanio para aligerar su peso. Es mucho más caro que el
aluminio pero no le afecta la oxidación", apunta el capitán, que se
reserva para el final de la visita, misterioso, lo que él mismo denomina como
"la joya de la Corona".
Se trata de un «estabilizador instalado hace sólo un
año, que costó un millón de euros, no se ha usado» y permite disfrutar de una
prestación extraordinaria. "Estando el barco en medio de una tormenta
pones un vaso de agua en la mesa del salón y no se mueve". Una suerte de
magia.
Una vista del interior del yate "Fortuna".
Cuenta con dos sistemas de navegación. Uno
convencional de gasoil con el que el yate alcanza 12 nudos y otro propulsado
por tres turbinas Rolls-Royce que permiten que el buque navegue nada menos que
a 60 nudos (111 kilómetros por hora; en su época era el barco más rápido del
mundo en su categoría). Para satisfacer las necesidades de este último fueron
instaladas tres grandes toberas en la popa como si fueran tubos de escape.
"Los sistemas de ventilación que tiene el barco son parecidos a los de un
Fórmula 1", presume orgulloso el guía. Pero es precisamente esta
característica la que complica sobremanera la venta de la embarcación teniendo
en cuenta lo elevado de sus consumos, que hace que se volatilicen con facilidad
los 20.000 euros que cuesta llenar su tanque y que dan poco más que para ir de
Palma a la isla de Cabrera y vuelta (80 kilómetros en total).
El interior se encuentra también inmaculado. Las
cuatro habitaciones principales y «la del armador», que es la única que cuenta
con «dos baños» y que estaba reservada para el Monarca. El recorrido prosigue
por los "camarotes vip", la amplísima cocina, en la que destaca
"un gran horno de vapor", y los "camarotes de tripulación".
Pese a que de momento no hay ofertas en firme encima
de la mesa, el gran empresario Abel Matutes se lo está pensando tentado por el
estabilizador y la singularidad de la embarcación. El ibicenco, cual jugador de
póker, aguarda a la espera de que el precio baje.



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