EL PRESIDENTE: GOBIERNO Y SECTOR PRIVADO DEBEN SER ALIADOS CAUSA COMÚN PROGRESO
SANTO DOMINGO, República Dominicana (9 Diciembre 2015).- Al comparecer por ante la matrícula de la Cámara
Americana de Comercio, el presidente Danilo Medina aseguró que “ningún país del
mundo, en ningún momento de la historia, ha podido alcanzar el progreso
económico y social movido por la acción única y solitaria del Estado”.
Dijo que “Gobierno y sector privado deben ser
aliados en la causa común del progreso y el desarrollo, con justicia social. Así
ha sido en la República Dominicana en los últimos tres años y confiamos en que
lo siga siendo, cada vez más”.
“Por que juntos estamos probando que es posible
alcanzar un gran dinamismo económico y, a la vez, promover la igualdad de
oportunidades y sentar las bases de un nuevo estado de bienestar, donde cientos
de miles de dominicanas y dominicanos dejen atrás la precariedad y se
incorporen a una amplia clase media”, expuso el Gobernante.
Alternativasnoticiosas.com deja íntegro a sus lectores el discurso del Mandatario.
Sr. Gustavo Tavares,
Presidente de la Cámara Americana de Comercio de la
República Dominicana (AMCHAMDR);
Honorable James W. Brewster,
Embajador de los Estados Unidos de América en la
República Dominicana;
Sr. Ricardo Pérez,
Secretario Ejecutivo del Consejo de Directores de la
Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR)
Señores Miembros del Consejo de Directores de la
Cámara Americana de Comercio,
Señores Ministros;
Señores Funcionarios del Gobierno;
Señores Invitados Especiales;
Distinguidos Miembros de la prensa;
Señoras y señores,
Pocos auditorios en el país conocen mejor el estado
de la Nación dominicana y de la economía mundial que éste al que hoy tengo la
oportunidad de dirigirme.
Cuando acepté la invitación que me hiciera la Cámara
Americana de Comercio de la República Dominicana, era plenamente consciente de
la excelente oportunidad que me ofrecía este encuentro con ustedes.
No para venir a hablarles de cuánto creceremos este
año o el que viene.
Ni para saturarlos con todas y cada una de las
acciones en el ámbito social y económico que hemos ejecutado.
No.
No voy a abrumarlos listándole los problemas
ancestrales que hemos venido arrastrando desde décadas.
Ni a destacar los esfuerzos que hemos realizado para
tratar de enfrentarlos de la mejor manera posible con los escasos recursos
disponibles.
Ustedes, mejor que nadie, saben lo que significa
tratar de hacer cosas con presupuestos limitados.
Hoy quiero aprovechar esta oportunidad para
explicarles la visión de país que ha guiado nuestra labor desde que me
juramenté el 16 de agosto del año 2012.
Y sobre todo, para compartir con ustedes mi visión
de los problemas en los que debemos avanzar como país en los próximos años.
Y en esta última parte, también quiero hablarles de
cómo percibimos el papel que ustedes, empresarios y empresarias, están llamados
a jugar en el desarrollo presente y futuro de la Nación.
Y sobre todo, para manifestarles abierta y
francamente, que quien les habla es probablemente el político dominicano más
convencido de que sin la participación decisiva del sector privado como motor
del crecimiento económico, todos los esfuerzos que puedan realizarse desde el
Estado no serán suficientes para lograr el desarrollo integral de la Nación
dominicana.
Ningún país del mundo, en ningún momento de la
historia, ha podido alcanzar el progreso económico y social movido por la
acción única y solitaria del Estado.
Gobierno y sector privado deben ser aliados en la
causa común del progreso y el desarrollo, con justicia social.
Así ha sido en la República Dominicana en los
últimos tres años y confiamos en que lo siga siendo, cada vez más.
Por que juntos estamos probando que es posible
alcanzar un gran dinamismo económico y, a la vez, promover la igualdad de
oportunidades y sentar las bases de un nuevo estado de bienestar, donde cientos
de miles de dominicanas y dominicanos dejen atrás la precariedad y se
incorporen a una amplia clase media.
Amigos y amigas,
Dentro y fuera del país se reconoce todo el esfuerzo
que desde el Gobierno hemos estado realizando para mejorar el clima económico y
de negocios en el país.
