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| AñadirJoe Torres a la izquierda y Dave Winfield entregaron una camiseta de la MLB al matancero Lázaro Junco. |
MATANZAS (17 Diciembre 2015).- Mientras veía los preparativos en el
estadio Victoria de Girón de esta ciudad para el inicio de la segunda Clínica
que la delegación de la Major League Baseball ofrecería en el Victoria de
Girón, en la última jornada de su intercambio académico con la Federación
Cubana de Béisbol, la pelota me hizo volar hasta 1969.
Estaba en tierra de legendarias figuras. Un hijo de
esta comarca, Ángel Gaspar Pérez, a quien todos le llamamos El Curro, pasaría a
la historia como el Héroe de Quisqueya. El 26 de agosto de aquel año, Cuba y
Estados Unidos se medían por el título del Campeonato Mundial, en República
Dominicana.
Ya en el noveno inning, el “Curro” fue al bate con
un corredor en segunda (Tony González que había entrado por Lázaro Pérez).
Después de varios “fouls”, pegó hit al jardín central e impulsó la del empate.
Con un out, el juego empatado y el “Curro” en primera, otro matancero, Félix
Isasi, se sacrificó, pasando el Curro a segunda, desde donde anotó por otro
sencillo, de Rigoberto Rosique, también de Matanzas. Gaspar actuaba como relevo
en ese partido desde la quinta entrada y selló el noveno y la victoria con dos
ponches. Resumen: impulsó el empate, anotó la ventaja y ganó el juego desde el
montículo.
En el mismo parque, donde las estrellas de las
Grandes Ligas, el estadounidense Clayton Kershaw; el venezolano Miguel Cabrera,
los cubanos José Dariel Abreu y Yasiel Puig, de Cienfuegos; Alexei Ramírez, de
Pinar del Río; y el habanero Brayan Peña; el dominicano Nelson Cruz y el
cubanoamericano Jon Jay, compartían los fundamentos básicos de la pelota con
niños entre ocho y 15 años, el Curro dijo adiós al deporte activo el 20 de
febrero de 1977, casualmente el mismo día del cumpleaños del hoy director del
equipo de Matanzas, Víctor Mesa, otra gloria de los diamantes de la Mayor de
las Antillas.
Y allí, sobre el césped del estadio, junto a los
mediáticos ligamayoristas, dejaban su impronta en los pequeñines, Isasi, el
rey de la bola escondida; Rosique, un maestro de la colocación en la pradera
central; el receptor yumurino Evelio Hernández; el otro enmascarado Pedro Medina,
imponente con su número 31 en las Series Nacionales; Rodolfo Puentes, el de
los Industriales invencibles.
Presa de esa química entre las estrellas del béisbol
estadounidense y cubano, un ensordecedor coro del pueblo que se congregó en las
graderías, sorprendió a todos. La Clínica se detuvo, las gargantas no dejaban
de tronar ¡Junco! ¡Junco!.
La inmensa y fornida anatomía del moreno, del
matancero municipio de Limonar, fue descubierta por los aficionados, quienes le
hicieron bajar al terreno, porque si las estrellas estaban brillando, el
firmamento estaría incompleto sin la presencia de quien fuera el primer cubano
en descoser 400 pelotas que cayeron detrás de las cercas.
Sin apagarse las tribunas y todos con la vista
puesta en home, los miembros del Salón de la Fama de la pelota estadounidense,
Joe Torres y Dave Winfield, le rindieron honor al singular pelotero, lo
abrazaron y le entregaron una camiseta de la MLB, que sin ceremonia alguna se
la encasquetó para compartir con los muchachos que ya le extendían sus manos
para chocarlas con las suyas.
Razón tenía Kershaw cuando dijo que quería descubrir
las emociones de la pelota cubana, de dónde le venía tanta calidad. O el
también destripador de bolas, Miguel Cabrera, al decir en una de sus primeras
frases en Cuba, es un honor estar aquí.
Igual que el día anterior en el Latinoamericano,
en cinco estaciones se repartieron los peloteritos que disfrutaron de una
jornada de emociones y recuerdos, en la que vimos a José Dariel Abreu con
lágrimas en los ojos y rememoré lo que le escuché decirle a la prensa: “Soy una
persona que tengo que darle gracias a Cuba por todo lo que me ha enseñado en el
béisbol. Estoy satisfecho de las cosas que he logrado”, dijo y agregó “me
considero el mismo guajiro que salió de Cruces”.
En Matanzas concluyó el programa de la MLB, en cuya
delegación se encontraban también Tony Clark y Dan Halem. Un amasijo de
sensaciones nos llega. Y como somos una sociedad con criterios, cultura y que
se precia de conocer de pelota, las opiniones pasan desde los que no comprenden
cómo quienes nos abandonaron están aquí, hasta los que piensan que es un
momento para unirnos mediante las bolas, los strikes y los jonrones; pasando
por los del medio, que tratan de conectar a ambos lados.
Lo que vimos en el terreno fue un país y un
movimiento deportivo soberanos, capaz de convivir con las diferencias, de
establecer comunicación entre dos naciones que les corre la pelota por las
venas y que le han demostrado al mundo a través de la historia que tienen una vasta
galería de arte sobre la grama de los estadios; porque son artistas aquellos
que con sus cualidades hacen brotar las emociones de quienes los admiran.
Y mientras veíamos en las jornadas de miércoles y
jueves lanzar a Kershaw o a Peña explicar cómo tira un receptor a primera, en
esas mismas dos jornadas Ciego de Ávila, el campeón defensor; Las Tunas, Granma
y Matanzas, ganaban su primer par de compromisos en la apertura de la segunda
fase de la temporada cubana.
Por
OSCAR SÁNCHEZ SERRA/Granma


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