RÍO DE JANEIRO (4 Julio 2016). Será un vuelo de unas
11 horas en unas condiciones excelentes. Sin bar y sin televisión en el
asiento, pero en cómodos boxes individuales, acompañados por sus particulares
azafatas, veterinarios, aire acondicionado y alimentos de primera categoría.
Todo para que los caballos Olímpicos lleguen a Río
en la mejor de las condiciones.
Más de 300 caballos competirán en los Juegos
Olímpicos Rio 2016 en las tres modalidades de saltos (75 caballos y jinetes
clasificados, más 15 reservas), concurso completo ecuestre (65 clasificados, 11
reservas) y Doma (60 caballos y 10 reservas), a los que se suman otros 60
animales que competirán con sus jinetes en los Juegos Paralímpicos. Y casi
todos ellos, incluso los del equipo brasileño, vendrán en avión desde Europa.
Antes de volar, los caballos han de pasar 15 días de
cuarentena, que casi todos pasan en cuadras en Europa lo más cerca posible del
aeropuerto de Lieja (Bélgica), desde donde el 6 y el 7 de agosto despegarán dos
vuelos con 60 caballos cada uno.
Los animales viajan en pequeños establos
individuales de 3,5 x 2,5 metros, con protecciones en la patas, y acompañados
por un veterinario y un mozo en todo momento. “Para los caballos es menos
traumático el viaje en avión que en camión, que es como se desplazan
habitualmente cuando están en Europa.
Viajan cómodos, seguros y con todas las
facilidades”, explica Eduardo Álvarez Aznar, jinete del equipo español de
saltos que competirá en Rio 2016 junto a Rockefeller, su caballo. No es para menos. Los caballos son
considerados también atletas de alto rendimiento en los Juegos Olímpicos; y,
además de pasar controles veterinarios, de dopaje y tener su propio pasaporte y
acreditación, su comida se cuida al detalle.
En el avión hay suministro de heno suficiente para
todos los caballos, y con los animales viaja un veterinario y un mozo de cuadra
por cada país. “Cada caballo, que pesa unos 540 kilos, come cinco kilos de
pienso y ocho kilos de forraje diario. Y toda la comida y las vitaminas de cada
animal tenemos que llevarla a Río. En mi caso, como el pienso que comía
habitualmente Rockefeller no se distribuye en Brasil, le cambiamos la
alimentación hace tres meses y está ya habituado al que tomará en los Juegos”,
explica Álvarez.


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