EL EXPRESIDENTE SARKOZY QUIERE VOLVER AL PODER EN FRANCIA... Y LO PUEDE LOGRAR
PARÍS (7 Septiembre 2016).- Sufrió una derrota en las últimas elecciones
presidenciales, su mandato como presidente fue considerado un fracaso y ha sido
sometido a numerosas investigaciones judiciales. En muchos sistemas políticos,
formaría parte del pasado. Pero en una Francia bajo amenaza terrorista, Nicolas
Sarkozy podría ser la figura del momento en Francia de cara a las próximas
elecciones presidenciales.
Al repetir de manera insistente que la “identidad”
francesa está en riesgo, precisamente en un momento en que existe un profundo
malestar debido al terrorismo, el impredecible Sarkozy podría estar conectando
con el electorado. La semana pasada, su nuevo libro puso la palabra “identidad”
en el centro de su campaña política. Se colocó inmediatamente en la lista de
los más vendidos y superó incluso a las novelas de la temporada.
Siempre sucede igual con este tipo de libros,
redactados para la coyuntura: Sarkozy utilizó un manifiesto escrito a toda
velocidad para anunciar su candidatura. Se presentará por su partido Los
Republicanos, situado a la derecha del centro en el espectro político francés.
Y no le va mal en las encuestas.
Durante un evento en un auditorio en el sur de
Francia, el primero de los que dará en la campaña, Sarkozy recibió la ovación
más grande cuando juntó dos temas: el combate contra el terrorismo y la
identidad nacional. “Francia está bajo amenaza”, le dijo a la multitud.
“Francia es objetivo. La guerra es la guerra. Tenemos que ganar. Tenemos que
aplastar a nuestros enemigos, convertirlos en algo que no pueda hacer daño”.
Y una vez que los asistentes al acto en Chateaurenard
se animaron, Sarkozy anunció: “Nuestra identidad está amenazada”.
Queda claro que por identidad se refiere a una
Francia no musulmana. Sarkozy trata de posicionarse como su principal defensor
frente a la debilidad de los socialistas y sus competidores en la derecha.
Con esas exclamaciones, Sarkozy busca garantizar que
la campaña presidencial de 2017 se dirima en torno a la amenaza que plantea el
islam, tanto la real como la percibida. Y desde ya ha tocado la fibra de los
electores.
Durante meses Alain Juppé, el alcalde de Burdeos y
quien ha sido descrito como una persona cerebral, calmada y moderada, era el
candidato favorito, capaz de imponerse con facilidad sobre Sarkozy y el
presidente socialista François Hollande, quien ha tenido que hacerle frente a
muchas crisis durante su mandato, ambos muy por detrás en las encuestas. Juppé,
quien propone la idea de que Francia se sienta a gusto con su “identidad
feliz”, continúa siendo el favorito pero ha perdido apoyo incluso dentro de su propio
partido.
Las últimas encuestas lo sugieren: Sarkozy ganó
cuatro puntos la semana pasada en una de ellas y dos más en otra, y le pisa los
talones a Juppé. En otra, iba casi 40 puntos por delante de Juppé entre los
votantes del partido en el que militan juntos.
Sarkozy dijo hace poco que aprobaría una ley para
prohibir el burkini y eso no le ha perjudicado. Al contrario. Incluso en el
seno de la izquierda, pocos defienden al burkini. Las ministras del gobierno
socialista han salido rápidamente a decir que están contra el burkini aunque no
apoyen una prohibición total. Las feministas han publicado opiniones contra ese
traje de baño en los medios.
Sarkozy, como es costumbre, da un paso más. En una
entrevista reciente dijo que “el burkini es un acto político, activista, una
provocación”.
Pide que se encierre, al estilo Guantánamo, a los
musulmanes que supongan una amenaza potencial a la seguridad. Mientras tanto,
la defensa de los valores de la república y el Estado de derecho, más razonada,
de Juppé, parece conectar menos con los votantes franceses en un momento tan
tenso.
Con Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, de
extrema derecha, sumida en un extraño silencio tras su derrota en las
elecciones locales de diciembre y bastante ausente del debate público, Sarkozy
parece tener la intención de conquistar tanto al electorado preocupado por la
seguridad, xenófobo, del Frente Nacional, como a los votantes de la derecha más
centrista que, al igual que gran parte del país, aún se encuentran en estado de
shock tras la ola de atentados terroristas cometidos en suelo francés. Por el
momento parece tener el viento a favor.
¿Cómo puede ser que Sarkozy —un político que no
solucionó los problemas crónicos de la economía francesa después de cinco años
en el cargo, que tuvo problemas de imagen debido a su vida privada y acabó
interrogado por la policía sobre las finanzas de su partido entre otros
asuntos— pueda regresar con tanta fuerza?
Según Gerard Grunberg, politólogo del Institut
d’Etudes Politiques, gran parte de eso tiene que ver con el sistema político
francés, anclado en los partidos. A diferencia de Estados Unidos, el sistema
deja muy poco espacio a los recién llegados y los independientes. Quienes
controlan el partido tienen garantizada una carrera política vigorosa. Una vez
que logras entrar al club, ahí te quedas.
Incluso tras su derrota electoral previa, Sarkozy
mantuvo el control de Los Republicanos hasta anunciar su nueva candidatura
presidencial el 22 de agosto.
Y según Grunberg, aunque el presidente de la
república es elegido por una elección directa y no de la asamblea nacional, el
cargo se mantiene a la sombra de la larga tradición del parlamentarismo
francés. En esa tradición, “el hecho de haber sido derrotado previamente no
significa el final”. Hay primeros ministros que logran reciclarse tras derrotas
importantes.
Quizá lo más importante es que Sarkozy parecer ser
el político que mejor capta el sentir nacional. Sin duda alguna es quien habla
más fuerte, e incluso más claro (más aún que Marine Le Pen) en lo relativo al
laicismo y la necesidad de oponerse a la influencia del islam.
“Por el momento la república está en retirada”, dice
Sarkozy en el libro. “Nadie debería poder portar ningún signo de filiación
religiosa externa”, escribe. “La república no tiene problemas con las
religiones, sino con una de ellas”.
En opinión de Grunberg, a partir de los atentados
terroristas, Sarkozy proyecta agresividad e impulso donde Hollande solo se
muestra afectado y preocupado. Entre los votantes “Sarkozy responde a las
peticiones de autoridad” en una situación “tensa y peligrosa”. El politólogo
cree que “ha decidido irse demasiado a la derecha y Juppé todavía no ha dicho
nada, aunque ya comienza a hablar”.
Aún no se sabe si la tranquilidad que muestra Juppé
ante la amenaza puede conquistar a algunos votantes, aunque Grunberg cree que
eso podría pasar. Sarkozy, por su lado, todavía genera rechazo entre muchos
electores.
Por ADAM NOSSITER


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