PESTEL, Haití (7 Septiembre 2016).- Los pescadores
se congregaron emocionados en un inestable muelle de madera para recibir a la
embarcación en que viajaba el candidato político más divisivo y
provocador.
La multitud no tardó en abrir camino a Guy Philippe,
que bajó a tierra y empezó a estrechar manos y dar palmadas en las espaldas.
Apareció más gente para ver al hombre que aparece en carteles de campaña
colgados en chabolas de una habitación, en una comunidad aislada del resto del
país por montañas boscosas y carreteras llenas de baches.
Philippe es detestado por algunos haitianos porque
lideró la rebelión de 2004 que derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide.
Las autoridades de Estados Unidos lo buscan por cargos de tráfico de drogas
presentados hace una década.
Y la semana pasada, un juez haitiano lo interrogó
por un mortal ataque de mayo a una comisaría después de que el candidato
ignorase varias citaciones previas.
Sin embargo, Philippe parece ser venerado en la
región rural de Grand’Anse en el sur de Haití.
Muchos ya le llaman “senador” mientras hace campaña
para lograr un escaño en las elecciones previstas para el 9 de octubre, una
victoria que le daría inmunidad ante detenciones y procesos judiciales en su
país, así como el poder político que ambiciona desde hace mucho tiempo.
“Es como un padre para esta zona”, dijo Christin
Pierre Louis, que estaba entre los que acudieron para recibir a Philippe al
pueblo.
En otros lugares se le ve como un símbolo
preocupante de los problemas de Haití.
El candidato fugitivo permitió a periodistas de
Associated Press pasar un día con él en su bastión de Pestel.


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