CARDIFF (12 Agosto 2014).- El Real Madrid arrancó la noche del martes la temporada como finalizó la anterior, entre confeti y espuma, en esa
dulce embriaguez donde le colocó el cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa. La
Supercopa fue suya para seguir avanzando en 2014 a golpe de títulos. Un equipo
que crece en posibilidades, inundado de talento. Porque la victoria ante el
Sevilla no sólo deja el primer trofeo del curso, sino que anuncia un futuro
delicioso para el Madrid si progresa por la ruta que ayer comenzó a dibujar.
Toni Kroos llegó hace una semana a Valdebebas, calzó
sus botas y se puso a entrenar por primera vez con el Real Madrid. Serio, callado,
sin tiempo para hacer amigos aún, sólo para trabajar. Tenía una misión, ser el
faro de su nuevo equipo en su estreno oficial, nada más y nada menos que en una
final, en esta Supercopa tempranera. Anoche el alemán, sin despeinarse,
estricto, gritaba 'pass' y 'Luka' con una autoridad impropia en un chico recién
aterrizado en la oficina. Los blancos se movieron a su ritmo en este exigente
descorche de temporada, entre la fiesta de verano y el compromiso serio porque
en la banda brillaba una copa.
Carlo Ancelotti dibujó un nuevo Madrid con los
mimbres de caviar que le han puesto sobre la mesa. El sistema 4-3-3 del pasado
curso ha evolucionado a un 4-2-1-3 que enriquece todavía más el poderoso ataque
madridista. En la medular, Kroos hizo de Xabi Alonso con las piernas rápidas de
Luka Modric, en una simbiosis estupenda para un organizador. El Sevilla ponía
sus redes sobre James Rodríguez, la otra figura debutante, sin saber cerrar las
líneas de pase al ex del Bayern, fresco en la salida de balón y decidido al
lanzar el ataque. Ni Carriço ni Krychowiak, preocupado por Modric, frenaban al
motor germano.
A su ritmo fue abrazando el partido el Madrid ante
un Sevilla fiero en defensa, sustentado por la altura de Fazio y las manos
rápidas de Beto. Arriba sólo las acometidas de Bacca y los pellizcos de arte de
Denis Suárez ponían en tensión a la zaga blanca, más perjudicada por los fallos
propios que por los golpes ajenos. El plan de Emery era la resistencia y la
carrera, sus únicas vías reales para plantar cara a este Madrid barnizado en
diamantes.
Los
recursos ilimitados del campeón
Los recursos del campeón de Europa son ilimitados y
aunque la dinámica del juego debe coger todavía temperatura, su artillería es
atronadora. No hay una plantilla en el mundo con tanta variedad de clase, con
tanto gol. Peligro puro, talento eléctrico. Un descuido y llega un ataque al
corazón para la defensa rival. James, errático en sus primeros minutos, colocó
un balón excelso desde la izquierda para el primer remate peligroso del Madrid,
en escorzo de Bale. Al instante, tras un cambio de orientación de libro de
Kroos (desde 30 metros, con escuadra y cartabón), Benzema controló y asistió a
Cristiano, rápido como un rayo para girarse y encarar a Beto. Le falló la
puntería. Se quedó con mala cara el portugués. No es lo suyo desperdiciar algo
así. Ya planeaba su revancha personal.
La estrella del Madrid volvió a exhibir buenas
piernas, velocidad y su potencia de siempre, esa capacidad única de sacudida
que tiene sobre el campo. Él armó la contra letal del primer gol, tras una
pérdida del Sevilla. Descargó con vista hacia James, con metros en el medio
para organizar la salida. Corría Bale entonces a banda cambiada y Cristiano, el
principio y fin, irrumpía con rabia en el segundo palo. Gol y derechazo al
estómago del Sevilla, poco hasta entonces y disuelto al verse por detrás en el
marcador.
Su única oportunidad llegó de un lío imprevisto
organizado por James al despejar de mala manera un balón junto a la línea de
fondo de su portería. Pepe y Ramos no se entendieron y permitieron el remate
franco de Carriço. Apareció entonces Iker Casillas, dominante en esa acción,
justo lo que necesitaba para templar angustias. Sólo los despistes blancos, a
veces por exceso de sangre fría, como Carvajal, daban aire a un Sevilla que ya
le caía la gotita de sudor por la sien. Gareth Bale, en su primera cabalgada
hacia el marco de Beto, soltó la zurda al cuerpo de Fazio, el mejor muro
andaluz.
Cristiano
sale en estampida
El Madrid en la segunda parte no dio tiempo a que su
rival se recompusiera. Al contrario, ganó todavía algún metro más hacia el área
roja, ahora animado además por los espacios que empezaba a dejar entre líneas
el Sevilla. No perdona el campeón de Europa, este bloque de atletas, como
definió cínicamente Pep Guardiola antes de recibir un histórico 5-0. Huele el
Madrid la sangre y corre como el diablo hacia el gol. Así recuperó otra vez
Cristiano, incansable, rápido para Benzema, que sigue bailando el vals como
nadie. Su pase otra vez al portugués acabó con un chut salvaje con la zurda
para doblar las manos de Beto en el 2-.0.
Bacca trotaba a lo loco entre Ramos y Pepe y tampoco
Aspas ni Reyes, lanzados a la desesperada por Emery, aceleraron el pulso
sevillista. Con medio título el zurrón, el Madrid enlazaba contragolpes sin
puntería para cerrar la noche del todo. No lo necesitó. La Supercopa estaba
bien amarrada.
Por
JAIME RODRIGUEZ/ElMundo


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