KATMANDÚ (27 Abril 2015).- Las imágenes del vídeo permitían apreciar cómo miles
de personas se arremolinaban en el área de Pashupatinath para cremar los
cadáveres. Los gritos y sollozos de los deudos se entremezclaban con los
cánticos rituales. Durante siglos Pashupatinath -el equivalente en Nepal a lo
que sería la sagrada Varanasi en la India- ha sido escenario de las cremaciones
de los devotos del hinduismo.
El complejo, que integra más de medio millar de
recintos religiosos y monumentos -incluido el propio templo de Pashupatinath-,
considerado Patrimonio de la Humanidad desde 1979, sobrevivió al temblor con
cierta prestancia. Un enorme contraste con la devastación que arrasó por
ejemplo la famosa plaza de Durbar, en Katmandú, donde el 80% de monumentos
quedaron reducidos a escombros.
Los medios nepalíes aseguran que mucha gente
atribuye este hecho a la «protección divina» de Pashupati (Shiva en la
nomenclatura hindú).
Sin embargo, la multiplicación de las fumarolas a lo
largo del río Bagmati era una constatación de la enorme tragedia a la que se
enfrenta esta pequeña y pobre nación de 27,8 millones de habitantes. La radio
afirmó que los cuerpos se acumulaban en los depósitos del edificio religioso
dedicado a Shiva en Pashupati ante la carestía de madera para las piras
funerarias. «¡Baba Pashupati Nath Ki Jay! (¡Dios perdónanos!)», rezaban los
devotos intentando acogerse a la fe ante el cataclismo sufrido. Nepal
continuaba ayer bajo la conmoción del terremoto que azotó el país el sábado y
que ayer generó una réplica que alcanzó los 6,7 grados en la escala Richter.
«Se trata de una carrera contra el tiempo para rescatar a los que están
atrapados entre los escombros, ayudar a los heridos y apoyar a los
supervivientes», señaló Peter Walton, un alto cargo de la Cruz Roja
Internacional.
«Las operaciones de rescate continúan, pero la
lluvia está obstaculizando los esfuerzos, hay miles de personas durmiendo en la
calle», contaba a este diario Mark South, portavoz de Cruz Roja en Katmandú. La
población ha establecido campos de refugiados improvisados al raso en Katmandú,
repleta de tiendas de campaña o camas alineadas sobre el asfalto. La ayuda se
necesita de manera urgente y las ONGs trabajan a contrarreloj.
«Cruz Roja está distribuyendo ayuda -primeros
auxilios, equipos de búsqueda y asistencia a la población-, pero estamos
hablando de muchos miles de personas, y los suministros se están acabando muy
rápido», explicaba South. Lo más urgente «es lograr equipos médicos, comida,
agua y refugios de emergencia». Los hospitales en la capital «están
funcionando, pero al límite».
Las autoridades han declarado el estado de
emergencia en varias regiones del país, donde hospitales y morgues se
encuentras saturados ante la avalancha de víctimas. «Entre los muertos hay
muchos niños. Estamos sobrepasados por el número de pacientes», admitió el
doctor Pratab Narayan a la Dpa.
La cifra de víctimas sigue en aumento y ya supera
los 3.700 muertos y más de 6.000 heridos, sólo en Nepal. El seísmo afectó a
países del entorno como India, Bangladesh o China, donde también dejó un
balance de varias decenas de víctimas mortales. Estas cifras podrían
incrementarse de forma significativa porque se desconoce el daño que ocasionó
el terremoto en varias regiones nepalíes.
Los portavoces del Gobierno reconocen que tampoco
disponen de una evaluación aproximada de los daños que puede haber ocasionado
el suceso en su epicentro, la región de Gorkha, a unos 80 kilómetros al
noroeste de Katmandú. El movimiento telúrico ha destruido las carreteras que
llevan hacia esta zona y los equipos de rescate están avanzando a pie o usando
los pocos helicópteros disponibles.
La ONG World Vision ha alertado de que en Gorkha las
aldeas están «literalmente encaramadas en las laderas de las montañas. Son
simples construcciones de piedras y rocas. Muchas sólo son accesibles en
todoterreno o a pie. Hay aldeas cuyos habitantes tienen que andar horas y hasta
días para llegar a las carreteras principales».
Al mismo tiempo, miles de personas intentaban
abandonar el país congregándose en torno al aeropuerto capitalino -clausurado
por segunda vez durante algunas horas a consecuencia de las réplicas- formando
colas interminables.
Las mismas aglomeraciones se generaron en torno a
las gasolineras, un elemento básico no sólo para el transporte sino para
abastecer los generadores que constituyen la principal fuente de electricidad
de un país donde los cortes de corriente eran ya una norma en tiempos de
bonanza. «Hemos pedido ayuda y apoyo a nuestros amigos extranjeros. Afrontamos
estos tiempos oscuros, pero saldremos de ellos, cueste lo que cueste», señaló
el premier nepalí Sushil Koirala. La UE anunció que destinará tres millones de
euros para asistencia de urgencia.
Por
JAVIER ESPINOSA/El Mundo

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