BUENOS AIRES (22 Noviembre 2015).- Argentina ha
optado por el cambio. Como auguraban los sondeos a pie de urna, Mauricio Macri,
de 56 años, será el sucesor de Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada
a partir del 10 de diciembre. Con el 99% de los votos escrutados, el líder
conservador se ha impuesto este domingo (51,5% frente al 48,5%) al candidato
kirchnerista, Daniel Scioli. "Es un cambio de época, un día histórico.
Quiero que construyamos juntos este país. Sin revanchas ni ajustes de
cuentas", les ha transmitido Macri a sus seguidores.
Scioli ha reconocido su derrota en el búnker de
campaña del Frente para la Victoria (FpV) en Buenos Aires y ha revelado que ha
felicitado a Macri telefónicamente y le ha deseado mucho éxito: "El pueblo
ha elegido una alternativa, esperemos que Dios lo ilumine para que ese cambio
por el que se ha optado sea superador para nuestro pueblo (...). Ahora le
corresponde cuidar todo lo que este Gobierno le ha dejado al país, la tasa más
baja de desempleo en años, el desendeudamiento, etc.".Con esa tendencia
irreversible de los resultados, Kirchner ha llamado también al líder
conservador para felicitarle por su victoria. Kirchner y Macri se reunirán por
primera vez el martes para una primera reunión de traspaso de poderes.
Minutos después, Macri ha comparecido en el búnker
de la coalición opositora Cambiemos en la Costanera porteña ante cientos de
eufóricos seguidores. "Estamos desbordados de alegría. Quiero que
construyamos juntos el país porque estamos ante un cambio de época sin
revanchas ni ajustes de cuentas. No me abandonen. ¡Vamos, Argentina!", ha
clamado el líder conservador.Mientras, miles de seguidores de Macri se han ido
concentrando en el Obelisco de la capital para celebrar la victoria. A escasos
metros, los militantes kirchneristas se atrincheraban en la Plaza de Mayo con
caras largas y lágrimas por la derrota. Al frente de la coalición opositora
Cambiemos, Macri logró forzar una segunda vuelta hace un mes y su victoria de
hoy supone el fin de doce años de preponderancia kirchnerista en Argentina. A
Macri le corresponde ahora la tarea de liderar el espíritu de cambio que se ha
apoderado de la sociedad argentina en los últimos meses. Los dos contendientes
llegaron exhaustos a una cita histórica tras un largo año electoral. Nunca
antes se había celebrado una segunda vuelta entre dos candidatos
presidenciales. La jornada electoral, a la que estaban convocados 32 millones
de argentinos, transcurrió sin incidentes graves y con una alta participación
(79%).Sin demasiada mística para un cambio de época histórico, dos dirigentes
nacidos del riñón político de Carlos Menem en los años 90 y con trayectorias
dispares se disputaron en las urnas la sucesión de Cristina Fernández de
Kirchner (2007-2015), la carismática y controvertida presidenta
argentina.Argentina es un país imprevisible como pocos.
Al frente de la coalición opositora Cambiemos, Macri
dio el campanazo hace un mes. No sólo forzó un mano a mano con Scioli. Al
situarse a sólo tres puntos del candidato del hasta hace poco invencible Frente
para la Victoria, el alcalde de Buenos Aires dejó aturdido y sin capacidad de
reacción al oficialismo.
El rostro desencajado de Scioli en el auditorio Luna
Park de la capital la noche del 25 de octubre expresaba algo más que una
decepción. Antes de los comicios, el gobernador de la provincia de Buenos Aires
ya se veía con la banda presidencial. Pero el viento político dio un giro
brusco esa noche. Desde entonces, Macri no ha hecho más que crecer en las
encuestas. Y Scioli se ha estancado mientras trataba de esquivar el "fuego
amigo" proveniente de los balcones de la mismísima Casa
Rosada."Votemos en conciencia, como dijo el Papa Francisco". Las
palabras del candidato kirchnerista -una etiqueta con la que nunca se sintió
cómodo- al depositar su voto hoy en la localidad bonaerense de Tigre eran fiel
reflejo de su estrategia de campaña. Consciente de que pese a su pírrica
victoria en primera vuelta partía con desventaja para la cita de hoy, Scioli
basó su campaña en demonizar a Macri e incluso llegó a citar al Papa argentino
como una voz coincidente con la suya en la denuncia del "capitalismo
salvaje".
