'Esto es un genocidio medieval'; Mosul está repleta de cabezas colgadas del tendido eléctrico
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ERBIL, Irak (17 Agosto 2014).- No puedo cerrar los ojos ante la barbarie. Forma
parte de mi trabajo. Aparece delante de mí todos los días. Y no pienso darle la
espalda. Si lo hiciera traicionaría mis principios y mi forma de entender la
vida. Veo miles de cuerpos quebrados por el dolor. Escucho cientos de relatos,
a cada cual más cruel, del sufrimiento vivido. Siento los sollozos
interminables de los niños. Sus lágrimas es lo que más me afecta. Son miradas
que reflejan todo el horror padecido. Por la noche cuando duermo, no son pesadillas
lo que me desvela, sino las llamadas de los responsables del gobierno autónomo
del Kurdistán avisándome de la llegada de nuevos refugiados, o del traslado
urgente de heridos a un hospital víctimas de un atentado o de nuevas acciones
de guerra. Y la aparición constante de grupos de niños solos. Los niños y la
guerra, un binomio que va unido y que, desgraciadamente, ya había vivido. Pero
nunca de una manera tan cruel como ahora. Esta guerra me está afectando mucho
más que cualquier otra.
Es un genocidio medieval. El terror por el terror.
Lo más duro ha sido recoger críos heridos después de un ataque yihadista contra
una columna de refugiados, y no poder trasladarlos a todos. Es una sensación de
impotencia brutal. Me gustaría salvarlos a todos. Llevarlos a España.
Apartarles de este horror. No puedo. Los hay de todas las edades: recién
nacidos, lactantes, niños pequeños y adolescentes. Lo que más me duele es no
poder atenderlos como necesitan.
Crucifixión de infieles
Los yihadistas están a 50 km del lugar donde me
encuentro, la ciudad de Erbil, capital administrativa del estado autónomo del
Kurdistán iraquí. Mi nombre es Juan Luis Ney Sotomayor, tengo 46 años y soy de
Barcelona. Soy médico cirujano y mi especialidad la cirugía de guerra. Me he
formado en Francia y Alemania. Mi vida la he dedicado a la cooperación
internacional y he participado en más de 10 misiones humanitarias: Liberia,
Malí, Palestina, Irak, Afganistán, Sudán... Llevo viviendo en Erbil desde hace
tres meses, contratado por el gobierno autónomo del Kurdistán y colaborando con
diversas organizaciones no gubernamentales. Mi misión era, en un principio, dar
formación a cirujanos locales hasta que estalló la catástrofe. Ahora hago de
todo. Estamos desbordados: se calcula que más de medio millón de personas han
huido por el terror yihadista y solamente en Erbil hay unos cien mil
refugiados. Y no se ve el final.
Todo comenzó hace apenas dos meses, cuando Mosul (la
segunda ciudad más importante de Irak) cayó en manos de los yihadistas del IS
(siglas en inglés de Estado Islámico). A partir de ese momento se instauró el
terror. Después se apoderaron de otras ciudades importantes como Kirkuk. En
todas ellas han tenido lugar las más horribles matanzas: degollamientos
públicos, fusilamientos masivos, crucifixión de infieles, enterramiento de
mujeres y niños vivos. Lo más espantoso que uno pueda imaginar ha sido superado
por la realidad. Testigos directos me han relatado como la ciudad de Mosul está
repleta de cabezas cortadas colgadas del tendido eléctrico.
Esas imágenes, distribuidas por las redes sociales,
han expandido el terror y el pánico se ha apoderado de la población. Ahí
comenzó la estampida. Primero les tocó el turno a los cristianos (con ellos se
inauguró la masacre), pero luego huyeron los turcomanos, los yazidíes, que ya
estaban señalados, vinieron poco después pero, como en el famoso verso de
Bertolt Brecht, incluso los que no esperaban verse afectados por la
persecución, chiítas y moderados sunitas, también han salido corriendo al
convertirse en objetivo señalado por los más extremistas.
Y a los crímenes de guerra les ha seguido la
catástrofe humanitaria. Centenares de miles de personas perdidas en el desierto
sin víveres, sin agua, andando descalzos, soportando temperaturas de 55º C. No
se sabe la cantidad de personas que han muerto así. Seguramente las más
débiles: ancianos, mujeres, enfermos, niños y los que tenían menos alimentos.
Muchas de estas columnas de refugiados han sido atacadas con fuego de
artillería por las milicias del IS. Yo denuncio abiertamente la comisión de un
genocidio contra la población civil en Irak.
