VECINDARIOS POBRES DE CIUDAD DE NUEVA YORK entre la basura y el ruido

NUEVA YORK (4 Abril 2015).- Llegó un día en que casi se fueron a los golpes. Por un lado, estaban los residentes del edificio en la esquina de la calle Thames y la avenida Porter, en Bushwick; por el otro, los camioneros y trabajadores del centro de acopio de basura que se ubica ahí. Los conductores estaban diciéndoles que no podían estacionarse en el lugar, porque sus camiones tenían que entrar y salir con la basura. 

Pero los residentes ya no aguantaban más, no sólo por ese problema. “Es terrible vivir acá, especialmente con el olor en el verano. Los residentes en este lado del edificio casi no abren sus ventanas”, dice Heriberto Rodríguez, el conserje de la construcción. “El ruido es constante, seis días a la semana. Las bocinas, los motores de los bulldozers, las alarmas de retroceso toda la maldita noche”.

Esta es la realidad de tres áreas de la ciudad: el norte de Brooklyn, el sur del Bronx y Jamaica en Queens. “Las estaciones de transferencia de residuos comerciales y sus garajes están principalmente localizados en comunidades de bajos ingresos y de color”, indica Kristi Barnes, vicedirectora de Align New York. “Este pequeño grupo de barrios debe cargar con la contaminación e impactos negativos en la salud, como asma”. señaló.

La organización de Barnes está intentando que la Alcaldía sea más exigente a la hora de renovar sus planes de manejo de residuos -como parte del llamado PlaNYC, que ve temas de sostenibilidad y resiliencia-, el cual debe ser renovado de aquí al 22 de abril. “Queremos que el alcalde Bill de Blasio imponga una meta de un 70% de reciclaje comercial en el siguiente PlaNYC”, señala Barnes. “Esta ambiciosa pero posible meta podría transformar la industria, aumentando el reciclaje, creando miles de nuevos empleos, limpiando y haciendo más seguras las comunidades de todos los neoyorquinos”.

Los vecinos del barrio dicen que vivir cerca de uno de estos centros de acopio de residuos genera círculos viciosos, que dañan la higiene de sus calles. La basura vuela desde el centro y se enreda en árboles y rejas y eso, a su vez, genera que la gente tire más basura en las aceras. “Esto necesita mejorar. Siempre hay basura en la vereda”, describe Miguel Alatriste, cocinero del restaurante Don Gabriel Bakery. “Manejando comida eso es algo importante, porque la limpieza es lo primero. Yo vivo a quince minutos de aquí y mi barrio es más limpio, la gente es un poco más responsable, tiene más cuidado”.

“En estos momentos, 75% de la basura de la ciudad va a parar a tres comunidades de los condados más lejanos. Eso no es justo”, se queja Barnes. “La ciudad  debe pensar cómo reducir su contaminación, pero también reconocer que ésta impacta a las comunidades de bajos ingresos más que a otras”.

Testimonios

“Ningún lugar es seguro para estacionarse. Al menos tres autos han sido dañados por pequeños choques o topones de los camiones que salen”. Heriberto Rodríguez, conserje y residente de edificio aledaño al centro de acopio.

“Debemos hacer más compostaje en casas, porque eso es lo que huele mal acá, la comida. Tiene que haber un mejor programa de reciclaje y de manejo de la basura”. Jessica Sirvu-Balnaves, administradora de una cooperativa de comida.
“Es muy ruidoso. Dependiendo del viento, te llega una brisa muy horrible, un olor a basura. Eso es lo principal: ruidoso y hediondo”. Tracy Gerónimo, residente del barrio.
“Vivo a quince minutos de aquí, y mi barrio es más limpio. La gente además es un poco más responsable, tiene más cuidado. También se ven más ratones aquí”. Sergio Alatriste, cocinero.




Por JUAN PABLO GARNHAM

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