El Tribunal Supremo de EEUU coloca a Argentina al borde de la suspensión de pagos
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WASHINGTON (17 Junio 2014).- Doce años después de su
última suspensión de pagos, Argentina vuelve a quedar al borde de la quiebra.
En esta ocasión, por 1.300 millones de dólares (960 millones de euros) que el
país sudamericano se niega a pagar y que el Tribunal Supremo de EEUU ha
decidido este lunes que tiene que abonar.
Es el último residuo, precisamente, de la suspensión
de pagos de diciembre de 2001 -la mayor llevada a cabo por un país en la
Historia-, y un fracaso político de primera magnitud para el Gobierno de
Cristina Fernández de Kirchner, que ha reaccionado a la decisión con
declaraciones de índice apocalíptico. Según Buenos Aires, una nueva suspensión
de pagos "podría desencadenar una catástrofe económica de severas
consecuencias para millones de argentinos". El Gobierno de Barack Obama se
había puesto del lado del argentino en la disputa.
El mercado, no obstante, cree que aún hay margen
para evitar el colapso. Argentina quiere demostrar su 'independencia' del
capital exterior. Y los fondos que la han llevado a los tribunales quieren
dinero, aunque tengan que conformarse con menos de lo que piden. Así que es
posible que el Gobierno de Kirchner negocie con los tenedores de la deuda un
acuerdo para pagar pero que le permita salvar la cara políticamente.
La clave del debate es que el Supremo de EEUU ha
rechazado la apelación del Gobierno argentino de una serie de sentencias
dictadas por tribunales inferiores que determinaban que no hay base legal para
que Argentina dé un tratamiento diferente a los tenedores de deuda emitida
antes de 2001.
Los
hechos
La cuestión es que ese país debe realizar un pago de
903 millones de dólares (666 millones de euros) de deuda el día 30 de este mes
y, según los tribunales estadounidenses, tendrá que pagar primero a los que
tienen deuda anterior a 2001 que a los que deben cobrar en esa fecha. El
Gobierno de Buenos Aires afirma que no tiene reservas suficientes para hacer frente
a ambos compromisos.
Además, el Supremo de EEUU ha autorizado a los dos
hedge funds (fondos no regulados aunque, desde la crisis de 2008, deben
informar a los reguladores de su situación financiera) que actúan como
demandantes de Argentina a recurrir a los tribunales estadounidenses para
localizar y hacer que sean embargados activos del Estado argentino en caso de
que éste no pague.
La consecuencia es que las acciones de la petrolera
YPF, controlada por el Gobierno argentino tras su nacionalización a la española
Repsol, caían un 13% en Wall Street al conocerse la noticia, aunque
posteriormente redujeron su desplome al 7%. En 2013, gracias a la acción de
otros fondos especulativos, YPF subió más de un 100%, si bien en lo que
llevamos de 2014 su cotización ha estado más bien plana.
La controversia es la siguiente: en 2001, Argentina
suspendió pagos de su deuda, que entonces ascendía a 95.000 millones de dólares
(70.000 millones de euros). Era, en total, el 14% de la deuda de los países en
vías de desarrollo.
Cuatro años después, tras duras negociaciones, el
Gobierno de Néstor Kirchner alcanzó un acuerdo con los tenedores del 76% de la
deuda argentina en virtud del cual la mayoría de los bonos serian canjeados por
otros con un valor nominal de aproximadamente el 30%-35% de su valor. El
interés de estos bonos estaría, en su mayor parte, vinculado al PIB del país,
que desde entonces ha crecido a tasas que han oscilado entre el 0,9% y el 9,2%.
En 2010, en otra ronda de negociaciones, Argentina reestructuró casi la
totalidad de la deuda restante. A esa deuda reestructurada es a la que
pertenecen los 666 millones que argentina debe pagar el 30 de este mes.
La
clave
El problema está en el 6% de los pasivos que quedó
sin solución. Una serie de hedge funds compraron esa deuda por un precio de
alrededor del 20% de su nominal, es decir, por el valor al que habían sido
vendidos en el mercado. Esos hedge funds, a continuación, se dedicaron a ir a
los tribunales para exigir que Buenos Aires les pagara. Dado que esos activos
no estaban sujetos a las reestructuraciones de la deuda, no se veían afectados
por las quitas. En otras palabras, los fondos habían pagado un 20% por activos
que valían el 100%. El Gobierno argentino, entretanto, afirmaba que esos bonos
debían someterse a las condiciones de los demás títulos reestructurados.
El resultado ha sido una rocambolesca batalla
judicial, que alcanzó su cenit cuando el buque-escuela de la Armada argentina,
el Libertad, quedó bloqueado en Ghana durante dos meses en 2012 debido a las
acciones legales de NML, uno de los hedge funds que reclamaba el pago de la
deuda que había adquirido. NML también ha tratado sin éxito de embargar el
avión presidencial de Cristina Fernández de Kirchner y el oro de Argentina en
el Banco de la Reserva Federal en Nueva York.
NML ha sido de lejos el fondo más agresivo en la
disputa. Su máximo responsable, Paul Singer, es un destacado donante del
Partido Republicano de EEUU que, sin embargo, y en abierta ruptura con esa
formación política, es también un gran defensor de los derechos de los
homosexuales (acaso porque uno de sus hijos es gay). Singer tiene una fortuna
estimada en cerca de 1.000 millones de euros, obtenida fundamentalmente gracias
a su habilidad para comprar deuda en suspensión de pagos y venderla más cara o
llevar a los tribunales al emisor, como está haciendo con Argentina. Un grupo
de ex empleados de NML-y su matriz, Elliott Management-tambien tiene deuda
argentina a través del vehículo de inversión Aurelius Capital Management.
Otros fondos que han comprado deuda argentina sin
reestructurar han tenido una actitud menos agresiva en la disputa. Ése es el
caso de Gramercy, que tiene unos 3.900 millones de dólares (2.979 millones de
3euros) y ha asesorado a Buenos Aires en la controversia.
Por
PABLO PARDO/El Mundo


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