BARCELONA (23 Abril 2015).- Rafael Nadal perdiendo
en dos escenarios, tierra batida y Barcelona, donde casi siempre venció. Una
sacudida que sobre todo afecta al ánimo: la preocupación, serenada en
Montecarlo, se desboca de nuevo. En tercera ronda del Trofeo Conde de Godó cayó
ante Fabio Fognini por 6-4 y 7-6 (6) en dos horas de juego. Su participación
más breve en casa más desde la adolescencia, desde 2003. Y la peor preparación
para los Masters 1.000 de Madrid y Roma y el reto de un décimo título en Roland
Garros. Porque más allá del resultado negativo, exiguo por el peso del torneo,
un ATP 500, nace la inquietud de las formas, de la actitud mostrada.
Quien fuera guerrero, infatigable triunfador, es hoy
un tenista timorato, incapaz de retener los puntos importantes. Si desde
principios de temporada permite que asomen algunos 'tics' desconocidos en él,
este jueves de Sant Jordi todos se exageraron. La dificultad de convertir bolas
de breaks: disfrutó de 14 y sólo cerró tres. La escasa fe en sí mismo: en el
segundo set logró esas tres rupturas y se dejó remontar todas. La falta de
serenidad en el desenlace: perdió el tie-break, aunque salvó con garra tres
bolas de partido. Y, en definitiva, el ansia que domina todo su tenis. Nunca se
le vio tan descontrolado, acumulando tantos fallos.
"Tensión" o "ansiedad", lo ha
definido él, qué más da, lo que sea afecta sobremanera a su drive. Se mantiene
Nadal sólido en el saque (70% de primeros), al contrario que el año pasado no
se le conocen problemas físicos, el revés le funciona sin alegrías, pero su
golpe preferido, esa derecha liftada que tantas veces le ha hecho campeón, no corre
de nuevo. El cambio de encordado que exhibió en Mónaco parecía empezar a
solventar el problema, pero ante Fognini quedó claro que éste se mantiene. Lo
probó el apartado estadístico: el español logró sólo 17 golpes ganadores y
acumuló hasta 30 errores no forzados.
Lo probó el propio juego. El número cuatro del
ranking mundial sirvió un buen número de bolas cortas y, al contrario que en
otras citas, su rival las aprovechó. Tras descubrir este mismo año, en
semifinales del ATP 500 de Río de Janeiro, que puede vencer a Nadal, el
italiano se demostró en la pista libre de complejos. No hay duda, en el
circuito no hay un personaje como él. Ninguno. Quizá nunca lo hubo. A sus 27
años continúa demostrando un talento al nivel de los mejores, capaz de sublimar
los golpes más complicados del deporte, pero, no vale el engaño, su trayectoria
sigue desnudando su infantil psicología.
Sin ir más lejos: tras ganar a su primer rival
'grande' en Brasil, encadenó cinco derrotas consecutivas que, de estar
acariciando el Top 10 de la ATP, le bajaron hasta el número 30 del ranking
mundial. Temporadas atrás, Nadal habría apaciguar con rapidez los ánimos
exhibicionistas de Fognini, pero ahora no está para esos alardes. Permitió que
el italiano se gustara, golpeando cómodo con su derecha, sin tener que moverse
en demasía. Al final su juego fue pura belleza, encadenando ganadores uno
detrás de otro. En su superficie y en su hogar, venció a un campeón que, esta
vez, no pareció tal.
Por
JAVIER SÁNCHEZ/El Mundo


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