LA CAMPAÑA DEMÓCRATA SE ESCORA A LA IZQUIERDA; SANDERS CRECE ANTE HILLARY
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WASHINGTON (31 Agosto 2015).- Ni es el favorito en
las apuestas ni se le ve como presidente de Estados Unidos, pero Bernie
Sanders, un senador de 73 años autodeclarado socialista en un país que abomina
del término, ha crecido lo suficiente como para acercarse a Hillary Clinton y
escorar a la izquierda la campaña demócrata para elegir candidato a las
elecciones de 2016. Sanders reúne multitudes, apela a los intereses de la clase
social frente a las ideas políticas de cada uno y pide una “revolución
política” contra el establishment. Encarna, en fin, la versión estadounidense
de ese liderazgo político europeo crecido en el hartazgo.
“Usted, señor Greenspan, simplemente no sabe lo que
pasa en el mundo real. Venga conmigo a conocer gente de verdad, los clubes de
campo y los cócteles no son la América real, los millonarios son la excepción”.
No era en plena crisis cuando un Sanders lleno de nervio se despachaba así ante
el presidente de la Reserva Federal, sino en un 2003 previo a la gran tormenta.
Doce años después, el senador independiente por Vermont sigue clamando contra
la desigualdad y pidiendo mano dura contra Wall Street, pero las palabras calan
más que antes de la Gran Recesión.
Por primera vez, a mediados de agosto, una encuesta
situó a Sanders por delante de Clinton en New Hampshire y este sábado otro
sondeo en Iowa le dio un 30% de apoyo, solo a siete puntos de la favorita. La
atracción de pequeños donantes para financiar su campaña puede compararse con
la que logró Barack Obama en 2008. Por edad y perfil, es fácil comparar su
tirón al de Jeremy Corbyn en el partido laborista británico, solo que en un
país que nunca ha tenido un partido laborista.
“Sanders está abarcando un espacio ideológico a la
izquierda que no estaba ocupando por nadie, Clinton forma parte de un centro
más pragmático y si Joe Biden [actual vicepresidente] decide presentarse,
pugnará por los mismos votos que ella, Sanders habla de una desigualdad que
preocupa mucho a la gente y tiene una carrera coherente con ello”, señala
Geoffrey Skelley, del Centro sobre Política de la Universidad de Virginia.
Sanders ha sido un outsider: votó contra la guerra
de Irak y defendió el matrimonio gay cuando aún casi nadie lo hacía. Pide la
subida de los salarios mínimos y se declara socialdemócrata, aunque apela a los
votos de una clase trabajadora con ideas políticas dispares pero una
preocupación común, su supervivencia. En el grupo de población perjudicada por
la crisis y que se siente desfavorecido en la recuperación es dond espera
captar votos.
Intereses
de clase, frente a ideas
“No soy un liberal (de izquierdas), soy un
progresista que sobre todo se centra en la clase media y trabajadora”, decía
Sanders esta verano a The New York Times. Sanders remachaba: “la gente
corriente está muy disgustada con que la clase media esté siendo destruida” y
muchos de estos “pueden no estar de acuerdo con el matrimonio homosexual, pero
quieren a un luchador”.
“Pero el argumento de clase, ese de que mucha gente
está votando en contra de sus intereses económicos, nunca ha triunfado en EEUU,
el factor conservador frente a liberal aquí está también vinculado a lo urbano
frente a lo rural”, apunta Skelley. Además, advierte de que “resulta que
Sanders está conectando especialmente con ciudadanos blanco, bien formados y de
clase media” y no con los más maltratados del sistema.
Hijo de un inmigrante polaco, Sanders nació y creció
en una zona de Brooklyn eminentemente judía, un barrio tranquilo en el que la
gente mayor se sienta con sillas plegables en pequeños grupos a la sombra.
Apenas cuatro manzanas separan la casa familiar, un apartamento modesto en un
bloque hoy descuidado, del James Madison High School, el colegio en el que
estudió en los 50 y que desde 2008 le tiene en su muro de honor. “Se le incluyó
en el marco de un acto organizado, pero al día siguiente volvió a la escuela
sin avisar a nadie y se reunió con grupos de alumnos para conocer sus
inquietudes y sus problemas, ¿no cree que eso dice mucho del carácter del
alguien?”, cuenta Marthy Alpert, la presidenta de la asociación de antiguos
alumnos, dos años mayor que Sanders.
El viejo senador cae bien, conecta con los mayores y
con los jóvenes -esa llamada generación del milenio que va a tener una gran
peso en esta campaña y que no confía en el sistema tal y como está diseñado-,
aunque tiene un frente abierto con la comunidad negra, que cuyos activistas (el
movimiento Black lives matter, en español: Las vidas negras importan) le acusan
de no ser lo bastante contundente en la defensa de sus derechos.
Está por ver qué papel jugará la brecha social en
una América que ha salido de la crisis de una forma tan desigual. Antes que el
efecto Sanders, hubo un efecto Warren –Elizabeth Warren, que no opta a la
candidatura- que ya influyó en el discurso de Clinton. “Ella sigue siendo la
más fuerte y la que tiene más fondos, pero Sanders está teniendo un gran
impacto y le está forzando a ser más agresiva en sus ideas”, apunta Julian Zelizer,
analista político y profesor de Princeton.


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