SAMANÁ, República Dominicana (1 Abril 2015).- A dos
horas de Santo Domingo se encuentra una colorida península que alberga la mayor
cantidad de palmas de coco por metro cuadrado del mundo. Un edén para los
amantes de la naturaleza, con playas de arena blanca custodiadas por verdes
colinas.
Todos los años por esta época llegan a las aguas de
este rincón de República Dominicana, más exactamente a la bahía de Samaná,
cerca de 3.000 ballenas jorobadas. Un espectáculo que cada vez atrae un número
mayor de turistas, entusiasmados no sólo por observar a estos maravillosos
cetáceos, sino por explorar una región repleta de cascadas, selvas, refugios de
aves y reservas coralinas.
A Samaná se puede arribar en avión o en carro, a
través de las recién renovadas autopistas que salen de la capital dominicana,
Santo Domingo, o de la ciudad de Puerto Plata. Fundada en 1756, esta población
fue durante años blanco de los ataques de los piratas y hogar de los esclavos
que fueron liberados a comienzos del siglo XIX.
La agricultura y la pesca se convirtieron en las
principales actividades económicas. Con el tiempo también se produciría un
pequeño desarrollo minero, especialmente de mármol, y por cuenta de las
ballenas el turismo comenzaría a consolidarse hasta convertirse en un
importante rubro. Magaly Toribio, asesora de marketing del Ministerio de
Turismo de República Dominicana, asegura que estos animales se han vuelto un
testimonio de las vivencias únicas que ofrece Samaná, “un paraíso para los
amantes de la naturaleza, la aventura y el turismo experiencial”.
Enfatiza también en que los dominicanos se sienten
muy orgullosos y privilegiados de poder disfrutar del espectáculo de saltos y
acrobacias durante su visita. Las ballenas, sin embargo, no son el único
atractivo. Los viajeros gozan con las excursiones a la cascada de El Limón, una
caída de agua cristalina de más de 50 metros escondida entre los árboles, y los
recorridos por el Parque Nacional Los Haitises, hogar de más de 100 especies de
aves y decenas de cuevas que albergan muestras de arte taíno.
Conocer las pequeñas islas y cayos que rodean Samaná
es otro de los planes imperdibles. Uno de los más concurridos es cayo
Levantado. Aunque sólo tiene un kilómetro de extensión, es suficiente para
disfrutar de las cálidas aguas del Caribe y bucear o hacer snorkel en medio de
coloridas familias de corales y peces tropicales.
A diferencia del resto de República Dominicana, en
Samaná no es usual ver grandes complejos hoteleros ni resorts. Los huéspedes
disfrutan del servicio personalizado de los hoteles boutique, de cómodas villas
cerca al mar o de hospedajes más modestos pensados para quienes viajan con poco
presupuesto. Su gastronomía, al igual que la del resto del país, se caracteriza
por la influencia de las culturas española, taína, americana y francesa.
El coco es uno de los ingredientes principales,
tanto para recetas dulces como saladas. Aunque el pescado y los frutos de mar
abundan, el sancocho (preparado con carne de cerdo, res y pollo) es el plato
más tradicional. También vale la pena probar los chicharrones de pollo con
naranja frita, la catibia (empanada de yuca con carne) y los quipes, preparados
con plátano verde frito, harina, queso y carne.
Y no se vaya sin haber tomado un trago del famoso
ron dominicano, con hielo o en algún coctel, la bebida insignia de este
pedacito del Caribe que cautiva con su historia, edificaciones coloniales y
paisajes.
Fuente EL ESPECATDOR.COM


No hay comentarios.: