PARÍS (11 Julio 2016).- La salida de Cristiano del terreno de juego es como
la retirada de un cuerpo inerte del campo de batalla. Las manos cubren el pudor
de un rostro ensangrentado en llanto.
El enemigo, en pie, aplaude a quien ha
demostrado su valor en tantas lides. Pocas veces ha encontrado este jugador que
jamás deja indiferente semejante unanimidad. Si ha correspondido siempre con la
grandeza que invoca su talla como futbolista, no es momento de juzgarlo.
Seguramente, no. Saint Denis lo hace. Da su aliento a Les Bleus, que se quedan
en la orilla adonde llega una nave alentada por un líder en el lugar de un
náufrago, con las manos alzadas en el horizonte. Nunca la crueldad fue tan
bella.
Esta Eurocopa levantada por Portugal y
luchada por Francia hasta la extenuación no se va a distinguir por el toque
excelso que dejó la España de Iniesta y Xavi, uno de los padrinos de la final,
con su traje de hombre y sus zapatillas de niño que juega a la pelota.
En la
Rue Rivoli de París han permanecido sus imágenes durante el torneo, junto a las
de Zidane, Di Stéfano o Puskas.
La Copa que Xavi colocó en su pedestal, la toma
un jugador enorme al frente de un país con el que el fútbol tenía una deuda,
aunque no la pagara cuando más razones tenía. Le jour de gloire es de
Portugal.
Otro partido con Quaresma
Fernando Santos no saca sus manos de los
bolsillos mientras observa a Cristiano, sentado, quebrado, presa de unas
lágrimas que no puede contener. La entrada de Payet ha dejado maltrecha su
rodilla.
El entrenador parece no inmutarse, como si fuera inútil hacer muecas
al destino. Sus designios son inexorables.
Hay algo idiosincrático en su
actitud. De hecho, Santos tiene el aspecto de esos personajes que retrata el
costumbrismo de Eça de Queriós. Cabizbajo, se mueve por el área técnica como un
paseante que va donde le lleve la calle.
En el campo, sin embargo, la calle se
acaba pronto. Hay que decidir. Cristiano decide seguir y Cristiano decide
marcharse. Salta Quaresma.
Empieza otro partido.Hasta entonces, lo había
dominado Francia, dueña de una salida intensa, con alto ritmo de juego.
La
intención de los anfitriones era abrumar a Portugal, desbordarla, sacarla del
campo y dejar a Cristiano a muchos metros de la pelota. Deschamps mandó arriba
a sus laterales, Evra y Sagna, para crear situaciones de dos contra uno en las
bandas. Los frutos los recogió Payet, el más incisivo por la izquierda.
A
Cédric se le acumulaban los problemas, y más después de ver una tarjeta
amarilla, por lo que Pepe tenía que ofrecerle ayudas. Imperial el central del
Madrid, hasta que sucumbió a la media verónica de Gignac en el área, de uno de
sus escasos errores en la banda, llegó una de las ocasiones más claras de
Francia. Payet lanzó a Griezmann, al vuelo. La mano de Rui Patricio evitó el
gol.
Por ORFEO SUÁREZ/El Mundo


No hay comentarios.: