NUEVA YORK (14 Septiembre 2015).- Nueva York hubo de
plegarse al signo de los tiempos. Novak Djokovic ganó su décimo título del
Grand Slam, segundo Abierto de Estados Unidos, al imponerse a Roger Federer,
favorito sentimental de buena parte de los aficionados, por 6-4, 5-7, 6-4 y
6-4, en tres horas y 20 minutos. El número uno del mundo, de 28 años, ratificó
así su poder al conquistar el tercer 'major' de la temporada y situarse a la
vera de Bill Tilden y a sólo un 'grande' de Bjorn Borg y Rod Laver. Volvió a
frustrar los afanes de su adversario de alcanzar el decimoctavo, como hizo en
las dos últimas finales de Wimbledon. Federer, que llegaba en un magnífico
momento, plantó cara, pero pagó un alto precio por el escaso acierto en las
opciones de 'break': convirtió sólo cuatro de 23.
Era la final soñada. Los dos mejores jugadores del
mundo peleando por el último 'grande' de la temporada. Novak Djokovic, ganador
del Abierto de Australia y de Wimbledon, subcampeón de Roland Garros, en su
cuarta final de un 'major' este curso. Roger Federer, pentacampeón del torneo,
en su primera presencia en la lucha directa por el Abierto de Estados Unidos
desde que Juan Martín del Potro quebrara en 2009 su racha de cinco títulos
consecutivos. El suizo, en busca de otro guiño mayúsculo a la posteridad, de
ese decimoctavo título del Grand Slam negado desde que ganó en 2012 su séptimo
Wimbledon.
La lluvia demoró tres horas y media el inicio de un
partido que nació frenético. Federer, que ha hecho de su eficacia en el
servicio uno de los fundamentos de su resurrección, hubo de superar tres
pelotas de ruptura en el arranque. 'Nole' ejerció una amenaza permanente sobre
una de las mejores armas del adversario. Quebró en dos ocasiones en el primer
parcial y dejó pasar una pelota de set al resto para hacerse con él. Su
devolución, difícilmente homologable en el circuito, neutralizaba las ofensivas
del hombre que le había derrotado en la reciente final de Cincinnati y
acumulaba 28 sets consecutivos invicto. La secuencia encontró fin en el
siguiente juego. El balcánico se llevó el parcial y dejó claro que su oposición
iba a ser mucho mayor que la de cualquiera de los enemigos de Federer a lo
largo del torneo.
Al igual que sucediera en Londres, capital de
adopción sentimental del helvético, Flushing Meadows estaba rendida a sus pies.
Ningún punto del planeta se resiste a los encantos de un jugador irrepetible.
Cada una de sus oportunidades perdidas, como los cuatro puntos de 'break' en el
segundo juego del segundo set, provocaban un audible lamento colectivo en la
colmada Arthur Ashe. A los 34 años, su tenis ha añadido un plus de romanticismo
a su poesía inmanente.
El destino se le insinuó en el décimo juego. Tuvo
dos pelotas de set sobre el servicio de 'Nole'. La primera la resolvió éste con
un saque ganador. Fue la segunda la más dolorosa para el suizo. Se le fue una
derecha franca, a media pista. Era mucho lo que se estaba definiendo. También
lo sabía la grada, indisimulable su apoyo a Federer, hasta desatar la ira de un
Djokovic que dirigió gestos desafiantes a los espectadores, camuflados como
manifestaciones de autoestima. Tenaz, irreductible en su propuesta ofensiva, el
pentacampeón creó dos nuevas opciones de set en el decimosegundo. Rentabilizó
la cuarta, con un revés cruzado ganador tras un intenso intercambio.
Hay un punto de admirable irreverencia, de legítima
transgresión, de talante revolucionario, en sus restos cerca de la línea de
saque, absurdamente censurados por Djokovic y su entrenador, Boris Becker. La
puesta en práctica exige destreza y valentía, cualidades difícilmente
cuestionables en cualquier faceta de la vida. Pecó, no obstante, de un exceso
de autocomplacencia en el comienzo de un tercer parcial que tuvo un peso
definitivo. Desatado, bajo el empuje de la hinchada, le perdió la precipitación
y cedió el saque en el tercer juego. En su incesante caminar, logró enmendar la
situación y llegó a disponer de dos bolas para situarse 5-3 y servicio. Pero
fue 'Nole' quien puso la muesca. El serbio rompió en el noveno y se sobrepuso a
otro 15-40 en el siguiente. Demasiadas concesiones de Federer en un set que
pasó por sus manos.
No fue capaz de superar la frustración. Entregó su
saque de entrada en el cuarto y vio como Djokovic enfilaba hacia la copa. El
suizo peleó su suerte hasta el límite, neutralizando uno de los dos 'breaks' de
desventaja. Tuvo incluso dos posibilidades de igualar a cinco. Pero tampoco
esta vez, inspirado, veloz, no demasiado lejano de la imagen de sus años
hegemónicos, pudo derribar la resistencia de Djokovic, sin duda alguna el mejor
tenista del momento, convertido ya, por derecho, en otro jugador de época.
Por
JAVIER MARTÍNEZ/El Mundo


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