SIDNEY, Australia (5 Agosto 2016).- Aquel día a la
australiana Holly Hodgson le hacían la ecografía de las 12 semanas y todo
apuntaba a que sería la primera vez que vería ‘de verdad’ a su bebé y quizá
hasta saber si sería un niño o una niña.
Pero el día que estaba destinado a ser recordado por
cosas tan felices, lo fue por otras y bien distintas.
Cuando le estaban haciendo la ecografía, el
especialista se dio cuenta de que algo no estaba bien en el bebé Alrededor de
donde estaba su vientre había algo más como flotando alrededor.
¿Qué
era aquello?
Sus intestinos que, en vez de estar dentro de su
abdomen, se había malformado y habían quedado visibles por fuera.
En aquel momento, su médico fue extramadamente claro
y directo con Holly: el defecto congénito recibía el nombre de gastrosquisis y
su recomendación vehemente era que interrumpiera el embarazo inmediatamente
pues había un índice bajísimo de casos de supervivencia en fetos con esta
malformación.
Pero Holly y su marido Stephen decidieron que no lo
harían. El mismo día que el doctor les habló de la gastrosquisis ambos se
pusieron a investigar y descubrieron que el 95 por ciento de los bebés a los
que se les diagnostica de este defecto sobreviven el embarazo. Y así nació
Teddy, el 14 de diciembre de 2015, un bebé que cómo dice su orgullosa madre en
declaraciones concedidas al Daily Mail “es súper feliz.
Le encanta poner caras divertidas y balbucear.
Siempre está sonriendo, haciendo carantoñas y mimos a todo el mundo, hasta a quien
no conoce. Es tan mono…”.
Según se desarrolló su embarazo, Holly y Stephen
fueron aprendiendo más y más sobre la gastrosquisis, como que es un defecto que
aparece entre uno de 5.000 bebés y que se puede hacer un seguimiento monitorizado
constante.
De hecho, en la Maternidad de Brisbane, de donde son
Holly y Stephen, les precisaron que podrían ver cómo evolucionaba cada quince
días, gracias a una sencilla ecografía.
Ambos no pueden estar más felices de haber buscado
una segunda opinión después de la fatídica conclusión que le dio el doctor que
le llevaba su embarazo. “Qué imprudencia más grande cometió al aconsejarme que
abortara”, dice con tristeza Holly Hodgson.
Pero lo importante para ellos es que Teddy está vivo
y que, aunque nació prematuro, los doctores rápidamente pusieron todo en su
sitio para que la vida del recién nacido no corriera peligro. ¿Cómo lo
hicieron? Tuvieron que esperar casi quince días a que su aparato digestivo
terminara de formarse y crecer del todo, ya que nació antes de tiempo. De esta
manera, se aseguraron de que podían meterle los intestinos en el abdomen.
Durante esa quincena, sus intestinos estuvieron metidos en una bolsa, mientras
él estaba tumbado boca arriba. Todo fue bien y Teddy pudo ir a casa con sus
padres ocho semanas más tarde.


Es lo mejor que pudite hacer te felicito
ResponderBorrarHola hoy estoy muy tristes pues nos dimos cuenta que nuestro bebé tiene esa mala formación y estamos tristes la verdad
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