EVANGÉLICOS: LA CORRUPCIÓN ES UN MONSTRUO QUE MINA LA PAZ Y GENERA POBREZA
SANTO DOMINGO, República Dominicana (2 Enero 2016).-
La corrupción es un monstruo que mina la paz y la tranquilidad, al tiempo que
genera pobreza, enfermedad, carencia de bien y delincuencia, afirmó el pastor Ezequiel Molina Rosario frente a
tres candidatos presidenciales, incluido el Presidente de la República, al
predicar el sermón titulado: “Un grito de libertad”, durante la concentración
La Batalla de la Fe 2016.
La actividad, que realizada cada primero de enero en
el estadio Félix Sánchez, del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, contó con la
presencia del presidente Danilo Medina, y los candidatos Luis Abinader y
Pelegrín Castillo.
Hablando sobre la situación del país, dijo que la
corrupción se manifiesta en todos los estamentos de la sociedad, tanto en la
vida pública como en la privada; en las altas esferas, como en las bajas; en
los sectores ricos, como en los pobres.
Asimismo, indicó que existe corrupción hasta en los
medios de comunicación, que “no publican lo que deberían, sino lo que es
conforme a sus intereses”.
Molina manifestó que la corrupción que más afecta a
los dominicanos es la administrativa, la que, a su entender, es como una cadena
que coarta la libertad de los dominicanos
Sobre el particular, expresó que los partidos
políticos tienen una gran cuota de responsabilidad, porque, como indicó, se han
puesto de acuerdo para mantener un sistema de corrupción.
“En vez de ser instrumento de equidad y de
distribución, los partidos se han convertido, a decir de mucha gente, en una
cueva de víboras devoradoras que han socavado el erario público”, afirmó el
reverendo ante las miles de personas que asistieron al evento.
Destacó que muchos políticos son honestos y serios,
pero que hay muchos otros que van a las instituciones a llenarse los bolsillos
con el dinero del Estado, mientras “el pueblo con el grito al cielo, muere de
hambre”.
Y expresó que la corrupción debe ser enfrentada por
el pueblo en general.
El religioso entiende que ese flagelo no puede
ignorarse y mucho menos permitirse que arrope la sociedad.
Por EMILIO GUZMÁN/Hoy


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