BOGOTÁ, Colombia (27 Agosto 2014).- El temible ex jefe de sicarios del fallecido
capo del narcotráfico Pablo Escobar recobró el martes la libertad tras
permanecer encarcelado más de 22 años por cargos relacionados con homicidios,
secuestros y concierto para delinquir, se informó oficialmente.
Fuertemente custodiado, Jhon Jairo Velásquez
Vásquez, alias “Popeye”, abandonó en horas de la noche el penal de alta
seguridad del municipio de Cómbita, en el departamento de Boyacá, unos 150
kilómetros al noreste de Bogotá, informó la oficina de prensa del instituto
carcelario del país.
Un juez de la capital boyacense había ordenado el
viernes pasado la liberación del que fue uno de los principales colaboradores
de Escobar, antes de cumplir los 26 años que se le impusieron luego de
confesar, entre otros crímenes, su participación en el asesinato del candidato
presidencial Luis Carlos Galán, quien murió baleado el 18 de agosto de 1989
mientras asistía a un acto de campaña en Soacha, una localidad aledaña a
Bogotá.
Tras 25 años, las autoridades colombianas intentan
esclarecer los detalles de este magnicidio, que se le atribuye a una asociación
delictiva entre los líderes narcotraficantes del ya desaparecido Cartel de
Medellín, grupos paramilitares, mafias políticas y miembros corruptos de la
fuerza pública.
Velásquez, recluido por segunda vez desde el 8 de
octubre de 1992, completó una buena parte de su condena y tuvo buen
comportamiento, lo que según las leyes colombianas le permite beneficiarse de
la libertad condicional, atada al pago de una fianza de 9 millones de pesos (o
4.657 dólares) y a un período de prueba de excelente conducta.
Popeye tendrá que reportarse constantemente a las
autoridades y no podrá salir del país antes de cumplir la totalidad de la pena.
“En Colombia no hay penas irredimibles ni hay
castigos como la cadena perpetua… Si esa fue la pena que le impusieron (a
Popeye), la cumplió físicamente en gran parte y redimió pena por trabajo y
estudio, no se puede hacer nada diferente a otorgarle la libertad”, observó por
teléfono a The Associated Press Guillermo Mendoza Diago, ex fiscal general de
Colombia.
Paradójicamente, Velásquez, de 52 años, no sabe si
celebrar o temer su liberación. A lo largo del tiempo, y luego de varias
confesiones ante la justicia, ha sumado varios enemigos que podrían querer
cobrarle el hecho de haberles dejado en evidencia ante la justicia y la opinión
pública.
En una entrevista con la revista mexicana Proceso en
febrero de 2013 Popeye calculó tener un 80% de posibilidades de que lo mataran
apenas saliera de la cárcel.
Pero en opinión de Mendoza Diago, las autoridades
tienen que responder por la seguridad del temido sicario porque, según las
leyes, “el Estado tiene que responder por la vida, la honra y los bienes de
todos los ciudadanos… Eso no tiene punto medio: hay que garantizarle (a Popeye)
su seguridad”.
La trayectoria de Velásquez es tenebrosa. En su
haber delictivo hay registrados unos 300 asesinatos, por mano propia, y la
coordinación de otros 3.000, según ha reconocido en diferentes entrevistas.
Corría entonces la década de 1980 cuando Escobar
declaró una guerra sin tregua al Estado y a todos aquellos que amenazaban con
extraditar a Estados Unidos a los máximos líderes del narcotráfico. Uno de los
políticos que promovió esa política fue Galán.
Por encargo del propio Escobar, a quien dijo haber
conocido en 1980, Popeye disparó o coordinó las emboscadas contra diferentes
líderes colombianos que le resultaban incómodos al jefe del Cartel de Medellín,
abatido por la policía en 1993. A su paso cayeron caciques políticos,
magistrados, periodistas y miembros de la fuerza pública.
Velásquez encabezó el secuestro y posterior
asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos en 1988. Ese mismo año tuvo
secuestrado una semana al ex presidente Andrés Pastrana (1998-2002), entonces
director de un noticiero de televisión. El periodista era hijo del ex
presidente Misael Pastrana Borrero (1970-1974), líder natural del conservatismo
colombiano.
“La verdad es que Popeye a mí me pidió perdón, hubo
reconciliación y hubo perdón por parte de él; él nos pidió perdón a mí y a mi
familia”, declaró Pastrana por teléfono a la AP.
A Popeye también se le responsabiliza de planear la
explosión en pleno vuelo del vuelo 203 de Avianca en 1989. El Cartel de
Medellín dio la orden de volarlo porque creía que a bordo viajaba César
Gaviria, para entonces candidato presidencial y sucesor de las ideas de Galán.
Velásquez nació en Yarumal, un pueblo cercano a
Medellín, ciudad a la cual se trasladó años después y donde contactó a hombres
cercanos a Escobar.
Con sólo 18 años recibió los primeros “contratos”
por parte del Cartel de Medellín, según narró en una entrevista con la revista
bogotana Bocas.
El general de la policía Carlos Mena, quien de joven
persiguió en Medellín a Escobar y a sus secuaces, lamentó la liberación de
Popeye. Consideró inaudito que este “sicario” con decenas de homicidios encima
haya recibido una pena de prisión tan corta.
Por su parte, el senador Juan Manuel Galán, el hijo
mayor del asesinado Luis Carlos Galán, no quiso alinearse claramente a favor o
en contra de la liberación de Velásquez y se limitó a decir que “Popeye fue
condenado por el asesinato de mi papá gracias a su propia confesión. Si él no
hubiera confesado ante la justicia, seguramente ésta habría tenido dificultades
en procesarlo y condenarlo”.
En entrevista telefónica con la AP, Galán hijo
recordó que Popeye fue un testigo clave para que, en septiembre de 2011, las
autoridades judiciales condenaran al ex ministro y ex senador Alberto
Santofimio Botero como instigador del asesinato de su padre.


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