Sirios votan para elegir presidente en medio de una guerra civil

DAMASCO (03 Junio 2014).-. Estas son las primeras elecciones con más de un candidato de los últimos cincuenta años en Siria. La Comisión Judicial Suprema Electoral decidió extender el horario de votación por cinco horas debido a la alta afluencia de electores.

En Damasco, la capital, miles de personas bailaban este martes al ritmo de canciones tradicionales y ondeaban banderas del presidente Al Assad, a quien todos dan como absoluto ganador. (Lea también: 'Las elecciones en Siria legitiman a Bashar al Asad').

La pregunta, por el contrario, era con qué porcentaje ganaría estas elecciones que los activistas locales han decidido llamar “elecciones de sangre”, por la crudeza de la guerra que vive el país hace más de tres años .

En muchos puestos de votación se repartían alfileres para quienes quisieran marcar su tarjetón con sangre e incluso muchas personas decidieron marcar su voto abiertamente frente a las cámaras para que no quedara duda a quién iba dirigido.

Los dos únicos contendores en el tarjetón, Hassan Al Nuri y Maher Najjar, son prácticamente desconocidos para la mayoría de la población que expresaba a pie de urnas que votarían por Al Assad, que ya completa 14 años en el poder. En esta campaña, al fin y al cabo, la presencia del presidente había sido casi omnipresente.

Su imagen cubría buses y coches, colgaba de banderolas que adornaban las calles como su fuera un carnaval y era la protagonista de afiches donde se le veía vestido de militar, con corbata, serio o sonriente.

Incluso aparecía en decenas de pancartas acompañado por su padre Hafez, a quien sucedió después de su muerte en 2000, y de Hassan Nasrala, el líder de la agrupación política militar libanesa Hezbolá.

Apoyo a pesar de crisis

El apoyo de este grupo que tiene a su vez el respaldo de Irán ha sido fundamental para que el régimen de Al Assad haya logrado cambiar el balance de fuerzas en algunos lugares del país y hoy se sienta victorioso a pesar de que la guerra ha dejado parte del país destruido y más de 150.000 muertos, entre otros. “Juntos vamos a reconstruirlo”, decía uno de sus eslóganes.

Siria entró en una guerra civil después de que en marzo de 2011 el régimen respondiera con violencia a una serie de manifestaciones pacíficas que pedían reformas en el país.

Estas protestas desembocaron en la creación de una oposición armada que con los meses se enfrentó al régimen que respondió aún más violencia hasta terminar en una guerra internacional donde los grandes frentes regionales internacionales han pasado a intervenir.

“El camino a la solución política a la crisis comienza hoy”, aseguró después de votar el ministro de Relaciones internacionales Walid Moallen, que llevaba una bandera de Siria amarrada al cuello,  según informó la agencia AP.

Esta posición iba en contravía de declaraciones hechas desde diferentes países del mundo que han catalogado estas elecciones como una “farsa”. “No reconoceremos los resultados”, aseguró el Secretario General de la Otán, Anders Fogh Rasmussa.

Una jornada electoral con ataques

La sensación de normalidad que se quiso recalcar desde el Régimen con la aparición de Al Assad y su mujer, Salma, en un puesto de votación del barrio Al Maliki, cerca de donde residen, no era tal.

Decenas de retenes protegieron la ciudad y desde temprano en la mañana se escucharon reportes que en la periferia de Damasco, en sectores con presencia de fuerzas rebeldes, se escuchaban disparos e incluso varios morteros cayeron algunos sectores de la ciudad, sin consecuencias mayores.

Este cruce de fuego se daba a pesar de que cuatro de los grupos rebeldes habían asegurado que no atacarían puestos de votación con el objetivo proteger a la población civil, a pesar de no reconocer las elecciones.

Este gesto, sin embargo, no va más allá de acto simbólico debido a que la oposición armada en el país está tremendamente dividida y enfrentada entre ella. A esto se sumó que en otras regiones del país continuaron los enfrentamientos como en un día normal.

Al fin y al cabo, estas elecciones sólo se llevaban en una parte del país en control del régimen y que no supera, según algunos analistas, el 50 por ciento de la totalidad del país.

Aun así el Gobierno de Damasco había anunciado que 15 millones de sirios estaban habilitados para votar. La red de derechos humanos de Siria aseguró que más de dos millones y medio se encuentran por fuera del país y seis millones están desplazados de sus hogares.

“Nosotros no reconocemos estas elecciones, no son legitimas”, aseguró Ziad Hassan, integrante del comité político del Consejo Nacional Sirio, que hace parte de la oposición política en el exterior.

“Para mi estas elecciones son la punta del arco de esta trágica obra de Teatro”, aseguró a EL TIEMPO Omar, un joven sirio que hizo parte de las primeras demostraciones en contra de Al Assad en Damasco en 2011 y que hoy está exiliado en Occidente.


“¿Cómo se puede creer en las elecciones de un país lleno de malandros, grupos sectarios y soldados con un único candidato, Al Assad, que ha desplazado a una tercera parte de la población?”, se preguntaba este joven politólogo que concluyó al decir que participar en estas elecciones era continuar apoyando a esta situación catastrófica.

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