No voy a abrumarlos con las mejorías que hemos
logrado en los rankings internacionales, tal como lo han reconocido el FMI, el
BID, JP Morgan, Scotiabank, Citibank, FITCH, Standard and Poors, entre otros.
Sin embargo, también soy consciente de que existen
aún muchas barreras.
Una de ellas, ha sido abordada reiteradamente por
esta Cámara Americana de Comercio.
Me refiero al freno al desarrollo que impone el
deficiente y deficitario mercado eléctrico.
Soy consciente de que una buena parte de los aquí
presentes reaccionaron sorprendidos y preocupados cuando desde el Gobierno
tomamos la decisión de construir dos plantas a carbón en Punta Catalina.
Hoy quiero revelarles el porqué nos vimos precisados
a tomar esa decisión.
Los organismos internacionales de financiamiento,
los bancos de inversión y las firmas calificadoras de riesgo, venían
resaltando, desde hace años, la necesidad de invertir en tecnologías de
generación que permitiesen reducir el costo promedio de producir electricidad
en el país.
No sólo para mejorar la competitividad, sino
también, para reducir la carga fiscal que este sector ha representado y sobre
todo el peso que provoca en los niveles de endeudamiento del país.
Teníamos, y todavía tenemos, un parque con una muy
elevada participación de plantas que consumen derivados de petróleo.
Todos indicaban que era urgente y necesario modificar
la matriz de generación.
Pero los reclamos quedaban en el aire.
Daba la impresión de que algunos apostaban más a la
prolongación de la vigencia de acuerdos y contratos, que a la necesidad de
invertir en nuevas tecnologías, capaces de generar electricidad a precios más
bajos.
Pero como el destino me colocó en la Presidencia de
la República, frente a esta situación, el Estado tenía que actuar.
Y actuamos!
Fue por eso que tomamos la decisión de invertir en
las dos plantas de Punta Catalina.
Mientras simultáneamente iniciábamos las gestiones
para pagar anticipadamente la deuda con Petrocaribe y PDVSA, con el fin de
lograr un descuento que redujera la deuda pública del país en una cantidad
similar al monto total que terminaremos invirtiendo en Punta Catalina.
Con esa inversión dejamos saber claramente al
mercado eléctrico y a todos sus agentes, cuál era y es la política del Estado
en materia del costo de generación.
¿Significa lo anterior que quien les habla favorece
que el Estado opere como empresario en la generación de electricidad?
En lo absoluto.
Lo que significa es que el Estado no podía
permanecer de brazos cruzados frente a un costo de generación que se negaba a
bajar.
En parte por las rentas excesivas que se derivan de
varios contratos de compra y venta de energía todavía vigentes.
Además del costo que para el momento tenían en el
mercado internacional los productos derivados del petróleo.
Quiero aprovechar la oportunidad que se me ofrece
hoy en este escenario para anunciar al país que el Gobierno dominicano desea
contar con la participación privada, nacional y extranjera en la empresa de
generación de
Punta Catalina.
Nuestro objetivo primordial era, es y seguirá siendo
bajar el costo de la generación, no aumentar la participación del Estado en las
empresas eléctricas del país.
Pero, además, queremos declarar nuestro interés en la eliminación de todas las trabas que han
impedido la deseada conversión y operación a gas natural licuado de plantas ya
existentes en el país, lo que sería posible con la construcción del gasoducto
desde Andrés y otro proyecto similar que se está estudiando en área Noroeste.
Empresarias y Empresarios,
Otra barrera que limita la inversión privada en
nuestro país es la ausencia de un mercado de tierras transparente y creíble.
Si los derechos de propiedad no están claramente
definidos en un mercado, difícilmente la inversión fluirá hacia el mismo.
Cuando dimos a conocer la meta de 10 millones de
turistas a ser alcanzada en un período de 10 años, éramos conscientes de que
necesitaríamos prácticamente duplicar la oferta hotelera del país.
Y, a pesar de que hemos ido eliminando escollos y
opacidades en algunas geografías atractivas para la inversión hotelera, todavía
nos queda un largo camino por recorrer.
Desde el Gobierno hemos sido pacientes, esperando
que muchos casos y litis puedan ser resueltos en el ámbito de la justicia.
Como debe ser.
Sin embargo la dilación es un crimen si la misma
impide a miles de dominicanas y dominicanos tener la oportunidad de un trabajo
que le permita dar sustento a sus familias.
