EL PAPA FRANCISCO PIDE UNA IGLESIA CERCANA A DIVORCIADOS Y GAIS EN UN LIBRO ENTREVISTA
ROMA, Italia (12 Enero 2016).- La Iglesia se debe
mostrar cercana a todos, incluidos divorciados y gais, según reflexiona el papa
Francisco en su primer libro entrevista, escrito con el periodista italiano
Andrea Tornielli y que hoy se presenta en Roma.
El libro, basado en preguntas breves y sencillas a
las que el papa contesta extensamente con numerosas anécdotas y episodios de su
vida, ha sido ya calificado como la encíclica sobre la misericordia que el
pontífice siempre ha querido escribir.
“El nombre de Dios es Misericordia. Una conversación
con Andrea Tornielli”, que sale hoy a la venta en 86 países y ha sido traducido
a 16 idiomas, es también una especie de “manifiesto” del Año Santo que acaba de
comenzar sobre este tema.
El “vaticanista” de La Stampa explica cómo para
Bergoglio la Iglesia tiene que calentar “el corazón de las personas con la
cercanía y la proximidad”.
Y las respuestas del papa lo corroboran. “La persona
no se define tan sólo por su tendencia sexual- no olvidemos que somos todos
criaturas amadas por Dios, destinatarias de su infinito amor.
Yo prefiero que las personas homosexuales vengan a
confesarse, que permanezcan cerca del Señor, que podamos rezar juntos. Puedes
aconsejarles la oración, la buena voluntad, señalarles el camino,
acompañarlos”, dice Francisco sobre la posición de la Iglesia respeto a los
gais.
Una cercanía también hacia las personas divorciadas
y vueltas a casar a quienes la Iglesia católica excomulga y aparta. “Abrazadlas
y sed misericordiosos, aunque no podáis absolverles. Dadles de todos modos una
bendición”, añade el papa.
La novedad del libro está en la sencillez del
lenguaje del papa y en los ejemplos de cotidianeidad y testimonios de su vida.
“Yo tengo una sobrina que se ha casado civilmente con un hombre antes de que
éste obtuviera la nulidad matrimonial.
Querían casarse, se amaban, querían hijos y han
tenido tres (…) Este hombre era tan religioso que todos los domingos, yendo a
misa, iba al confesionario y le decía al sacerdote- ‘Se que usted no me puede
absolver, pero he pecado en esto y en aquello otro, déme una bendición’.
Esto es un hombre formado religiosamente”, pone como
ejemplo el papa. El papa cuenta sobre una mujer, cuando él era cura en Buenos
Aires, que trabajaba como prostituta para dar de comer a sus hijos y que un día
fue a la parroquia a darle las gracias.
“Yo creía que se trataba del paquete con los
alimentos de Cáritas que le habíamos hecho llegar- ‘¿Lo ha recibido?’, le
pregunté. Y ella contestó- ‘Sí, sí, también le agradezco eso.
Pero he venido aquí para darle las gracias sobre
todo porque usted no ha dejado de llamarme señora’”, relata. El papa también
critica la falta de misericordia de una iglesia aún existente que niega el
funeral a un recién nacido porque murió sin bautizar.
“Pecadores sí, corruptos no”, es otro de los
capítulos del libro, en los que el pontífice critica sin tapujos la corrupción.
La imagen del corrupto para el papa es sencilla y clara- “Es el que se indigna
porque le roban la cartera y se lamenta por la poca seguridad que hay en las
calles, pero después engaña al Estado evadiendo impuestos y quizá hasta despide
a sus empleados cada tres meses para evitar hacerles un contrato indefinido”.
El libro también es una confesión del papa sobre que
echa de menos su papel de confesor para perdonar- “Ahora confieso menos, pero
aún lo hago. A veces quisiera poder entrar en una iglesia y sentarme en el
confesionario”.


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