RÍO DE JANEIRO (18 Agosto 2016).- En la vida hay que
dejar huella. Una que no se borre, que sea eterna en la memoria. Los deportistas
tienen la posibilidad de lograr esa gesta. Seguramente los más de 10.000 que
participan en los Juegos Olímpicos de Río 2016 cierran sus ojos y visualizan
dicha hazaña. Pocos la harán realidad, y ni siquiera su historia logrará
impactar tanto como la de una de los 4.500 atletas paralímpicos que competirán
en la denominada 'Cidade Maravilhosa'.
Marieke Vervoort cerrará sus ojos. Y no solo cada
noche para visualizar sus éxitos deportivos. Esta valiente mujer lo hará para
siempre, cuando finalicen los Juegos Paralímpicos, que se celebrarán entre el 7
y el 18 de septiembre. Luego de tocar la gloria, pese a sus dificultades
físicas, en Londres 2012, con un oro en los 100 metros lisos y la obtención de
la plata en los 200 y los 400 metros lisos, decidió que Río 2016 será su última
competencia, su aliento final, el que cese su vida.
Vervoort se someterá a la eutanasia cuando terminen
los paralímpicos porque el dolor, producto de la enfermedad degenerativa que
padece, es insoportable: “Río es mi último deseo, espero acabar mi carrera con
un podio. Comienzo a pensar en la eutanasia. Pero, a pesar de mi enfermedad, he
vivido lo que otros solo pueden soñar”, expresó en una entrevista a Le
Parisien. Su fecha de deceso está pactada para el 2017; la de su nacimiento, el
10 de mayo de 1979, en Diest, Bélgica.
En su país la eutanasia es legal desde 2002 para los
pacientes que sufran enfermedades físicas o psíquicas incurables. Es el caso de
ella, quien en 2008 tuvo que dejar de lado su pasión por el triatlón adaptado
–disciplina de la que fue doblemente campeona del mundo- por el mal que la dejó
postrada en una silla de ruedas. En ese momento entendió que para seguir ligada
a su amado deporte debía hacerlo practicando el carrovelismo (esquí sentado), y
en las carreras en sillas de ruedas.
La huella que dejará Vervoort no se esfumará,
porque, entre otros hechos, en 2015, sentada en el objeto que hace transitar
sus sueños, fue campeona del mundo en Doha. En ese certamen, además, rompió
récords en los 400, 800, 1.500 y 5.000 metros. Su meta en estas olimpiadas es
repetir el oro en los 100 metros lisos y alcanzar un metal preciado en los 400.
Ella, la luchadora de vida, Marieke Vervoort, que en
ocasiones solo puede dormir 10 minutos por noche debido al intenso dolor que le
produce la enfermedad, desea que el mundo entienda que los sueños tienen que
ser dorados y “que todo el mundo tenga una copa de champán en la mano, y un
pensamiento para mí”.
Fuente:
EL ESPECTADOR


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