La indefinición derrumba las esperanzas de los
residentes de esas geografías que están a la espera de inversiones creadoras de
empleos y riqueza.
Además, las deficiencias en el mercado de tierras no
se limitan a las barreras que impone a la inversión privada nacional y
extranjera.
Cientos de miles de familias dominicanas, en su
mayoría viviendo en la pobreza, son obligadas a residir en viviendas no
tituladas.
Al margen de la legalidad.
Y quien les habla no puede ser indiferente ante este
problema.
Por el contrario, hemos estado trabajando
arduamente, con la Comisión Nacional de Titulación, para resolver, de una vez y
por todas, esta situación.
Y quiero anunciar que, en coordinación con la
Jurisdicción Inmobiliaria, hemos acordado dar el apoyo financiero necesario
para que la misma pueda agilizar los procesos.
Y a partir de enero del próximo año comenzaremos a
entregar decenas de miles de títulos de propiedad definitivos.
Este es uno de los retos más grandes que tiene el
Estado Dominicano y una de las áreas a la que debemos dedicar más esfuerzos.
No podemos mantener a cientos de miles de
dominicanos en la pobreza, porque desde el Estado no hayamos avanzado lo
suficiente para regularizar y formalizar la titulación de propiedades poseídas
informalmente, pero no legalmente reconocidas.
Hablamos de familias que, a pesar de tener un
capital, tienen en la práctica, - como lo ha denominado el economista peruano
Hernando De Soto-, un capital muerto, pues no cuentan con el sustento legal que
lo convierta en un activo transable.
Es inaceptable que ese capital muerto permanezca en
esa situación, sabiendo todos que sus poseedores son personas pobres.
Mucho menos, si podemos resucitarlo con la dotación
de títulos de propiedad.
Una de las razones por las cuales nuestra economía
sigue exhibiendo un índice bajo de profundización financiera de cartera, es
precisamente, que cientos de miles de dominicanos y dominicanas no son sujetos
de crédito, pues no cuentan con nada que puedan ofrecer en garantía.
La titulación masiva de propiedades creará un
ejército de garantías que servirán para multiplicar los niveles de préstamos
que hoy confieren los bancos nacionales e internacionales establecidos en
nuestro país.
Y, lo más importante, llevarán certidumbre y
tranquilidad a miles de hogares que actualmente viven en la precariedad.
No les quepa duda de que estamos haciendo y vamos a
seguir haciendo, todo lo humanamente posible para terminar con esta situación
de injusticia y para garantizar la seguridad jurídica y los derechos
adquiridos.
Amigas y Amigos,
Otra área fundamental para el empresariado, en la
cual podemos exhibir avances considerables, es la infraestructura vial,
portuaria y aeroportuaria del país.
Contamos con una de las infraestructuras viales
mejor calificadas de la región.
Y una abundante dotación de infraestructura
portuaria y aeroportuaria.
Pero tenemos que seguir mejorando si queremos
equipararnos a la oferta existente en otras áreas del mundo como el
sudeste asiático.
Yo lo tengo tan claro como ustedes.
No competimos únicamente con nuestra región.
Debemos ser capaces de competir con todo el mundo.
Porque sin infraestructura no hay desarrollo.
La realidad, sin embargo, es que el gobierno no
cuenta con los recursos para asumir en solitario esta responsabilidad.
Necesitamos la participación decidida del sector
privado.
Y esto me lleva, señoras y señores, a hablarles de
otro eje fundamental del modelo de país que estamos construyendo: la creación
de alianzas publico-privadas.
Porque sabemos que, aunque las capacidades del
Estado son fundamentales para desarrollar el país, nunca van a ser suficientes.
Por eso, solo forjando grandes alianzas, sólidas y
duraderas, basadas en la confianza mutua y en la palabra cumplida, lograremos
enfrentar con éxito los grandes retos del país.
Solo mediante los grandes acuerdos seremos capaces
de construir los cambios profundos que necesitamos y las soluciones duraderas
que merece nuestra gente.
Por eso, si recuerdan, en 2012 les dije que, además
del diálogo, íbamos a buscar nuevos
instrumentos legales para mejorar el financiamiento de este tipo de iniciativas
conjuntas y hacerlas factibles y productivas.
Y esos instrumentos los estamos poniendo ya a
funcionar.
