ORLANDO, Florida (12 Agosto 2016).- Donald Trump
admitió que su campaña presidencial enfrenta desafíos y podría
terminar sin éxito, en una poco habitual muestra de humildad por parte del
fanfarrón empresario.
El candidato republicano a la presidencia de Estados
Unidos se ha alejado de su característica bravuconería para hacer campaña en el
disputado estado de Florida, donde llegó a decir ante un grupo de ministros
evangélicos que está "teniendo un problema tremendo en Utah". El
mismo día, el célebre magnate admitió que su falta de corrección política
podría costarle los comicios si los estadounidenses rechazan su actitud brusca.
"Estamos teniendo un problema", dijo Trump
a los ministros, admitiendo que el próximo presidente podría nominar hasta a
cinco jueces del máximo tribunal del país. "Podría costarnos el Tribunal
Supremo".
Tras derrotar a 16 rivales en las primarias
republicanas, Trump enfrenta signos preocupantes conforme su campaña pone la
vista en las elecciones generales. La ventaja de la demócrata Hillary Clinton
en las encuestas nacionales ha crecido en los últimos días, mientras que un
creciente número de republicanos ha declarado que no apoyará al candidato de su
partido.
Esa muestra de conciencia de uno mismo ofrecida por
Trump marca una drástica diferencia respecto a su tono habitual de campaña,
tras meses de mítines en los que recitaba cifras de sondeos que le mostraban en
cabeza como si fueran las estadísticas deportivas de su equipo preferido.
"Vamos a ganar por mucho", afirmó hace un
mes Trump ante un público entusiasta en la Convención Nacional Republicana.
Sin embargo, el jueves se limitó a citar una
encuesta que le situaba unos pocos puntos por debajo de Clinton y alegar que la
carrera entre ambos está ajustada. Cuando se le preguntó cómo pensaba remontar
la diferencia, Trump dijo que simplemente pensaba hacer "lo mismo que
estoy haciendo ahora".
"Al final, o bien funciona o voy a tener unas
largas, muy, muy lindas vacaciones", dijo Trump a CNBC.
Incluso mientras trabaja para restaurar la confianza
en su campaña, Trump pareció cortejar de nuevo la controversia al decir el
jueves por la noche que estaba abierto a la posibilidad de juzgar a
estadounidenses sospechosos de terrorismo en el centro de detención de la bahía
de Guantánamo.
Cuando se le preguntó expresamente por los
ciudadanos estadounidenses, Trump dijo que no le gusta que el presidente, Barack
Obama, y otras personas quieran juzgarlos en cortes tradicionales en lugar de
ante comités militares en Guantánamo.
"Yo diría que se les podría juzgar allí",
comentó. "Eso estaría bien".
En Utah, que suele ser un estado republicano fiable,
las dificultades de Trump han sido especialmente llamativas. La gran población
mormona del país ha expresado un serio escepticismo hacia Trump, aunque el
gobernador republicano del estado le ha respaldado.
"Se ha dado una versión falsa de
nosotros", dijo el empresario sobre sus problemas en Utah.
Sin embargo, en otros estados tradicionalmente
republicanos como Arizona y Georgia, los republicanos temen que la
impopularidad de Trump pueda dar a los demócratas una victoria improbable. Esas
preocupaciones son lo bastante poderosas como para que docenas de republicanos
firmaran una carta el jueves pidiendo al presidente del Partido Republicano que
deje de ayudar a Trump y se centre en proteger a los candidatos vulnerables al
Senado y la Cámara de Representantes.
Trump dijo no estar preocupado de que los
republicanos le dejaran de lado, y amenazó con detener la recaudación de fondos
para el partido si lo hacen.
La campaña de Trump tenía previsto reunirse con
representantes del partido el viernes en Orlando. Pero tanto la cúpula
republicana como el equipo del candidato dijeron que la reunión se centraría en
las operaciones de campaña en Florida y no en las tensiones entre la campaña y
el partido. Las personas consultadas no estaban autorizadas a comentar el tema
de forma pública y solicitaron anonimato.
Las reflexiones inusualmente francas de Trump sobre
la incertidumbre de sus posibilidades se produjeron en medio de sus
dificultades por centrar la conversación en su rival, Clinton, y evitar
distracciones.
El candidato provocó una gran polémica esta semana
con unas declaraciones sobre la Segunda Enmienda que se interpretaron como una
llamada a la violencia contra Clinton, y después provocó otro revuelo tras
declarar el miércoles que el presidente Obama fue el "fundador" del
grupo Estado Islámico, una afirmación claramente falsa.
Son las declaraciones de ese tipo las que Clinton ha
aprovechado para comparar su "liderazgo serio, firme" con la
estrategia más volátil que, afirma, tomaría Trump si gobierna el país.
"Simplemente no creo que los insultos y el
acoso sean la forma en que vamos a conseguir cosas", dijo Clinton el
jueves cuando presentó su plan económico en Warren, Michigan.


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