BOGOTÁ, Colombia (1 Abril 2015).- El exmagistrado de la Corte Constitucional, Carlos
Gaviria, falleció este martes en la Fundación Santa Fe, donde permaneció
hospitalizado desde hace más de una semana por una fuerte afección
respiratoria.
En el momento de su muerte, el jurista, de 77 años,
se encontraba acompañado de sus familiares.
El político fue candidato presidencial en 2006,
también fue presidente del Polo Democrático y de la Corte Constitucional.
El presidente de la República, Juan Manuel Santos,
lamentó la muerte de Carlos Gaviria a quien calificó de "Gran jurista y
colombiano" y como una enorme pérdida para el país. "Condolencias
para sus familiares".
A su vez desde distintas bancadas expresaron sus
condolencias a la familia de Gaviria. El presidente del Centro Democrático,
Óscar Iván Zuluaga, publicó en su cuenta en Twitter: "Lamento la muerte
del Dr, Carlos Gaviria Díaz. Un jurista de profundas convicciones democráticas.
Sentido pésame a su familia y amigos".
El senador del Polo Democrático, Jorge Enrique
Robledo, resaltó la labor del exmagistrado: "Falleció Carlos Gaviria. Un
colombiano que dejó profunda huella. Marca de patriota y de demócrata. Ejemplo
de coherencia. Abrazo a su familia".
Gaviria,
el defensor de las libertades
Celoso como era de su vida privada y ajeno al
espectáculo en el que creía que muchos de sus colegas habían convertido la
política, Carlos Gaviria Díaz no quería que se supiese mucho sobre los más
recientes detalles de su salud. De hecho, no hubo mayores reportes desde el 14
de marzo, cuando fue hospitalizado de urgencia en la clínica Santa Fe, de
Bogotá, como consecuencia de la afección pulmonar que ayer le puso punto final
a su vida.
Esa fue la constante en su existencia y por eso
quienes lo conocieron de cerca dicen que vivió como pensaba. O como hablaba. En
ejercicio pleno de la libertad, con una preocupación especial por el respeto a
las diferencias y a los derechos de los demás, al punto de medir en grado sumo
la exactitud de cada una de sus acciones, expresiones y decisiones. De sus
ponencias y proyectos de ley. De sus silencios, incluso.
A Carlos Gaviria, hijo de periodista y maestra de
escuela nacido en Sopetrán, Antioquia, hace 77 años, se le vio desde muy joven
dar lugar de privilegio a la actividad académica antes que a otras actividades
que tampoco le fueron ajenas, como el ejercicio mismo de la política desde la
arena electoral.
Abogado de la Universidad de Antioquia con maestría
en Harvard, fue juez promiscuo municipal de Rionegro en 1961, pero el
magnetismo que las aulas ejercían sobre él lo obligó a regresar a su alma
máter, en donde llegó a ser decano en 1967. Muy pronto se encontró involucrado
en el movimiento de defensa de los derechos humanos en Antioquia, y tras el
asesinato de Héctor Abad Gómez se exilió en Argentina, de donde regresó en 1989
para asumir la vicerrectoría de la Universidad de Antioquia.
Dejó las aulas de nuevo en 1992, cuando fue elegido
magistrado de la Corte Constitucional, cargo desde el cual lideró la defensa de
los derechos sobre los que tanto había teorizado en las aulas.
Sus sentencias sobre la despenalización de la dosis
personal o la constitucionalidad de la eutanasia lo convirtieron rápidamente en
referente internacional sobre la materia, al tiempo que le granjearon
contradicciones con sectores representativos de la Iglesia y de la derecha, a
los que siempre controvirtió valiéndose de la argumentación jurídica y sin
dejarse llevar por la falacia argumentativa que campea en los principales
escenarios de la política nacional.
Así lo hizo también cuando, ya concluida su etapa
como magistrado, incursionó en la política electoral, obtuvo la quinta mayor
votación para Senado y empezó a nutrir los debates de la corporación con los
detalles más precisos sobre derecho constitucional, legislación procesal y
penal, teoría de los derechos humanos y tantos otros asuntos contemplados en
los más de seis mil volúmenes de su biblioteca personal. Por eso no resulta
equivocado señalar que los más avanzados ejemplos de progresismo en la
protección de los derechos y libertades ciudadanos en Colombia llevan su
impronta. Desde la academia, el máximo tribunal constitucional, su escaño en el
Legislativo, su condición de candidato presidencial del Polo Democrático en
2006 o su período al frente de dicho colectivo político, siempre avivó el
debate nacional convencido de que a través del ejercicio dialéctico se podía
gestar un mejor país.
Ejerció una vehemente oposición al gobierno de
Álvaro Uribe, su alumno en la universidad, cuya retórica no logró que Gaviria
cayera en discusiones personales. Incluso se distanció de algunos de sus
copartidarios de la izquierda por diferencias sobre estrategia política o por
la posición frente a temas como la violencia de las Farc. Pero aunque navegasen
en orillas políticas distintas a la de él, unos y otros siempre le reconocieron
su papel como constructor de paz (también fue miembro de una comisión que buscó
acercamientos con el Eln) desde el cargo más importante que ocupó en su vida:
el de ciudadano.


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