LA HABANA (12 Agosto 2016).- Fidel Castro llegó a su cumpleaños
80 en 2006 en su lecho de enfermo, sosteniendo un periódico del día para
mostrar que estaba vivo dos semanas después de haber dejado sorpresivamente la
presidencia.
Durante la década siguiente, el barbado líder fue
testigo privilegiado de hechos impensables mientras gobernaba y que fueron
promovidos por su hermano Raúl, ahora presidente.
Castro cumplirá el sábado 90 años en un país que
implementa una modesta apertura a la iniciativa privada, políticas de
descentralización y el acercamiento a su archienemigo de décadas, Estados
Unidos. Y aunque muchos aspectos económicos y sociales no cambiaron, la Cuba de
hoy es bastante diferente a la que él lideró por 47 años.
“Vivimos un tiempo globalizado, que nos permite
conocer de todo. Hay mucha más información que hace 50 años”, dijo a la AP
Ernesto González, encargado de relaciones públicas de un grupo de danza. “El
joven cubano no quiere que las cosas lleguen, sino salir a buscarlas”, comentó
el muchacho, para quien Fidel Castro es una “inspiración”, con todos sus
“defectos y virtudes”.
“Si extrapolamos, lo que él (Fidel) hizo antes de
(el triunfo de la revolución en) 1959, a nosotros nos toca hacerlo en el 2016:
Empoderarnos, encontrar nuestras maneras, desarrollar este país”, agregó
González, que tenía solo 15 años cuando Castro dejó el poder en manos de su
hermano Raúl.
A lo largo de esta década, cientos de miles de
cubanos se convirtieron sin retorno en modestos emprendedores, abandonaron sus
puestos estatales y compraron o vendieron casas, vehículos o negocios, algo que
Fidel Castro siempre vio –desde su perspectiva de fuerte control estatal– con
desagrado, aunque le tocó hacer pequeñas concesiones aperturistas en los años
90.
En los últimos años, Cuba también vio el acceso a
los teléfonos celulares, el internet y el levantamiento de las restricciones
para salir y entrar del país, que propició una fuerte emigración, incluidos.
Para muchos al interior o en el exterior, uno de los
rasgos más destacables de Fidel será su nacionalismo, que lo llevó a desafiar a
su poderoso vecino del norte, defender a los países subdesarrollados y a buscar
construir una sociedad más justa con seguridad social, educación y salud para
las mayorías.
Sus críticos, sin embargo, ven a Fidel Castro como
el símbolo del empobrecimiento de la infraestructura o la productividad del
trabajo, el escaso consumo en la isla o del ascenso de las políticas de
izquierda en el continente.
“Sin duda, Fidel es la figura que estuvo a la
vanguardia de los cambios en América Latina”, dijo recientemente a la AP Miguel
Tinker-Salas, profesor de Pomona College en California. “Una figura
antiimperialista, con personalidad que polariza… que cambió la dinámica de
poder”.
Hasta ahora las autoridades no tienen previsto
realizar algún acto oficial de homenaje por sus 90 años. Sin embargo, se
esperan decenas de actividades en honor a la fecha, como presentaciones de
libros o galas de ballet que fueron anunciadas con expresas dedicatorias para
el ex presidente, a la par de eventos como la terminación de viviendas
populares señalados como un saludo al barbado dirigente.
“Para mí es Fidel para siempre. El padre, el
compañero, el ídolo”, dijo a la AP, Dora Ramos, una empleada de la firma
estatal de telecomunicaciones Etecsa. “Tengo la esperanza de que en el futuro
Fidel siga vivo en el pueblo nuestro. ¡Feliz día para él en su cumpleaños!”,
exclamó.
Nacido el 13 de agosto de 1926 en la finca de su
padre, un astuto inmigrante español enriquecido, Fidel Castro creció en el
campo cubano, antes de ser enviado a estudiar con los jesuitas y posteriormente
a la Universidad de La Habana, donde se recibió de abogado.
Encabezó la revolución que derrocó al dictador Fulgencio
Batista en 1959. Se enfrentó a Estados Unidos y construyó un modelo socialista
que marcó la historia del siglo XX en América Latina y países en desarrollo de
otros continentes.
En los 70 se alió a la Unión Soviética y resistió
férreas sanciones de Washington, muchas de las cuales permanecen a pesar del
acercamiento entre Estados Unidos y Cuba propiciados por Raúl Castro y el
presidente Barack Obama a partir de 2014.
La última aparición pública de Fidel Castro fue en
abril, para la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Encanecido, encorvado, pero lúcido, el líder exhortó
a sus compatriotas a continuar con las ideas que llevaron a la fundación del
PCC y fueron el eje de su lucha de décadas por un modelo socialista.
“Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría
ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar”,
dijo Castro, sin su uniforme verde olivo de antaño. “A todos nos llegará
nuestro turno”.
Incluso los cubanos que no siguen sus ideas, que se
sienten desencantados con la revolución o que simplemente se quejan de los
bajos salarios, reconocen el legado del modelo impulsado por Castro con sus
escasos niveles delictivos y sus importantes logros sociales.
“La revolución ha cometido muchos errores, pero el
pueblo cubano es fidelista porque entendemos que sus ideales eran nobles. No es
un hombre avaro, no codicia riqueza y quería lo mejor para la gente; y eso lo
va a trascender”, dijo a la AP Marisel Avila, una cantante de coro de 49 años.


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