Me refiero principalmente a la Ley de Fideicomiso,
pero también a la ley de concesiones, actualmente en el Congreso, y a la Ley de
Asocios Público-Privados, que nos abrirá un nuevo campo de colaboración para
los contratos entre el Estado y organizaciones privadas.
Tenemos que ser capaces de ampliar nuestras infraestructuras,
evitando que los gastos de inversión repercutan negativamente en las finanzas
públicas.
Y esto podemos lograrlo a través de programas bien
transparentes de inversiones realizadas y gestionadas por empresas
concesionarias o asociaciones
público-privadas.
Es cuestión de medir bien los riesgos, y definir
plazos económicos y políticamente razonables para la recuperación de la
inversión.
Ya estamos trabajando, en el marco de la Iniciativa
para la Productividad y Competitividad Nacional, una propuesta legislativa para
dotar al país del marco legal e institucional que nos permita tener una moderna
y completa ley de asociaciones público privadas.
Señoras y Señores,
Las alianzas público-privadas deben orientarse
también a la solución de una de las barreras más serias que enfrenta nuestra
nación en su jornada hacia el desarrollo integral.
Me refiero a la ausencia de un sistema moderno de transporte
público masivo de pasajeros en los principales centros urbanos del país,
especialmente, en el Gran Santo Domingo y en Santiago.
El creciente e irritante congestionamiento del
tráfico genera costos económicos y medioambientales considerables.
El Distrito Nacional se ha convertido en la zona
urbana de la región con mayor densidad de vehículos por cada 1,000 habitantes.
Y la ciudad sigue creciendo hacia arriba.
Lo cierto es que, hoy en día, adquirir un vehículo
de transporte constituye una necesidad fundamental.
Y, aunque para muchos esto constituye un reflejo de
progreso, en realidad, no lo es.
Como ya he dicho en otras ocasiones, un país
realmente desarrollado no es aquel en el que los pobres se mueven en vehículos
propios, sino aquel en el que hasta los ricos prefieren utilizar el transporte
público.
Recursos que hoy los dominicanos tienen que dedicar
a comprar un automóvil, darle mantenimiento y adquirir combustibles, podrían
destinarlos a áreas más productivas, si contásemos con un sistema moderno y
confortable de transporte público de pasajeros.
Y la solución para este problema requiere, una vez
más, que Estado y sector privado aúnen esfuerzos y recursos para dotar a
nuestros principales centros urbanos de soluciones efectivas y confortables
para el transporte público masivo de pasajeros.
Ya estamos trabajando en soluciones ingeniosas como
el teleférico de Santo Domingo, además de la ampliación del metro y otras
medidas que permitirán a los ciudadanos viajar con dignidad.
Sin embargo, quiero aprovechar la ocasión para
extender una invitación a todos los empresarios del transporte público de
pasajeros.
Llegó el momento de sentarnos para acordar el
sistema óptimo de transporte público, capaz de ofrecer un servicio eficiente y
decente a millones de dominicanos y dominicanas, que a diario necesitan
transportarse para ir a su trabajo.
Es previsible que esas respuestas incluyan la
creación de nuevas líneas de Metro.
Complementadas con un articulado Sistema de
Autobuses de Tránsito Rápido.
Tranvías y nuevas flotas de buses, entre otras
posibles soluciones, como existen ya en otras ciudades de Latinoamérica y del
mundo.
Este es, además, un mercado muy atractivo para la
inversión, por los niveles de retorno que puede generar.
Para que se tenga una idea, sólo en el Gran Santo
Domingo la demanda diaria supera los 3 millones de pasajeros, generando un
mercado anual de casi 24,000 millones de pesos.
Por eso, los invitamos a participar en este tema y
ser parte de la solución.
Lo que perseguimos es que los actuales empresarios
del transporte público de pasajeros y aquellos que estén en disposición de
participar junto con ellos en este mercado, contribuyan con el Estado en el
necesario proceso de humanización, adecentamiento y modernización de un
servicio fundamental para todo el pueblo dominicano.
Con este esfuerzo vamos a dar un paso de avance
extraordinario para formalizar millones de transacciones diarias que tienen
lugar en efectivo, provocando pérdidas incluso para los actuales empresarios
del sector.
La reforma generará beneficios para los empresarios
del transporte.
Para el sistema financiero.