Para mí no existen horarios. Cooperantes y médicos
dependemos de las necesidades que surjan en cada momento. Presto asistencia en
varios hospitales de la ciudad. Ha habido días que he tenido que trabajar 24
horas seguidas atendiendo a refugiados. Lo habitual es descansar dos, cuatro o
seis horas como máximo al día, pero un ataque, la llegada de una nueva columna
de refugiados, un atentado nos obligan a dejar lo que estamos haciendo para
acudir y prestar asistencia a las victimas. Vivo en un chalet alquilado con
otros cooperantes y cuento con la asistencia de un chofer que me traslada a
cualquier punto de la ciudad y de sus alrededores.
Han muerto miles de personas, especialmente mujeres
y de niños. Muchos de ellos no han podido ser enterrados. El caso más dramático
quizá sea el de los integrantes de la religión yazidíe. Aunque existe mucha
leyenda en torno a ellos, son personas absolutamente normales, como cualquiera
de nosotros. No se les diferencia étnicamente. Practican una religión y unas
tradiciones de hace miles de años. Se calcula que 50.000 yazidíes, en su éxodo
hacia el este, han quedado aislados en las montañas de Sinjar, junto a la
frontera con Siria. EEUU ya ha mandado ayuda humanitaria a través de aviones y
helicópteros... Sin la intervención internacional la masacre está asegurada.
La dinámica que han impuesto los terroristas del IS
consiste en un ataque sistemático y sin distinciones contra la población civil.
Esta es la verdadera situación que vivimos. Sin dramatismos ni exageraciones.
Aunque revisten sus acciones como parte de la guerra santa para instaurar un
nuevo Califato, la realidad es que usan la religión como instrumento del
terror. No es una guerra contra los cristianos, ni tampoco una entre sunitas y
chiítas. Es una guerra del terrorismo internacional contra todos. Son
especialmente crueles. Atacan hospitales, ejecutan familias enteras. Realizan
crímenes masivos que filman y distribuyen por las redes. La propaganda de sus
horrores les hace más fuertes.
Los integrantes del IS son en su mayoría
mercenarios. Han venido de todos los países a engrosar sus filas: Arabia,
Australia, Alemania, Inglaterra... también España. Recientemente recibí la
información de que dos mujeres con pasaporte español habían sido detenidas en
la frontera con Siria. Aunque el banderín de enganche es la yihad (la guerra
santa) una vez en combate lo que más les atrae es el dinero y, en un país como
Irak donde no funcionan los bancos y todos los pagos son en metálico, la toma
de ciudades les permite engrosar sus ganancias y repartir sus botines.
El botín de Mosul
Es el caso de Mosul, una ciudad con más de dos
millones de habitantes, que está bajo su poder. Allí se han apoderado de ingentes
cantidades de dinero (se habla de cientos de millones de dólares) que han
utilizado para la compra de material de guerra y suministros. Aún sigue siendo
un misterio cómo y de dónde consiguen el apoyo que reciben: armamentos,
víveres, información... Con dinero se obtiene casi todo, pero ellos han contado
con apoyo logístico y militar desde el principio. Al Qaeda estuvo en el origen
de este grupo, pero ahora la organización madre les ha repudiado y los
terroristas del IS actúan aparentemente por si solos, no respondiendo a otras
órdenes y estrategia que a los de su propia organización.
Tienen un único fin: provocar el pánico y vencer,
anulando, cualquier resistencia. Hasta ahora lo han conseguido y si no llega
pronto más ayuda internacional (tanto militar como humanitaria) seguirán
avanzando y extenderán el conflicto hasta Irán. Este es su objetivo, y sería
terrible. La guerra sería total y la crisis humanitaria alcanzaría niveles
hasta ahora desconocidos.
Aquí, en Erbil, se agradece la intervención de EEUU
y la ayuda que prestan Francia e Inglaterra. España también debería intervenir
con ayuda humanitaria. Al no poder actuar las ONG tiene que ser a través del
Gobierno y de la Unión Europea. No tenemos mucho tiempo. Es cuestión de
semanas. Nosotros ya tenemos preparados diversos planes de evacuación. Todo el
personal occidental sabe que es objetivo principal de las milicias del IS.
Nuestra captura puede ser utilizada tanto para la obtención de un rescate o como
propaganda suya para mostrar cómo se realiza el exterminio de infieles. Sabemos
que tienen informadores y terroristas dentro de la ciudad. Existe la alerta de
inminentes atentados con coches bomba en puntos estratégicos de Erbil. Esto ha
sido lo que ha precipitado la evacuación de personal diplomático y de grandes
empresas. Se piensa que los atentados están destinados a bloquear la capacidad
de respuesta de la ciudad. Mi intención es permanecer en Erbil hasta el último
momento. Pero sé que cuando me vaya, detrás de mí siempre quedarán los niños.
La transcripción y la edición del relato del médico
Juan Luis Ney Sotomayor han sido realizadas por Javier Castro-Villacañas.


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