LA CORUÑA (20 Septiembre 2014).- Se puso el gabán el
Madrid porque el sábado coruñés invitaba a café caliente y vistazo al Atlántico
desde una cristalera. Abrigado y elegante, norteño, fue construyendo su goleada
con más calma de la esperada, a pesar de las angustias ligueras de septiembre.
Sus dos derrotas consecutivas le situaban en una delicadísima situación, con el
cole recién comenzado.
Tampoco Riazor aparecía como la mejor plaza para
despejar angustias, estadio trampa durante casi 20 años. Pero en La Coruña las
cosas han cambiado y al escudo le queda grandeza pasada y sudores presentes.
Cuesta encontrar en la grada camisetas de jugadores del momento, porque la
afición sigue prendida a aquella edad dorada que puso a volar al equipo. Pesa
la lógica nostalgia, agarrados a las zamarras anchonas de Umbro, con Feiraco en
el pecho y el 10 de Fran a la espalda que ayer todavía se veían.
Este Madrid no miró por el retrovisor de las malas
rachas y se fue a por el partido con convicción y prudencia, sin el vértigo de
Anoeta, escarmentado seguramente. Dejaba hacer al Deportivo en los primeros
minutos, empalagado de balón. Bien colocado, al bloque de Víctor Fernández el
falta empuje arriba, con apenas unos caracoleos de Fariña por la banda como
gran amenaza a la zaga de Sergio Ramos. Pecaban hasta de inocencia en los
córners, el gran drama blanco. ¡Uno lo sacaron en corto! Y con tanta torpeza
que provocaron la contra del rival, a punto de adelantarse en tan generoso
regalo local.
El Madrid esperaba en defensa y amasaba la jugada en
ataque, sin prisas, dejando que los laterales se incorporaran y que Benzema
bajara al centro a combinar con James. Mandaba Kroos y se aturullaba Modric,
algo espeso. Le bastaba al grupo de Ancelotti para ir aguantando seguro, sin
cabecear a pesar de la hora de Vuelta de ciclista del partido. En un tricotar
de Benzema en la frontal del área, entre el chut y el pase, la pelota cayó a
los pies de Bale, sin tino para batir a Lux, tan hábil para tapar huecos ahí
como calamitoso poco después.
El Deportivo, que seguía en pie sin grandes sustos,
pasó en un pestañeo a verse 0-3 en el marcador. Ni vio asomar los golpes. El
primero llegó desde la derecha, donde Arbeloa apareció con carril y entusiasmo.
De regreso al equipo titular, el lateral se ganó planos en los resúmenes de hoy
gracias a un pase mucho más efectivo de lo que él pensaba cuando salió de su
bota. Alto y bombeado, playero, el centro fue hacia la zona de influencia de
Cristiano, que es casi cualquiera del centro del campo hasta la línea de fondo.
Saltó a por el satélite de Arbeloa con más fe que toda la defensa blanquiazul y
un pase funcionarial acabó en asistencia de gol. El poderoso giro de cuello del
portugués pintó una parábola imposible para Lux.
Golazo
de James
Apenas cinco minutos después, James Rodríguez se
quitó una buena carga de presión y malas caras con una acción para su book
personal, como los goles del Mundial con los que se ganó el fichaje por el
Madrid. Se olvidó de la timidez que a veces le frena en la mediapunta, más
pendiente del compañero que de la línea recta, al del desborde que el talento y
sus pantorrillas gruesas permiten. No necesitó correr demasiado para firmar su
mejor tanto desde que llegó a España. Recibió en al frontal y en dos pasos se
orientó para su zurda. El balón despegó letal hacia la escuadra izquierda de
Lux en estético recorrido.
0-2 y el Deportivo con cara de aquí qué ha pasado.
Su desconcierto pasó a resacó un suspiro después, cuando Cristiano recogió el
balón a 40 metros y la embocó sin portero. ¿Qué por qué no había nadie bajo
palos? Porque Lux salió del área atolondrado a cortar una jugada de Benzema,
cuando nadie le había llamado a tal función. El portugués aprovechó el regalo
para mandar a su equipo a tomar el té con media tarde en el bolsillo.
Eran ya tres goles de ventaja, uno más que en
Anoeta, antes del desastre, pero tiene este Madrid post Décima un puntito de masoquismo
que debería ir mirándose por la salud de sus aficionados. Unas manos de Ramos y
un balón perdido en el área pequeña por Casillas (al que habían hecho falta)
dieron un gol y muchas ganas de revolución a Riazor, donde el Madrid siempre
provoca una excitación especial.
Más
control con Illarramendi
Ancelotti estuvo rápido y soltó a Illarramendi en el
campo, por Benzema, para frenar el amago de reacción deportivista. Frenada la
levantisca, el Madrid se pegó una mariscada a media tarde. Primero Bale, en dos
entradas por la banda izquierda, hizo su doblete, en remates similares, a pase
de Marcelo y después de Isco.
Cristiano no quiso desperdiciar las aperturas de la
defensa gallega, vio a tiro su hat trick y lanzó el cañón de su zurda. Sólo
quedaba Chicharito para unirse al atracón, con sus primeros goles como
madridista. Primero de zurdazo espectacular a la escuadra, tan vistoso como su
segundo gol, cuyo disparo a media altura pegó en un defensor e hizo una
parábola imposible para un Lux que no pudo hacer nada pero sí que hizo brotar
el apabullante 2-8 en un marcador vocero de malas noticias para los blancos
durante muchísimos años.
Por JAIME RODRÍGUEZ/El Mundo


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