MOTEGI (12 Octubre 2014).- Por una vez la cabeza de
Marc Márquez se impuso a su corazón rebelde, valía la pena. En un tremendo y
novedoso ejercicio de sangre fría, el español logró el segundo título mundial
de MotoGP de su carrera al terminar segundo en Motegi.
Prácticamente
eran las únicas cuentas que le daban el trono sin ganar la carrera a falta de
tres pruebas, por detrás del vencedor Jorge Lorenzo y por delante de Valentino
Rossi (3º) y Dani Pedrosa (4º).
A sus 21 años, es el cuarto entorchado mundial de su
breve pero intensa carrera, todos en los últimos cinco años, y en ninguna de
las tres anteriores ocasiones había logrado cerrarlo en su primer 'match ball'.
Pero su precoz leyenda se va completando con todo tipo de situaciones. Esta vez
se escribió el original capítulo de la inteligencia, sabiendo contener su
ímpetu, yendo de menos a más tras otra mala salida. Y consiguiendo el objetivo,
que Honda, por primera vez en su historia, celebrara un título mundial en su
propio circuito. También era inédito que un español ganara dos coronas
consecutivas de la máxima categoría.
A punto estuvo de arruinarse todo en la salida.
Marc, que partía desde la cuarta plaza, se tocó en la primera curva con
Lorenzo, en esa guerra de nervios y apuros que se convierten los amaneceres. Se
contuvo el de Repsol Honda, aunque eso le costara descender hasta la sexta
plaza, mientras Rossi ya tiraba con todo desde la cabeza.
El
último reto, ganar en casa de Honda
El escenario a priori no era demasiado favorable
para el de Cervera. Las dos Yamahas por delante, con las Ducati de Dovizioso y
Iannone poniendo tierra de por medio con las dos Hondas oficiales, quinta y
sexta. Respiró profundo y pronto Márquez dio el primer paso hacia su propósito
engullendo al siempre incómodo Andrea Iannone y alcanzando en un suspiro al
trío de cabeza.
El ritmo ya en esos primeros compases era demoledor,
en una carrera en la que todos los gallos estuvieron al 100%. Pronto Lorenzo se
lanzó agresivo a por la cabeza, pasando sin miramientos a su compañero de
equipo en una arriesgada maniobra. Al poco, Marc hizo lo propio con el poleman
Dovizioso, con lo que ya estaba a sólo un escalón de la gloria y todavía
restaban 16 vueltas.
El momento crítico, la siempre feroz tarea de
sobrepasar a Rossi, Marc lo trató con mimo. Era consciente de que no podía
volver a fallar, tras las dos caídas en los precedentes de Misano y Alcañiz. Se
lo tomó con calma, aunque eso supusiera la escapada hacia la victoria, segunda
consecutiva tras una preocupante sequía, de un Lorenzo que alcanzó su cénit
demasiado tarde.
Empezó a presionar poco a poco a Rossi. Estaba en
esos momentos a un punto, a una plaza, a un adelantamiento del título. Calculó
mentalmente la batalla durante unas vueltas, estudió al italiano para que el
instante de la verdad no fuera tan tenso y crítico (y espectacular) como otras
veces.
El
ataque final
Fue a falta de 10 giros, mientras Pedrosa iba
llegando desde atrás, cuando Márquez lo intentó por vez primera. Ahí logró
devolverle la jugada Rossi, pero una vuelta después ya no tendría ocasión.
Entonces fue un adelantamiento histórico, el que le daba su segunda corona, el
que ampliaba esta leyenda que amenaza con ser eterna.
Ya hasta el final poco pudo hacer Rossi. No iba a
cambiar el escenario, con Lorenzo sin apuros a por su botín, por segundo año
consecutivo en territorio enemigo. Y con Márquez paladeando bajo el casco ese
segundo puesto con sabor a Historia. Los deberes los había hecho ya hace mucho,
en ese fulgurante comienzo de temporada de 10 victorias seguidas. El abrazo con
su hermano Alex a pie de pista y los festejos 'samurais' dieron el pistoletazo
de salida a unas celebraciones que no se detendrán hasta la última carrera del
año en Cheste, aunque por el camino todavía tenga algunos récords que
pulverizar, como igualar las 12 victorias de Doohan en una sola temporada.
De momento, como hace un año en Valencia fue el más
joven campeón del mundo de la máxima categoría del motociclismo, en Motegi
superó al británico Mike Hailwood como el más precoz en conseguir sumar dos
consecutivos (21 años y 237 días). "No ha sido nada fácil, la presión
estaba ahí, aunque siempre me ría", acertó a decir en sus primeras
palabras como bicampeón.
Por
LUCAS SÁEZ-BRAVO/El Mundo


No hay comentarios.: