Dilma y Aceves, más de 142 millones de brasileños votan en la segunda vuelta por la presidencial
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RÍO DE JANEIRO, Brasil (26 Octubre 2014).- Ella es
un rostro medio enfadado sin ganas de cumplidos. Él, un abrazo y una sonrisa
perenne, un carisma magnético con el que intenta agradar a todo el mundo. La
presidenta desconfía de los políticos al uso y tiene dificultades para negociar
o conciliar posturas; su rival siempre hizo de su capacidad para crear alianzas
su gran virtud. Dilma Rousseff (66 años) llegó a la política desde la guerrilla
comunista; y Aécio Neves (54) fue educado en una saga de políticos para ser
presidente y ejercer como no pudo su abuelo, Tancredo, fallecido después de ser
elegido en 1985, poco antes de tomar posesión.
Los dos candidatos a la presidencia de Brasil llegan
a la jornada electoral de este domingo, donde más de 142 millones de electores
están llamados a las urnas, conscientes de que el país ha quedado profundamente
dividido tras una campaña de 'trapos sucios' estas dos últimas semanas y unos
ataques políticos muy radicalizados para tratar de arañar votos en las capas
sociales más indecisas. Los brasileños ya han comenzado a votar y tendrán que
elegir entre Dilma, que representa la continuidad de la izquierda y Neves el
giro a la derecha, aunque en un centro liberal -su partido, el PSDB, lleva la
socialdemocracia en el nombre-. En ella confían los más pobres y en él, los
mercados. Dilma quiere seguir controlando la economía y Neves disminuir el peso
del Estado para seducir a los inversores y reactivar la economía. La presidenta
se encuentra cómoda encerrada en su despacho; del rival son conocidas su
intensa vida nocturna y sus numerosas y atractivas conquistas femeninas.
Prácticamente opuestos en personalidad e ideología,
los dos candidatos se han parecido mucho durante esta encarnizada y convulsa
campaña electoral en lo que respecta al programa electoral -basado en ampliar
los programas sociales y mejorar los servicios públicos- y al método escogido
para la victoria. Ambos han optado por destruir al rival para ganar. A Dilma
Rousseff, la estrategia le sirvió en primera vuelta para derrotar a Marina
Silva, principal alternativa a la mandataria según las encuestas desde que
asumió la candidatura del PSB por el fallecimiento en agosto en accidente de
avión del presidenciable Eduardo Campos.
De las cenizas de Marina emergió Neves, menos
desgastado al haber quedado fuera del punto de mira de la poderosa maquinaria
electoral del Partido de los Trabajadores, que acabó reduciendo a una Marina
frágil enredada en sus propias contradicciones.
Neves pareció de la noche a la mañana preparado para
la batalla final y, al calor de su discurso de liderar «el movimiento del
cambio», ha aglutinado todos los apoyos posibles de cara a esta segunda vuelta,
incluidos el de Marina Silva, los inversores y los grandes medios de
comunicación de Brasil.
Los dos candidatos, ella de la izquierda y el liberal
En los últimos días de campaña, el escándalo de
corrupción de Petrobras ha acabado salpicando a Dilma Rousseff de manera
directa. La revista Veja aseguró, basándose en la declaración de un acusado, que
la presidenta estaba al tanto del desvío de dinero que se practicaba en la
petrolera estatal. Rousseff aseguró en el último debate televisivo que
demandaría a la publicación, que "no presentaba ninguna prueba" y la
acusó de "golpe electoral".
Su contrincante, en la línea de anteriores debates,
subrayó que "la mejor medida contra la corrupción es sacar al PT del
poder", y de nuevo se intentó distanciar de las cargas ideológicas del
partido al defender "un Brasil de todos" en su discurso final. Dilma
insistió en las conquistas sociales y la reducción de la pobreza en los últimos
años.
Intereses
económicos antagónicos
En las elecciones de hoy se elige también una
posición de Brasil en el mundo. Para Dilma, la prioridad son los BRICS -Brasil,
Rusia, India, China y Sudáfrica- y la región sudamericana, con contactos más
estrechos con los regímenes bolivarianos. Neves quiere limar las asperezas con
Estados Unidos y convertirlo, junto a la Unión Europea, en el principal socio
comercial y político del país. Más cercano al PP de Rajoy e incluso al PSOE que
Rousseff, seguramente Neves potenciaría aún más las ya intensas relaciones
comerciales con España.
A la final se llega con una Rousseff fuerte (54%
contra 46% en las últimas encuestas), que se ha sobrepuesto a la voluntad de
cambio que tomó las calles en las históricas protestas de junio de 2013. Su
frialdad imperturbable le ha valido para llegar a esta cita como favorita tan
sólo tres meses después de que en los estadios del país le recibieran pitidos e
insultos generalizados de los espectadores del Mundial.
Biografías
opuestas
Hija de un emigrante búlgaro que también fue
comunista y criada en una escuela de monjas en una familia de clase media-alta,
Rousseff se implicó desde muy joven en la guerrilla izquierdista como oposición
a la dictadura militar. Los 20 días de torturas y dos años de prisión que pasó
durante aquellos años quedarían grabados a fuego en su memoria y, cuentan los
más próximos, ayudaron a moldear una personalidad hermética que pocos conocen
de verdad. Aislada y casi sin aliados incluso en su Partido de los Trabajadores,
Dilma asegura que es "una mujer dura rodeada de hombres blandos",
cuando le preguntan por su dureza, que usó para quitarse de encima a varios
ministros corruptos en sus primeros dos años de gobierno. Incluso Lula, su
padrino en las elecciones de 2010 e importante apoyo camino a la reelección, ha
sido crítico con su intransigencia al diálogo político.
Neves es la imagen de la élite política en la que se
crió. Con 21 años dejó el Río de Janeiro de su adolescencia de surfero para
trabajar junto a su abuelo, Tancredo Neves, político clave de la
redemocratización que tiempo después sería elegido presidente del país aunque
falleció de cáncer antes de tomar posesión. Con 27 años, empezó su carrera como
diputado, cargo que ocupó durante 16 años, en el que empezó a fraguar su
reputación de conciliador que tanto echa en falta Dilma.
Gobernador de su Minas Gerais natal entre 2003 y
2010, Aécio siempre defendió que ser un soltero que ligaba con jóvenes bellezas
en discotecas no era incompatible con la vida política. Pero ahora se ha
centrado junto a la modelo Leticia Weber, con la que ha tenido gemelos este
mismo año. Su hija mayor, de 22 años, fruto de su primer matrimonio, se ha
implicado en la campaña reforzando su imagen de padrazo, aunque sin borrar un pasado
de 'bon vivant'. Lo que parece más difícil es que su labia y su atractivo le
sirvan también para seducir al elector indeciso, que según las encuestas
prefiere a la gestora malhumorada e intervencionista que al simpático galán
liberal.
Por
GERMAN ARANDA/El Mundo



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