Para el Estado.
Para el medio ambiente.
Para los usuarios de la infraestructura vial gracias
al descongestionamiento que producirá.
Pero sobre todo, para los millones de dominicanos y
dominicanas que a diario sufren por la ausencia de un sistema decente y
confortable de transporte público de pasajeros.
Amigas y Amigos,
Otra área que quiero que abordemos juntos es el
previsible desfinanciamiento del Sistema Dominicano de Seguridad Social en el
ámbito de la salud, que tendría lugar si, por presiones entendibles, destruimos
la consistencia que debe existir entre la contribución y la cobertura.
Ya tenemos 6.4 millones de afiliados a los dos
regímenes de seguro de salud.
Lo que no puede ser cubierto por las contribuciones
y el subsidio cruzado dentro del régimen contributivo, termina corriendo por
cuenta del Estado.
Todos debemos reconocer la necesidad de que la
población pueda contar con una cobertura cada vez más amplia en los diferentes
planes de salud.
Pero el sentido común nos dice que sería
irresponsable hacerlo sin contar con los recursos que permitan financiar dicha
ampliación.
Debemos ponderar, desde ya, el impacto sobre el sistema
que tendrá en el largo plazo el creciente envejecimiento de la población
dominicana, principalmente la que aporta al régimen contributivo, el cual
contrasta con la dinámica de la población acogida al régimen subsidiado que se
financia con recursos fiscales.
Todos los sectores, gobierno, empresarios,
trabajadores y sociedad organizada, debemos sentarnos para definir las reformas
y acciones que nos permitan evitar un desfinanciamiento que terminaría
comprometiendo la fiscalidad, en un país donde al Estado no le sobran recursos.
Señoras y señores,
Hay otro tema de crucial importancia para el futuro
de la nación que quisiera abordar con ustedes.
La nación ha comenzado a entrar en una etapa en la
cual vamos a requerir de un número creciente de empresarios y empresarias que
estén en disposición de asumir los riesgos intrínsecos de una economía social
de mercado.
No es por casualidad que desde la Presidencia de la
República nos hemos empeñado en ir desmantelando muchas de las barreras y
trabas que contribuyen a conformar una economía de costos elevados.
Nuestro propósito es avanzar lo más rápidamente
posible hacia una economía de costos competitivos.
Logrado eso, los incentivos fiscales dejarán de
operar como mecanismos de compensación para la inversión privada en un ambiente
de costos elevados, y solo deberán continuar en aquellas áreas estratégicas
para el desarrollo y la competitividad nacional.
Muchos de ustedes se preguntarán el porqué de este
razonamiento.
La respuesta a esa pregunta la encontramos en la
concepción de que en el mediano y largo plazo, el mejor incentivo que puede
recibir una empresa es el representado por una demanda creciente para los
productos y servicios que ofrece.
En la medida en que debilitemos la capacidad
recaudatoria del Estado, erosionamos su
capacidad para acelerar la emigración de la población que vive en la pobreza
hacia el estrato de clase media.
No hacemos más que retardar el necesario crecimiento
de la deseada demanda interna.
No hay mejor incentivo para una empresa que el
aumento sostenido del número de consumidores a los cuáles puede ofrecer sus
bienes y servicios.
Quizás ahora se comprenderá el porqué de mi
preocupación constante con la erradicación de la pobreza y la conformación de
una creciente clase media en nuestro país.
Quizás ahora se entenderá el porqué, a pesar del bajo nivel de los
ingresos tributarios, firmé y honré el compromiso de invertir el 4% del PIB en
Educación.
Quizás ahora se comprenderá el porqué he dedicado
tiempo y esfuerzo para que el financiamiento llegue no sólo a las medianas y
grandes empresas del país, sino también a los pobres, a las micro y a las
pequeñas empresas.
Quizás ahora se entenderá el porqué me he esmerado
en promover la creación de empleos.
En mejorar los niveles salariales hasta donde nos
permitan las recaudaciones.
Y en seguir atrayendo más inversión extranjera.
Todo lo que hemos hecho hasta ahora ha perseguido el
objetivo final de convertir la República Dominicana en una nación con una
poderosa y creciente clase media.
Y lo vamos logrando, solo tenemos que ver, por citar
un ejemplo reciente, lo que ocurrió en el comercio local el recién pasado
“viernes negro”, que alcanzó un nivel de ventas sin precedentes.
