NUEVA YORK (28 Enero 2015).- La ciudad amaneció este
miércoles cubierta de nieve –menos de la que se esperaba—, pero eso no intimidó
a los miles de neoyorquinos que trataron de llegar a su trabajo y seguir su
rutina diaria. Sin embargo, la lenta puesta en circulación del servicio
público, clausurado preventivamente la noche anterior, dio al paisaje urbano un
ritmo de domingo, como pudo verificar El Diario en una recorrido por los
barrios.
Las primeras horas del día lucieron solitarias en el
área comercial de Southern Boulevard, Hunts Point, una de las más activas y
concurridas de El Bronx. Otros vecindarios comerciales, como Hunts Point y
Fordham Heights, mostraban también las cortinas bajas cerca del mediodía.
Autobuses y trenes corrían con grandes demoras. “Fue
una pesadilla esta mañana para llegar al trabajo. Tuve que caminar porque no
había trenes”, contó la ecuatoriana Magdalena Gómez (43), empleada de una
panadería.
Gómez caminó desde la estación 6 de la avenida Elder
hasta la de Hunts Point. Son unos 10 minutos en metro, pero esta madre de tres
niños tardó unos 30 minutos caminando, debido a la acumulación de nieve en las
aceras.
La acumulación de nieve en el acceso de algunas
estaciones, como la de Hunts Point también causó molestia entre usuarios, que
provecharon para quejarse. “Las estaciones de El Bronx son las más descuidadas.
Es la hora que no pueden quitar la nieve y el exceso del agua”, expresó la
puertorriqueña Juanita Torres (61).
Trabajadores y dueños de negocios comentaron que el
alerta de tormentas produjo una caída de ventas. “El lunes, la preocupación era surtirse de
víveres por miedo a una mega tormenta invernal. Tuvimos muy buenos ingresos”,
dijo Francisco Morales (31), trabajador de un pequeño supermercado propiedad de
coreanos cerca de la avenida Westchester. “Hoy no hay nada de clientes. Las
ganancias de un día compensan las pérdidas del otro”.
En Queens, tres horas después de que se reanudara el
transporte público, le estación de la avenida Roosevelt parecía desolada. Pocas personas subían al 7
o bajaban a las otras tres líneas subterráneas. No era el usual hormiguero
humano con prisa de un martes a la mañana.
Tanto en la avenida Roosevelt como en la 37 más de
la mitad de las rejas estaban abajo. Marcos Narvaezzi, propietario del
restaurante peruano Lima Limón vio a las 9 a.m. en las noticias que las
autoridades de la ciudad dieron luz verde a la actividad, pero él no reversó su
decisión de cerrar. “Mis empleados me han escrito o llamado, pero yo les dije
que no abriríamos. Hoy hago vueltas bancarias y me pongo al día con la
contabilidad. Luego descanso. Mañana será otro día”.
Otros restaurantes de asados como “El Chivito de
Oro” abrieron, pero sus parrilleros estaban sentados. A las 2 p.m. atendían
tres meses. “Es un desastre. A esta hora deberían ser diez mesas” dijo el
parrillero.
Jorge Luis Ramírez (30) vendedor de rosas mexicano,
no bajó la guardia ni su ramillete. Usualmente, trabaja en Sunset Park y sobre
la Roosevelt, entre la 74 y la 100. “Yo no paro de vender y le pongo fe que voy
a vender mis existencias”, manifestó con una sonrisa.
Pero Dino Pacheco (45), un instructor de manejo
oriundo del Distrito Federal mexicano limpiaba con buen humor la nieve de su
camioneta blanca sobre la calle 79. Bromeaba con un vecino y le indicaba hacia
dónde arrojar las paladas de nieve. “Es una bendición porque descanso y me la
tomo suave. Un regalo de Dios que tengo que aprovechar”. Pacheco dijo que el
resto del día va a reprogramar por teléfono las clases con sus estudiantes.
John Rodríguez (52) director de cierres de Star, una
compañía de bienes raíces, también coordinó por teléfono e internet los pocos
asuntos pendientes con su equipo de trabajo. Casi al mediodía se iba a
encontrar en Astoria a almorzar y a ponerse al día con un viejo amigo. “Luego
vuelvo al apartamento con calma y me relajo”.
No todo fueron quejas
Muchos niños y adultos aprovecharon el cierre de
escuelas públicas y lugares de trabajo para pasar un buen rato al aire libre.
El Parque Comunitario Saint James, en Fordham Heights, estuvo repleto de
familias que disfrutaron de actividades en la nieve. “Hoy es como un día de
vacaciones”, describió la mexicana Nelly Echeverría. “Los niños están
fascinados haciendo muñecos y deslizándose en la nieve. Es como una tarde de domingo”.
Marcos Pagán (50), propietario de la lavandería
Wash-Up Laundromat sobre la avenida Montrose, Brooklyn, pensó que iba a
quedarse todo el día encerrado, pero
“mucha gente aprovechó el día libre en su trabajo para lavar la ropa. Yo
quería cerrar a las 6 p.m. pero me darán las 8 p.m., como es usual”, destacó.


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