MARIEKE VERVOORT: "AÚN NO ES EL MOMENTO DE MI EUTANASIA"

Marieke Vervoort ya tiene firmado los papeles de su eutanasia. La atleta belga que sufre una enfermedad degenerativa incurable que la obliga a vivir con morfina y demás medicamentos, este fin de semana ganó la medalla de plata en la carrera de 400 metros lisos en silla de ruedas, en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. La meta que se marcó tras los últimos años tras un duro y doloroso entrenamiento, la logró. Pero Vervoort cree que aún no ha llegado el tiempo para su muerte legal. “Ese momento aún no ha llegado. Cuando crea que ya ha sido suficiente para mí, para ese momento ya tengo los papeles de la eutanasia”.

Después de la competencia, la atleta compareció ante la prensa que le preguntó por su anunciada eutanasia. “Yo ya tengo los papeles (de la eutanasia) en la mano pero todavía disfruto cada instante. Cuando el momento llegue, cuando tenga más días malos que buenos, para ese día ya tengo mis papeles para la eutanasia. Pero ese tiempo aún no ha llegado”. En su país la eutanasia es legal desde 2002 para los pacientes que sufran enfermedades físicas o psíquicas incurables. Es el caso de ella, quien en 2008 tuvo que dejar de lado su pasión por el triatlón adaptado, disciplina de la que fue doblemente campeona del mundo, por el mal que la dejó postrada en una silla de ruedas.

La atleta, que ya tenía otras dos medallas olímpicas, tiene  la mitad inferior del cuerpo paralizado, una visión reducida al 20%, dolores que le impiden dormir durante largas noches. La enfermedad degenerativa incurable que padece dificulta cada vez más su recuperación y hay noches después de una carrera en las que apenas duerme. Su padecimiento comenzó a los 14 años. “Es una batalla constante. Veo mal, apenas un 20% y tengo ataques epilépticos. ¿Qué vendrá ahora?”. Estos son los últimos Juegos de la belga.

Su vida, además de su enfermedad, también está marcada por dos accidentes: una en competición y otro doméstico cuando sufrió un ataque epiléptico que provocó que derramase sobre sus piernas agua hirviendo con pasta. Pero eso no la frenó, sino que la hizo más y más fuerte. De todos modos, descarta llegar a Tokyo 2020. “No, no, después de Río dejo de competir. Llevo años con mucho, mucho dolor, cada vez es más difícil”, comenta, recalcando sus problemas en muchos casos incluso para poder dormir. “Tras la Ceremonia de Inauguración solo dormí una hora”.

La medallista no pudo ocultar su satisfacción por la medalla de plata. “Este metal tiene otra cara, la del sufrimiento y la de decir adiós al deporte. Porque amo el deporte, el deporte es mi vida”. La atleta se ha convertido en un símbolo para los defensores de la eutanasia. Cree que su decisión hacer sentirse mejor a otras personas. “Si yo no tuviera los papeles de la eutanasia, creo que ya me habría suicidado porque es muy duro vivir con tanto dolor y sufrimiento y en esta inseguridad”.


“Ya no tengo miedo de morir”, aseguró la atleta que quiere ser recordada como una mujer a quien le gustaba reír y que solo veía las buenas cosas de la vida, sin quejarse. Aún tiene una lista pendiente por cumplir y es larga. Dentro de las que está vuelo acrobático, viajar a Japón y organizar un museo consagrado a su memoria. “He coleccionado todo: los artículos, los reportajes de televisión, las cartas de aliento, mi material deportivo. Ese es mi mayor sueño, tener toda mi carrera en un museo”.





Fuente: EL ESPECTADOR

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