Es mucho lo que nos falta por hacer, pero también es
mucho lo que hemos avanzado en los 1,210 días de trabajo desde que asumimos la
Presidencia de la República.
En septiembre del año 2012, la clase media representaba el 20% de la
población.
En marzo del 2015, el tamaño de la clase media había
subido a 29%.
Para acelerar el crecimiento de la clase media
necesitamos crear las condiciones para que el 44% de la población que no es
pobre, pero que vive en condiciones de vulnerabilidad, pueda mejorar sus
ingresos y condiciones de vida y pasar a formar parte de nuestra clase media.
Y la realidad, queridos empresarios y empresarias,
es que el Estado por sí sólo no puede lograrlo.
Trabajamos para llevarles certeza y tranquilidad,
para que puedan desarrollar sus actividades en las mejores condiciones.
Pero sabemos también que es fundamental contar con
un sector privado comprometido con el desarrollo de todos, con la responsabilidad
social de sus empresas y con la transparencia y el buen hacer.
Me complace poder decir que es mucho lo que ya hemos
logrado juntos.
Tanto, que no faltan voces que nos felicitan en el
exterior, ni líderes de países vecinos que quieren conocer mejor cual es
nuestro secreto para seguir creciendo y reduciendo la desigualdad.
Sin embargo, no vamos a quedarnos en la
autocomplacencia con lo que ya hemos logrado. Todo lo contrario.
Es hora de renovar nuestros esfuerzos.
Este es el momento de actuar con la máxima
responsabilidad e inteligencia, con compromiso y más allá de intereses
particulares.
Es la oportunidad de mostrar el verdadero amor a
nuestra patria, trabajando juntos para reducir sustancialmente la brecha entre
ricos y pobres y, hacer posible que millones de dominicanos y dominicanas se
inserten definitivamente en la clase media.
Porque solo así, con la incorporación definitiva de
las grandes mayorías al tren del progreso lograremos realmente que el
desarrollo sea sostenible y se mantenga en el tiempo.
Esta es la ocasión que esperábamos para que nuestro
país dé un salto cuantitativo y, sobre todo, cualitativo.
Pero para eso debemos dejar atrás viejos paradigmas
y romper con nuestros miedos y recelos.
Debemos atrevernos a pensar con audacia, desde la
confianza mutua y el compromiso.
Señoras y señores,
Soy consciente que la debilidad institucional
constituye una traba no sólo para las inversiones sino también, para el
desarrollo de las naciones.
No puede haber desarrollo integral en un país sin
instituciones fuertes.
Tener instituciones fuertes es una condición
necesaria para el progreso de las naciones.
Para que el desarrollo llegue a todos, es fundamental fomentar las
instituciones inclusivas.
Las que favorecen, bajo un mismo sistema de leyes y
reglas, la participación de todos en la
distribución de los frutos del crecimiento.
Nuestro gobierno ha realizado un esfuerzo sin
precedentes en favor del fortalecimiento institucional y la transparencia.
En el discurso que pronuncié ante la membresía de la
Fundación Institucionalidad y Justicia el pasado 23 de noviembre, describí
todas y cada una de las acciones que hemos realizado a favor de la
institucionalidad.
Este discurso esta disponible en la página Web,
PRESIDENCIA.GOB.DO
Son iniciativas que hablan de un gobierno y de una
sociedad que están decididas a hacer frente, juntos, a los males que han
pervivido en nuestro país durante demasiado tiempo.
Y en este punto, si me lo permiten, quisiera ser muy
enfático.
A todos los dominicanos y dominicanas les digo:
pueden estar seguros, estamos juntos en esto.
Estamos del mismo lado.
Del lado de la rectitud, de las cosas bien hechas,
de la honestidad.
Y desde ese
lugar vamos a librar juntos esta buena batalla por la transparencia y el
imperio de la ley.
No vamos a esconder la cabeza.
No vamos a mirar para otro lado.
Sabemos que en nuestra sociedad dominicana hay malas
prácticas y sabemos también que, como país y como Gobierno, nos corresponde
hacerles frente.
Por nuestra parte, vamos a continuar en esta senda:
aumentado los mecanismos de control, mejorando procesos, racionalizando los
recursos y contando siempre con el pueblo dominicano como aliado en esta lucha fundamental.
