PEKÍN (23 Agosto 2015).- Un oro más que no fue un
oro más. Usain Bolt, llevado por mil demonios, desbocado como siempre, poseído
como nunca, lanzado en deber divino. Ganar a los malos, así de simple. Esta vez
no estaba su gloria en juego. ¿Quién le podría afear una derrota después de un
año de lesiones y fiestas? ¿Quién un tropiezo que no se permitía desde los
Juegos de Pekín 2008? Esta vez estaba en juego el atletismo. Su desdicha
hubiera sido cruel, deshonrosa, pesimista.
Le amenazaban Justin Gatlin, Tyson Gay y Asafa
Powell, una pléyade de tramposos con marcas excepcionales esta temporada, pese
a pasar todos de los 30 años. No importó. Más atento en la salida que en otras
citas, venció en 9,79 segundos y logró su noveno oro en un Mundial.
Por
JAVIER SÁNCHEZ/El Mundo


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