LONDRES (19 Octubre 2014).- La victoria del
Liverpool contra el Queens Park Rangers fue el reflejo de lo mejor y de lo peor
de los de Brendan Rodgers. Raheem Sterling, facilitador del gol en propia meta
de la victoria, es el único destello en el ataque de los reds desde la marcha
de Suárez y la ausencia de Sturridge por lesión. Mario Balotelli continúa
siendo un cabo suelto que no ha logrado anotar en liga. Un equipo sin el empuje
ofensivo de la temporada pasada y que sigue sufriendo lagunas defensivas que
pueden revelarse una pesadilla cuando reciba al Real Madrid en Anfield.
El
“Agujero” Suárez
Balotelli ha acumulado una octava jornada sin ver
portería en la Premier. En Loftus Road erró un balón muerto a puerta vacía en
la segunda parte. Pero la ausencia de Suárez no sólo se deja notar en su
sustituto en el ataque. El hambre de uruguayo contagiaba a sus compañeros en tareas
ofensivas. Sterling maduró a marchas forzadas junto a él. El joven inglés fue
el más ambicioso de su equipo en Loftus Road pero le faltó ese socio insaciable
con el que fulminaba a las defensas rivales. La ausencia de Sturridge por
lesión desde el parón internacional de septiembre acentúa aún más la agonía
atacate del Liverpool. Será difícil que esta temporada superen la barrera de
los 100 goles que Suárez ayudó a traspasar con sus 31 dianas.
Resaca
Europea
Mourinho se encargó de recordarlo esta semana en un
entrevista con el ex jugador Gary Neville en el Telegraph. "La pasada
temporada sentí que el país quería que el Liverpool ganase la liga. También la
prensa. Nadie decía que estaban en una situación privilegiada porque no jugaban
la Champions League". El Liverpool ha regresado a la deseada competición
europea tras una travesía en el desierto que se ha prolongado desde la
temporada 2009-2010, la última de Rafa Benítez al frente del equipo. Y se ha
resentido física y mentalmente de los compromisos a mitad de semana. De momento
ha encadenado una victoria sufrida contra el Ludogorets y una derrota contra el
Basilea que vino a confirmar que la exigencia continental es un terreno
desconocido para Brendan Rodgers y gran parte de sus pupilos.
Defensa
Inquietante
Los goles de Suárez y sus compinches en ataque
ayudaron a maquillar la vulnerabilidad defensiva de los 'reds' la temporada
pasada. Un espíritu kamikaze sintetizado el pasado mayo en el célebre empate
por 3-3 contra el Crystal Palace que neutralizó tres goles de ventaja del
Liverpool y aniquiló sus esperanzas de conquistar el título de Premier. Brendan
Rodgers ha reforzado la zaga con Dejan Lovren, un solvente central procedente
del Southampton y pareja de Skrtel en defensa. Y se ha hecho con el talento
joven de dos carrileros españoles, Javier Manquillo y Alberto Moreno, con
espíritu ofensivo. Pero el Líverpool sigue sufriendo en su última línea,
también en jugadas a balón parado, y Mignolet no ofrece total confianza bajo
palos. El QPR, farolillo rojo de la Premier, puso a la defensa red en más de
una ocasión contra las cuerdas, esta vez con José Enrique y Glen Johnson en los
laterales. Una línea defensiva desordenada que quedó en evidencia en los dos
goles de los locales.
El
Síndrome Bale
El Liverpool ha desembolsado unos 145 millones de
euros en el mercado de fichajes, en gran parte financiados con el traspaso de
Suárez al Barcelona. Una inversión que sirvió para incorporar a jugadores como
Lallana, Markovic, Balotelli, Lovren, Alberto Moreno, Lambert y Emre Can.
Lallana, por 30 millones de euros, fue la operación más abultada. Las
comparaciones han sido inevitables con el síndrome post Bale que padeció el
Tottenham la temporada pasada. Nadie discute el talento de Lallana, pero una de
las grandes promesas del fútbol inglés no es mejor jugador que Coutinho, autor
del segundo gol de los reds después comenzar el cruce en el banquillo. Nuevos
efectivos sin el tiempo de maduración necesario para acoplarse al equipo. Con
escaso margen de error en una campaña en la que al Liverpool se le exige, como
mínimo, volver a pelear por el título. Y también un periplo digno en su vuelta
a la élite europea. De momento peligran ambos objetivos.
Por
BEOGÑA PÉREZ/El Mundo.es


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