La actual presidenta de Argentina, Cristina
Fernández de Kirchner, saluda tras votar hoy, en Río Gallegos. REUTERS
En fábricas, ministerios y universidades se ha
advertido hasta la saciedad del "peligro" de volver a la década del
90, los años de "pizza y champán" del menemismo, cuando el país vivió
en una engañosa burbuja que al estallar años más tarde, ya con otro Gobierno,
dejó una enorme mancha de sangre y un país al borde del precipicio. En esa
década de neoliberalismo sin freno, de la que casi todo el país reniega hoy
pero que una gran mayoría respaldó en su momento, nacieron políticamente tanto
Scioli como Macri bajo la bendición de un presidente peronista a quien hoy
nadie se atreve a citar por su nombre en Argentina para espantar el mal
fario.Con su nuevo perfil de candidato a batir, Macri ha llegado a la segunda
vuelta con la estrategia del ganador: poca confrontación y un discurso teñido
de "esperanzas y alegrías", bálsamo de Fierabrás del centroderecha
argentino para resolver los problemas del país.Cada vez que Scioli le lanzaba
un dardo envenenado, el líder conservador respondía con un mensaje conciliador.
Todo perfectamente calculado para irritar más a su adversario y presentarse
como un dirigente moderado. "Tengo una enorme alegría, es un día
histórico. Comienza una nueva etapa para la Argentina", ha dicho Macri al
votar, rodeado de una nube de micrófonos. Y luego se ha ido a jugar al fútbol
para relajarse un rato y recordar tal vez sus tiempos de mandamás en Boca
Juniors.
Críticas
a Macri
Criticado durante meses por su rechazo a pactar con
todo el arco opositor, el desenlace de la campaña le ha dado la razón a Macri.
Su principal asesor, el polémico consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, era
partidario desde el principio de la "fórmula pura".
El partido de Macri, PRO (Propuesta Republicana),
selló una alianza con la centrista Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición
Cívica pero no llegó a un acuerdo con el otro gran referente de la oposición,
el peronista disidente Sergio Massa, también con ambiciones presidenciales.
Los sondeos han augurado que la mayoría de los cinco
millones de votos que obtuvo en la primera vuelta el Frente Renovador de Massa
(21% del total) irían al capacho de Macri.
La principal batalla electoral ha librado en la
populosa provincia de Buenos Aires, con el 38% del padrón electoral.
Una disputa crucial porque allí perdió el peronismo
las elecciones a gobernador hace un mes a manos de la candidata de Cambiemos,
María Eugenia Vidal, "mano derecha" de Macri. Una derrota peronista
que no se producía desde hacía 30 años. Es en esa provincia donde las huestes
de Massa -ex jefe del Gabinete de ministros de Cristina Kirchner- han infligido
más daño al kirchnerismo desde su irrupción hace dos años. Peronistas pero
resentidos con el arrogante estilo de la presidenta, son esos votantes los que
habrían decidido el destino del país para los próximos cuatro años.
La gran paradoja de la histórica cita electoral, la
más relevante desde que Néstor Kirchner llegó al poder en 2003 (después de que
un renacido Menem renunciara a batirse con él en segunda vuelta), estriba en
que tanto Scioli como Macri representan la antítesis de su predecesora en la
Casa Rosada en términos de fervor político. Como esos hijos que desarrollan una
personalidad totalmente opuesta a la de sus padres, los líderes que emergen en
la era del postkirchnerismo se jactan de su pretendida
"despolitización". Se cierra un ciclo político en Argentina y se abre
una gran incógnita. Otra más para un país acostumbrado, para bien y para mal, a
abrir y cerrar ciclos muy opuestos con relativa frecuencia.
Por
CÉSAR G. CALERO/El Mundo


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