QUITO (20 Abril 2016) Un nuevo temblor golpeó
Ecuador el miércoles de madrugada, alcanzando una magnitud de 6,1 en la peor
réplica que sufre el país tras el letal terremoto del sábado que dejó más de
500 muertos. No se informó de nuevos daños en un primer momento.
Entre los muertos había al menos 11 extranjeros:
tres de Colombia, tres de Cuba, dos de Canadá y uno de República Dominicana, Estados
Unidos, Inglaterra e Irlanda El servicio geológico de Estados Unidos (USGS, por
sus siglas en inglés) situó el epicentro del temblor en el mar, 25 kilómetros
(15 millas) al oeste de Muisne, a las 3:33 de la madrugada, hora local.
La réplica más fuerte hasta ahora había alcanzado
una magnitud de 5,7. Los ecuatorianos han empezado a enterrar a los muertos del
terremoto, mientras se desvanecían las esperanzas de encontrar a más
sobrevivientes.
En la pequeña localidad de Montecristi, cerca del
puerto de Manta, había dos niños entre los enterrados el martes.
Al igual que su madre, murieron el sábado por la
noche cuando compraban material escolar y los sorprendió el terremoto de
magnitud 7,8.
El funeral tuvo que celebrarse en el exterior bajo
una carpa improvisada, porque la iglesia católica del pueblo sufría daños
estructurales y no era segura.
Los familiares lloraban y un hombre se desmayó
cuando se colocaron los ataúdes de los niños en la cripta. Las escenas de luto
se repetían en la normalmente tranquila costa ecuatoriana del Pacífico, donde
el terremoto allanó pueblos y mató a cientos de personas.
Las funerarias se quedaban sin ataúdes para acomodar
a tantas víctimas, y los gobiernos locales pagaban para traer ataúdes desde
otras localidades.
La fiscalía general de Ecuador elevó la cifra
oficial de muertos a 525 el miércoles, pero las autoridades esperaban encontrar
más cuerpos y el Departamento de Defensa dio una cifra de más de 200
desaparecidos. La cifra final podría superar a las bajas de los terremotos en
Chile y Perú de la última década.
Entre los muertos había al menos 11 extranjeros:
tres de Colombia, tres de Cuba, dos de Canadá y uno de República Dominicana,
Estados Unidos, Inglaterra e Irlanda. La fiscalía indicó que 453 de los
fallecidos se habían localizado en las zonas de Manta, Portoviejo y Pedernales.
En medio del dolor por la pérdida hubo destellos de esperanza. Rescatistas
equipados con perros rastreadores, grúas hidráulicas y sondas que pueden
detectar la respiración a gran distancia seguían buscando sobrevivientes entre
los escombros de varias ciudades.
En Manta se encontraron al menos seis supervivientes
el martes.
Los animales
Una de las historias más esperanzadoras era la de Pablo Córdova, que aguantó 36
horas bajo los escombros del hotel donde trabajaba en Portoviejo.
Calmó la sed con su propia orina y oró para que el
servicio de telefonía móvil se restableciera antes de que la batería de su
celular se agotara. Por fin logró llamar a su esposa el lunes por la tarde, y
poco después un equipo de rescatistas colombianos lo sacó de las ruinas. La
esposa de Córdova había renunciado a volver a verle, y se las había arreglado
para comprar un ataúd. “Mi mujer ya me estaba organizando el velorio”, bromeó
en un hospital provincial Córdova, un hombre de bigote espeso y sonrisa fácil.
“Gracias a Dios tengo vida y un ataúd que debo devolver porque aún me falta
mucho para morirme”.


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