Ustedes, estimados empresarios y empresarias, saben
bien que nuestro gobierno ha estado siempre del lado de la seguridad jurídica,
de la predictividad, de las reglas claras e iguales para todos y del imperio de
la ley, sin excepciones, ni privilegios.
Creemos firmemente que el fortalecimiento
institucional es el único camino para la verdadera justicia y actuamos siempre
en consecuencia.
Y aquí quisiera detenerme un momento.
Sabemos que la justicia en nuestro país enfrenta difíciles
retos en este momento.
Como Presidente de la República y firme defensor de
nuestra institucionalidad, defiendo y respeto absolutamente la separación de
poderes que establece nuestra Constitución y que dota de completa autonomía al
poder judicial.
Pueden estar seguros de que el poder ejecutivo,
mientras esté bajo mi mandato, no incurrirá jamás en ningún tipo de injerencia
sobre otro poder del Estado.
Sin embargo, como ciudadano y defensor de la
legalidad, no puedo tampoco permanecer al margen de las preocupaciones que vive
nuestro pueblo.
En este sentido, confío en que las instituciones y
mecanismos de que nos ha dotado nuestra Constitución, para garantizar el
correcto ejercicio de la justicia en nuestro país, cumplan su cometido a
cabalidad y en toda circunstancia, dando así cumplida y satisfactoria respuesta
a la sociedad dominicana.
Amigos y amigas,
No quiero despedirme de ustedes sin hacer una breve
reflexión acerca del modelo de país que estamos construyendo y que debemos
profundizar en los próximos años.
Nuestro rumbo siempre ha sido claro.
Todas las medidas económicas, todas las políticas de
crecimiento, todos los avances que podamos lograr solo tienen sentido si
contribuyen a mejorar la vida de la gente.
Si nos permiten terminar con la pobreza y la
exclusión.
Estamos convencidos de que el verdadero desarrollo
no es posible sobre los débiles cimientos de la riqueza de unos pocos y la
necesidad de muchos.
Como tampoco es posible crecer con firmeza sobre las
bases de la ignorancia, de la precariedad y el olvido.
Sin embargo, no basta con preocuparse, este es un
asunto en el que debemos, sobre todo, ocuparnos.
Debemos seguir trabajando para hacer realidad una
sociedad donde la educación, la salud, el empleo y la seguridad social no sean
un lujo, sino un derecho.
Donde siempre haya un plato de comida en la mesa y
un hogar para descansar junto a los seres queridos.
Porque solo así acabaremos con el caldo de cultivo
de otras prácticas que debilitan nuestra sociedad, como el clientelismo, la
explotación de las personas o el abuso de poder.
Es necesario combatir la raíz de los problemas.
Es decir, transformar las condiciones de vida de las
grandes mayorías.
Ese ha sido nuestro objetivo día tras día.
Esa es siempre nuestra brújula.
Por eso, en cada acción y cada política pensamos
primero en nuestros niños, en nuestros jóvenes, en nuestros enfermos, en las
madres que cuidan de sus hijos en solitario, en los ancianos, en los que buscan
su primer empleo, en los que perdieron su trabajo y viven desesperanzados.
En definitiva, en todos aquellos que necesitan una
mano extendida para montarse al tren del progreso.
Por eso nuestra prioridad es construir hospitales
dignos, escuelas modernas, viviendas dignas y carreteras seguras.
Nuestra apuesta es la de construir un país de
oportunidades para todos que nos permita mantener el rumbo y acelerar los
cambios.
Porque somos mejores y nuestro país es mejor cuando
todos y cada uno tienen acceso a un futuro seguro.
Porque somos mejores y nuestro país es mejor cuando
trabajamos juntos por el bien de todos.
Porque somos mejores y nuestro país es mejor cuando
cada uno hace lo que debe, contribuye con lo que le corresponde y todos jugamos
con reglas iguales.
Ese es el país que queremos construir.
Un país compuesto de ciudadanos que caminan con la
cabeza alta y una sonrisa en el rostro.
Responsables de su destino y capaces de liderar el
futuro del país.
Confiados en que ese futuro está lleno de esperanza
y oportunidades.
Los invito a ser protagonistas de este proceso, los
invito a caminar y trabajar juntos en esta República Dominicana que avanza
segura de sí misma, hacia la realización de todos sus sueños.
Muchas gracias!


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