PONCE (29 Agosto 2014). - Luego de 10 años de una
sólida relación, Iván y su esposo Juan se dieron cuenta de que algo les
faltaba: era el momento de tener un bebé.
Iván Meléndez y Juan Rivera, casados legalmente en
el estado de California, anhelaban un hijo que llevara su sangre y apellidos.
Ambos sabían que biológicamente era imposible. Además, estaban claros de era
aún más complicado procrear en un país donde su matrimonio no es válido y solo
se reconocen como padres legítimos a un hombre y una mujer.
"Nosotros hablamos de ser papás desde que nos
conocimos en un evento de trabajo, pero hubo momentos en nuestra relación que
nos enfocamos en el trabajo y nuestra empresa. Hubo un momento en que yo pensé
que eso había quedado como algo que queríamos hacer, pero que no todo en la
vida se logra porque la vida te lleva a otras cosas y algunas se quedan en
pausa, como era la de tener un hijo", relató Juan, director ejecutivo de
una institución de servicios médicos.
Poco después, en el 2012, Iván, médico de familia,
retomó el tema. Así fue que afloraron las múltiples ideas, las largas
conversaciones y los bombardeos de preguntas que se hacían mutuamente para
asegurarse de que su deseo de convertirse en padres fuera real. Sentirse e
imaginarse en este rol los movía a buscar opciones. Sabían que Puerto Rico no
era el lugar.
"Yo me convertí en la conciencia porque para
Iván siempre todo es hermoso y posible, es bien positivo y yo tenía que ser más
realista", contó Juan mientras Iván sonreía a su lado en gesto de
complicidad.
Empezar el proceso fue cuesta arriba. En la Isla, no
hallaron información ni personas que los orientaran sobre los pasos a seguir.
En medio de la búsqueda, se trasladaron a California. Era en ese estado o en
Maryland donde la ley les permitiría inscribir al bebé como suyo.
Tras más de dos años de planificación y una
inversión de cerca de $150 mil, nació su pequeña Ivanna Sofía Meléndez Rivera.
Curiosamente, los tres comparten el mismo nombre. Ivanna es el femenino de
Iván, que es el equivalente a Juan pero en ruso.
Ivanna nació a través de una subrogación
gestacional. Esto significa que la embarazada subrogada o en este caso
"canguro" (como cariñosamente la llamaban Iván y Juan) solo prestó su
vientre para implantar el óvulo de otra mujer escogida también a través de otra
agencia de subrogación, por lo que les aseguró que no tuvieran relación
genética. El óvulo fecundado se implantó en el vientre de la sustituta una vez
fue fertilizado con la esperma de uno de los dos padres. Ambos donaron esperma,
pero no quisieron saber cuál de las dos fue escogida por el laboratorio para
fertilizar.
"El laboratorio iba a escoger los
espermatozoides más maduros y nosotros no quisimos saber porque es hija de los
dos como quiera", aseguró Iván.
La
difícil selección de un vientre
Seleccionar la mujer que cobijaría a su bebé fue
difícil, pero no tanto como presumían. Arduo porque tenían la incertidumbre de
que su retoño estaría en el vientre de una mujer a casi 4,000 millas de
distancia de Puerto Rico. Además, debería poseer la salud, tranquilidad y el
amor que ellos anhelaban que su bebé recibiera desde el vientre. Las candidatas
enlistadas bajo las agencias de reproducción asistida tienen unos perfiles que
describen todos los detalles de las mujeres, desde su personalidad y su familia
hasta su alimentación.
"Nosotros no teníamos ninguna referencia,
alguna persona que nos orientara. En una de mis reuniones médicas en Estados
Unidos, conocí a un colega que lo había hecho y le pregunté qué tenía que saber
para escoger a la subrogada y me respondió: 'Confía' ", relató el galeno.
Intercambian
cartas de esperanza
Las compañías de subrogación les piden una carta de
presentación a las parejas que quieren utilizar la gestación subrogada en la
que deben explicar quiénes son y por qué desean procrear un bebé. Esas cartas,
cargadas de una gran dosis de esperanza por encontrar una buena madre
subrogada, son leídas por las candidatas. Así es como se da el primer contacto;
a través de cartas.
No todo fue perfecto. Para ellos, por ejemplo, no
fue fácil armonizar cinco agencias de subrogación diferentes para poder tener a
su bebé a través de este método.
La pareja evaluó compañías con el mayor porcentaje
de éxito en fertilización porque querían implantar un solo óvulo y minimizar
las probabilidades de un embarazo múltiple. "Aunque si venían gemelos los
íbamos a querer", dijo Iván.
"Es
ella"
La pareja recibió un correo electrónico
notificándoles que la agencia tenía una candidata en potencia.
"Nos notificaron a través de unos psicólogos que
hacen las entrevistas. Luego se dio la primera entrevista con ella vía Skype
porque nosotros estábamos en Puerto Rico y ella en California", relató
Iván.
Así fue como vieron por primera vez a Jennifer Love,
una vegetariana de 40 años, casada con David Love y con dos hijas. Ella sería
la mujer que cobijaría al bebé.
"Fue la primera entrevista y supimos que ella
era la persona", confesó el médico.
"Era como si la hubiésemos conocido toda la
vida", añadió Juan.
Luego de ese primer encuentro cibernético hubo otros
en persona. Uno de ellos incluyó la visita formal con psicólogos de la agencia.
Luego de esa cita, ambas partes tendrían 24 horas para decidir si querían
trabajar juntos.
Y así fue como esa confirmación los unió. Ya el
camino para convertir su sueño en realidad había comenzado: su bebé ya tenía un
vientre dispuesto a ampararlo por las próximas 40 semanas.
Fuente ENDI.COM
Fuente ENDI.COM


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