Jordania ejecuta a Sayida Rishawi, la mujer kamizake del IS, junto a un miembro de Al Qaeda
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EL CAIRO (4 Febrero 2015).- El Gobierno de Jordania
ha cumplido su palabra, y después de recibir la noticia del asesinato del
piloto jordano secuestrado por el Estado Islámico, ha ejecutado en la horca
este miércoles a Sayida Rishawi, la terrorista miembro del grupo
fundamentalista encarcelada en el país.
Junto a ella, el Gobierno jordano ha ajusticiado a
Ziyad Karboli, un miembro iraquí de Al Qaeda que fue condenado a muerte en 2008
por matar a un jordano.
La historia de Rishawi ha dado la vuelta al mundo
estos días. Corría el 9 de noviembre de 2005. Sayida Rishawi, la preciada ficha
de canje del Estado Islámico cuya vida concluyó en la horca este miércoles,
había llegado unos días antes a Amán desde la vasta provincia iraquí de Anbar,
por aquel entonces un bastión de Al Qaeda. Hermana de "mártires"
yihadistas, tenía aquel día una misión que cumplir junto a su flamante marido:
saltar por los aires en el salón del Hotel Radisson SAS donde se celebraban los
fastos de una boda.
Los "kamikazes" -que habían contraído
matrimonio para no levantar sospechas-, se situaron en dos extremos de la
estancia. "¡Allahu Akbar!", gritó el cónyuge de Rishawi encaramado a
una mesa antes de descomponerse en mil pedazos. Ella también lo intentó pero no
acertó. Algo se le trastabilló en el cinturón de explosivos y decidió huir de
un paisaje mutilado por la pólvora. Con el artefacto adosado a su cuerpo y
oculto bajo un abrigo, cruzó una ciudad herida por los ataques simultáneos de
tres suicidas que segaron 60 vidas; dejaron secuelas a otras 90 y traumatizaron
a la sociedad jordana.
Ella, la única superviviente de la banda, se refugió
en la casa de un pariente lejano que ignoraba sus instintos asesinos. Su
escapada duró poco. Al Qaeda en Irak -la organización que la había enviado,
germen del IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés)- presumió de haber
usado a una de las primeras mujeres suicidas de su Historia sin saber de su
periplo. Al día siguiente, fue cazada por los servicios de inteligencia
jordanos. Pertrechada con la misma indumentaria que debía llevarla al paraíso
-cinturón incluido-, confesó en televisión su participación en los atentados.
En 2007 fue condenada a muerte. Autora viva del
ataque más mortífero de la historia reciente de Jordania, Rishawi ha
permanecido desde entonces hasta hoy en zona de sombras. Apocada, no solía
mezclarse con el resto de reclusas de la prisión de Juweidah. Mataba las horas
leyendo el Corán y viendo canales islámicos. No había recibido más visitas que
las de su abogado de oficio, que pidió durante el juicio "comprobar el
estado mental" de su clienta. Nunca, ni siquiera en aquel proceso que la
envío al cadalso, expresó el menor arrepentimiento. Su figura se había ido
desvaneciendo en los últimos años. Por eso sorprendió tanto que las huestes del
califato pronunciaran su nombre el pasado enero.
Tras la decapitación del primer rehén japonés Haruna
Yukawa, los yihadistas cambiaron de estrategia: se olvidaron del rescate de 200
millones de dólares que exigían y desempolvaron la liberación de Rishawi que
otros grupos yihadistas habían hecho suya en el pasado. En su nombre lanzaron
un ultimátum para salvar al reportero nipón Kenji Goto y el piloto jordano Muaz
Kasasbeh. El Gobierno jordano aceptó el trato pero pidió una prueba de vida del
militar caído en territorio hostil el 24 de diciembre. Nunca llegó porque el
piloto había sido quemado vivo el 3 de enero.
La divulgación del calvario de Muaz ha dictado la
condena definitiva de Rishawi, la que llevaba esperando desde hace ocho años.
Víctima de quienes la elevaron a heroína, es probable que a sus 44 años haya
dedicado las horas previas al patíbulo a recordar su desgraciada vida. Hija de
una tribu iraquí que la olvidó, fue la última de una saga familiar que malgastó
su existencia en las trincheras de su "yihad" (guerra santa).
Aquí su biografía: se casó por primera vez a los 30
años con un jordano que, militante de Al Qaeda, murió luchando contra los
estadounidense poco después de la invasión. El infierno iraquí le arrebató a
tres hermanos. Fue la pérdida del mayor -estrecho colaborador de Abu Musab al
Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak caído en un ataque aéreo estadounidense en
2006- la que terminó convenciéndola. Henchida de rabia, llamó a las puertas de
Al Qaeda y se ofreció a inmolarse en un salón de fiestas del Hotel Radisson SAS
de Amán. Casi una década después, este miércoles cumplió su deseo de morir.
Por
FRANCISCO CARRIÓN/El Mundo


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