SAN JUAN, Puerto Rico (12 Septiembre 2015).- Como
que estaba en su casa. Marc Anthony entró casual a su concierto anoche en el
Coliseo de Puerto Rico y mantuvo un encuentro cercano con sus admiradores en un
espectáculo en el que lo familiar no hizo que dejara de lucir su imponente
capacidad vocal ni su característico histrionismo sobre el escenario.
Antecedido por Gente de Zona, que ya había calentado
los ánimos entre el público que copó el estadio, el artista comenzó cantando
“La Gozadera”, caminando entre la audiencia para entonces subir a la tarima 360
grados que se ubicó en el medio de la arena. Una vez allí, se desplazó por los
cuatro lados, dejando que de cada esquina pudieran verlo. Fue un ambiente de
salsa y jolgorio, y de una cercanía que se evidenció las veces que dejó libre
el micrófono para que la audiencia cantara, en cada momento que posó para
fotografías y tomó tragos que les ofrecieron fanáticas, y en los intercambios
de besos y guiños que mantuvo con ellas durante todo el concierto.
Sus primeros temas fueron de sus clásicos, Valió la pena,
Y hubo alguien y Hasta ayer.
“Por fin aquí en mi querido Puerto Rico”, dijo como
saludo. “Me estoy dando cuenta de que a veces uno tiene que vivir alejado de
ciertas cosas para apreciarlas como los aprecio yo a ustedes y a esta patria”,
celebró. Y como cada mención al terruño de uno es como una cosquillita de
orgullo en el pecho, el público le devolvió el saludo con una extendida
ovación.
El cantante continuó con su repertorio haciendo de
cada tema una oportunidad para que sus músicos se lucieran, como lo consiguió
en el violín Eddie Venegas. Las oportunidades para sostener notas y demostrar
la inmensa capacidad de sus pulmones tampoco faltaron ni en la parte que dedicó
a baladas, entre las que incluyó algunas que otros maestros de la música latina
han hecho famosas. Con la compañía siempre del coro de la audiencia, cantó
partes de Abrázame muy fuerte, Ahora quién, Y cómo es él.
“Un poquito de todo”, sería la muestra que ofrecería
en la noche, según anunció. “Lo viejo, lo nuevo, lo malo…”.
Entonces pidió la ayuda de las mujeres asistentes
para entonar el tema que hizo en uno de sus dúos más famosos, “una canción que
no puedo cantar solo porque la grabé con alguien ahí… Mejor me quedo callado.
Esta noche no. Es que me dan ganas de… ¡Ay Dios mío!”. Hablaba de Vivir lo
nuestro y de la India.
Continuó con Qué precio tiene el cielo y Te conozco
bien, que describió como uno de sus favoritos, que le cambió la vida.
No pudo faltar su versión de Preciosa, que se ha
convertido en un himno de orgullo patrio en el que las voces se desgalillan en el
“Yo te quiero, Puerto Rico” al tiempo que alguna bandera boricua ondea. Esta
vez, la monoestrellada lucía en las pantallas sobre la tarima.
Marc Anthony hizo un aguaje de despedida con Mi
gente, de Héctor Lavoe, pero regresó para cantar dos temas más recientes, Tu
amor me hace bien y Vivir mi vida.
Un beso sobre la tarima, un gesto agradecimiento y
asombro por la calidez de la respuesta y un adiós pusieron punto final al
concierto que se presentará mañana por segunda ocasión.


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