NUEVA YORK (18 Noviembre 2014).- Un juez de la Corte Suprema de Justicia de
El Bronx emitió una sentencia de libertad condicional este lunes contra al
exasambleísta dominicano Nelson Castro por las tres acusaciones de perjurio que todavía
tenía pendiente en su contra, en un caso que destapó una olla de corrupción
política en Albany.
El juez Steven Barret dijo que la sentencia era
apropiada teniendo en cuenta la cooperación del acusado con las autoridades
federales y porque con la ayuda de Castro la Fiscalía de El Bronx pudo
“resolver crímenes mayores” que aquellos cometidos por el acusado.
Castro ya había sido enjuiciado y sentenciado a 250
horas de servicio comunitario y dos años de probatoria el pasado 11 de
septiembre.
Con la sentencia de este lunes se cierra una
historia turbulenta de seis años en los que Castro ayudó a oficiales federales
a enjuiciar por corrupción al exasambleísta Eric Stevenson (D-Bronx) y otros
cuatro políticos mientras secretamente trabajaba como informante desde Albany,
pero todo cambió cuando fue acusado de mentirle a los fiscales con relación a
una entrevista dada a la prensa.
Los problemas legales de Castro comenzaron en el
2008 cuando fue detenido por fiscales de El Bronx bajo cargos de perjurio.
Eventualmente se convirtió en testigo del gobierno como parte de un acuerdo de
cooperación para no ser enjuiciado.
Castro incluso uso micrófonos escondidos
para poner en evidencia a los políticos corruptos.
Sin embargo, en agosto del 2013 Castro se declaró
culpable de mentir a los investigadores federales tras asegurar que no había
hablado con un reportero para un artículo publicado el mes anterior.
La acusación rompió el acuerdo de cooperación
y al día siguiente también se declaró culpable de los cargos de perjurio del
2008 que este lunes fueron castigados con la sentencia de libertad condicional.
Castro quien renunció a la Asamblea en abril del
2013, había manifestado su intención de lanzarse como candidato para la oficina
otra vez, pero debido a su record criminal no podrá volver a aspirar nunca más
a una posición como oficial electo.
Por
ALEXANDRA OCHOA/Edlp


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