LA HABANA (24 Agosto 2015).- Algunos expertos la nombran como la gran depredadora
de la salud, quizás por la capacidad que esta enfermedad tiene de ocasionar
daños en todo el cuerpo. Se trata de la ateroesclerosis, padecimiento que es
tan antiguo como la vida y descrito incluso en pleno renacimiento por Leonardo
da Vinci.
Justamente, al acumularse grasa, colesterol y otras
sustancias en las paredes de las arterias es cuando se producen las llamadas
lesiones ateroescleróticas o placas, responsables de ese endurecimiento que con
el tiempo puede obstruir las arterias, limitar o bloquear el flujo sanguíneo y
ocasionar múltiples problemas de salud. Sepa usted que puede afectar a
cualquier arteria del cuerpo, incluidas las del corazón, el cerebro, los
brazos, las piernas, la pelvis y los riñones.
No es fortuito entonces que numerosos especialistas
e investigaciones se dediquen al estudio de esta enfermedad. Tal es el caso del
doctor José Emilio Fernández-Britto Rodríguez, coordinador de la Carrera
Certificativa de Investigación en Ateroesclerosis y director del Centro de
Investigaciones y Referencia de Ateroesclerosis de La Habana (CIRAH).
Sobre uno de sus más recientes trabajos científicos,
relacionado con el efecto del tabaco en el desarrollo de la lesión
ateroesclerótica de la cardiopatía isquémica a partir de un estudio de autopsias,
Granma conversó con el profesor Fernández-Britto en el recién celebrado
ATEROfórum 2015.
Explicó el especialista que “el tabaco es el único
producto de consumo legal que mata hasta la mitad de sus usuarios. Una persona
cada seis segundos muere en el mundo por fumar. Un cigarrillo tiene más de 7
000 sustancias químicas, entre estas la Nicotina. En general en cinco minutos
se inhala 10 veces por lo que se reciben entre uno y dos miligramos de nicotina
por cigarro. Unos 20 cigarros al día se traducen en 200 inhalaciones y entre
100 y 200 mg de nicotina en 24 horas”.
“Como estamos convencidos que la ateroesclerosis es
una enfermedad, ‘de la intoxicación de la sangre’, creemos que el tabaco
contribuye en gran medida a su desarrollo. Este constituye un factor de riesgo
para seis de las ocho principales causas de muerte mundial y uno de los
principales factores de riesgo de enfermedades no transmisibles frecuentes como
las cardiovasculares, respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes”.
Para entender la ateroesclerosis, señaló el experto,
es necesario comprender el desarrollo y distribución de las tres lesiones
básicas de esta enfermedad: Estría Adiposa (EA), Placa Fibrosa (PF) y Placa
Grave (PG). “Se conoce que las EA se transforman en PF y estas en PG, por lo
cual es muy importante estimar la velocidad de cómo se producen estos cambios,
porque en esto se basa el criterio de gravedad (incremento de la carga
aterosclerótica) para que aparezcan síntomas y signos de un evento clínico de
mayor importancia”, refirió el experto.
A partir de ello, dijo Fernández-Britto, la
intención de esta investigación era demostrar con bases científicas
inobjetables la responsabilidad que el consumo del tabaco ejerce en el
desarrollo de la lesión aterosclerótica en cualquier arteria. Para ello se
realizarían autopsias completas con el estudio descriptivo de arterias y
órganos utilizando métodos y procedimientos internacionales validados por la
Organización Mundial de la Salud, como el Sistema Aterométrico, de gran utilidad
para la caracterización de las lesiones en cualquier arteria, órgano y
paciente, y creado por el entrevistado de conjunto con otros investigadores.
De esa forma, dijo se realizaron 791 autopsias
consecutivas de la base de datos del CIRAH, de ambos sexos, mayores de 18 años
de edad, que cumplieran los requisitos para ser incluidos en el estudio, y
previa consulta a los familiares.
El 61 % eran hombres y un 39 % mujeres. De ellos el
14 % era diabético, el 30 % hipertensos y un 50 % fumadores. Destaca, dijo el
entrevistado, que el 66 % de las muertes súbitas fueron mujeres fumadoras.
En los cuatro grupos de edades estudiados, (menos de
50; 50-65 años; 66- 80 años y mayores de 80) predominaron los fumadores.
Igualmente resultó mayor el número de fumadores diabéticos e hipertensos que
los que no fumaban y presentaban ambas condiciones, lo cual refleja el valor
que le aporta el fumar a estas enfermedades.
Asimismo, refirió el especialista, fueron mucho más
las PF y PG encontradas en los fumadores que en aquellos que no tenían este
hábito.
“El consumo de tabaco incrementó de manera
importante el progreso de las lesiones ateroescleróticas en las tres
principales arterias coronarias; y el aumento de las lesiones
ateroescleróticas en consumidores de tabaco se hizo más notable en las más
severas (Placas Fibrosas y Placas Graves)”, mencionó.
En cuanto a las lesiones ateroescleróticas menos
severas Estrías Adiposas, en general mantuvieron sus mayores valores en los no
consumidores del tabaco como expresión de una mayor lentitud en el proceso.
Al valorar la relación entre la cardiopatía
isquémica y los efectos del tabaco, la investigación arrojó que un 53 % de las
personas que tuvieron esta afección eran fumadoras, sobre un 6 % que no lo eran
y también sufrieron de cardiopatía.
“Resulta evidente que el consumo del tabaco
contribuye de forma importante al progreso dinámico de la lesión
ateroesclerótica responsable de la cardiopatía isquémica y esta condición se
repite de manera similar en ambos sexos. Además, el consumo de tabaco exhibe un
proceso más acelerado que la hipertensión y la diabetes para el desarrollo de
las lesiones ateroescleróticas, sobre todo las más severas PF y PG, en todas
las arterias del organismo, concluyó el especialista.
Por
LISANDRA FARIÑAS ACOSTA/Granma


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