WASHINGTON (7 Noviembre 2015).- Durante años, el presidente Barack
Obama fustigó a republicanos y demócratas por igual por tratar al oleoducto
Keystone XL como una prueba de si Estados Unidos enfrentaría con seriedad el
problema del calentamiento global. Ahora que rechazó el proyecto, Obama
enarbola su decisión como evidencia clara en momentos en que trabaja para
asegurar su legado ambiental con un poderoso acuerdo climático mundial.
El rechazo de Keystone, el propuesto oleoducto de
1,900 kilómetros (1,179 millas) desde Canadá hasta Texas, fue el más reciente
en una larga lista de pasos tomados por Obama para mostrar que Estados Unidos
lidera los esfuerzos para combatir el calentamiento global. Incluso con los
republicanos oponiéndose acérrimamente a Obama en el país, el presidente ha
usado esos pasos para presionar a otros gobiernos a tomar medidas similares —
especialmente países en desarrollo que durante años han dicho que los cambios
climáticos no son su problema.
En el centro de las gestiones de Obama están
históricos límites a las emisiones de dióxido de carbono de las plantas
eléctricas en Estados Unidos, que han sido elogiados por ambientalistas y
criticadas por el sector de energía y sus defensores. Aunque esas reglas
proceden por el momento, enfrentan un futuro incierto. La mayoría de los
estados en el país están demandando para bloquearlas.
"Objetivamente, ha habido una firme serie de
pasos tomados por el presidente que son más impactantes para el cambio
climático que Keystone", dijo la directora de comunicaciones de la Casa
Blanca Jen Psaki". "Nuestra opinión es que tenemos que seguir
liderando con nuestro ejemplo. ¿Es difícil? Sí, por supuesto".
Si las reglas para las plantas de electricidad no
son implementadas, Obama tendría una gran presión para garantizar el recorte de
entre 26% y 28% en las emisiones estadounidenses que ha prometido como el
compromiso de Estados Unidos con el tratado climático. Y si eso sucede, analistas
predicen que países como China podrían comenzar a retractar su cooperación en
el asunto.
Obama está contando con el tratado climático, que
deberá concluirse el mes próximo en París, para colocarse en una categoría
única como primer presidente estadounidense en tratar el cambio climático como
una prioridad central y el primero en asegurar compromisos de otros países para
lidiar con el problema de forma significativa.
En ese sentido, muchas de las órdenes ejecutivas de
Obama para reducir emisiones de gases de invernadero han estado diseñadas en
parte para maximizar su posición cuando negocia con otros países.
Aparte de las reglas para plantas de electricidad,
Obama ha hecho más estrictos los estándares de eficiencia de combustible para
coches y camiones, apuntando con ello a uno de los mayores causantes de gases
de invernadero. Su gobierno ha dado paso para reducir emisiones de metano,
hidrofluorocarbonos y otros contaminantes al tiempo que provee fondos federales
para fuentes renovablesde energía como eólica, solar e hidráulica.
Al acercarse la conferencia de París, Obama firmó
acuerdos con China, con esperanzas de que un compromiso del mayor contaminador
mundial de reducir emisiones haga imposible que otras naciones grandes en
desarrollo, como India y Brasil, eviten compromisos propios.


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