HAMILTON GANA EN BAHREIN

SAKHIR (19 Abril 2015).- Cuando parecía que el rojo teñiría la última noche en el desierto de Bahrein, irrumpió arrollador, insuperable, el color plata con el que Lewis Hamilton sigue decorando cada pequeño rincón de este Mundial. Apenas un pequeño susto en la primera curva, con un amago de arañazo de Sebastian Vettel. Eso fue todo. El resto, otro paseo. El tercero en sus cuatro aventuras del campeonato. La euforia de Ferrari, que suspiró por el triunfo, la sostuvo esta vez Kimi Raikkonen, que aprovechó una salida de pista de Nico Rosberg en la penúltima vuelta para tomar el segundo peldaño del cajón. Su primer podio del curso. Un final de fiesta al que llegaron Fernando Alonso, undécimo, a un palmo de su primer punto, y Roberto Merhi, 17º. Con Carlos Sainz en el garaje por una tuerca mal ajustada.

Fue una tarde noche más plácida de lo que Hamilton debió pensar cuando vio aproximarse el alerón delantero de Vettel en el primer giro. Simples fuegos de artificio como los que acompañarían al final al líder del Mundial en el podio de Sakhir tras su segundo golpe consecutivo en el desierto. Lewis siempre tuvo la situación bajo control y, por si acaso, llegaron a adelantar su segunda parada ante la cara de asombro de Nico Rosberg, que había cambiado primero de gomas. No le tembló el pulso lo más mínimo al chico de oro de la Fórmula 1, que maneja cifras y maneras similares a las del curso anterior. Que amenaza con dar un portazo al campeonato en el verano.

Siempre pareció que sería Vettel -5º- quien trataría de poner cerco al despegue del bólido '44' de Mercedes. Pero no fue así. El alemán careció de la pegada y la pizarra de otras ocasiones e incluso le llegó a temblar el pulso cuando el podio parecía en el bolsillo. Antes de ser adelantado por tercera vez por Rosberg, ya en la vuelta 36, su Ferrari, presionado por el misil gris de su compatriota, se salió de la pista, dañando el alerón delantero. Seb no tenía más remedio que pasar por el garaje para arreglar su monoplaza, perdiendo sus opciones de subir a un cajón del que no había bajado en toda la temporada.

Sin embargo, fue Kimi Raikkonen, sigiloso e independiente sobre la pista, con el mismo estilo que despliega sobre el 'paddock', quien dio el último golpe. El finlandés cambió el paso con el resto de los favoritos, sacó sus gomas duras en la primera parada y alargó su viaje todo lo que pudo, sin nada que envidiar con sus registros a los de arriba, todos con blandos. Aguantó sobre el exigente asfalto con el calzado más rocoso hasta que, ya en la vuelta 42, se lanzó con sus neumáticos más veloces en busca de la cabeza. Decidido a ser el rey de la noche. Su Ferrari terminó acosando al Mercedes de Rosberg de tal manera que el alemán cometió un error en la penúltima vuelta y entregó su segunda plaza.

Para el recuerdo, el baño de chispas de la vuelta 16, cuando Nico Rosberg, en pleno éxtasis, se abalanzó sobre Vettel para aprovechar por segunda vez el interior de la primera curva y a colocar su Mercedes por delante del Ferrari gracias al DRS. Se quedó sin resuello el monoplaza rojo, aturdido por el zarpazo de su compatriota, aunque el mayor sobresalto fue para Lewis Hamilton, que trataba de incorporarse a pista en ese momento tras cambiar de gomas. Fue el fogonazo de una noche en la que Hamilton sofocó lo que apuntaba a rebelión.

Alonso roza los puntos

Fernando Alonso fue yendo y viniendo, subiendo y bajando, acumulando vueltas en su cartera, viendo cómo la clase media lo superaba una y otra vez cuando las circunstancias de carrera lo elevaban un palmo sobre el suelo. Aunque tuvo tiempo para darse una alegría por el camino cuando en la vuelta 40ª, emparejado con su ex Kimi Raikkonen, logró adelantar al Ferrari y mantener a raya durante un par de curvas a Hamilton. Un chispazo efímero, eso sí. La alegría no duró demasiado, pero sirvió de repostaje de adrenalina para el asturiano, que terminaría merodeando la zona de puntos que marcaba otro ex como Felipe Massa. Fue undécimo, su mejor posición de la temporada y una bocanada de oxígeno antes de visitar Barcelona, donde McLaren, que sólo compareció con un monoplaza por la avería de Jenson Button, ha prometido dar un paso adelante.

La fortuna hizo un quiebro a Carlos Sainz. No fue la mecánica, como le ocurrió a su compañero Verstappen en Australia y China y volvió a sucederle en Bahrein, sino un tornillo mal ajustado de su rueda el que le obligó a bajarse de su Toro Rosso en la vuelta 31, tras haber cumplido su segundo paso por boxes. "Creo que tengo una rueda mal puesta", advertía por radio el piloto madrileño, que echaba pie a tierra por primera vez en la temporada de su estreno. Tras haber puntuado en Australia y Malasia y haber cruzado la meta de China, la última cita antes de Sakhir. Mientras, Roberto Merhi volvía a terminar la carrera. 17º y último, pero de nuevo poniendo a salvo a su plomizo Manor.




Por CARLOS GUISASOLA/El Mundo

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