NUEVA YORK (2 Septiembre 2016).- El uso de pistolas eléctricas en casos de violencia
extrema forma parte de las nuevas medidas que adoptará la Ciudad de Nueva York
para velar por la seguridad en las prisión de Rikers.
Así lo anunció el alcalde Bill de Blasio
desde la capilla de esta cárcel que ha estado en el ojo del huracán por
denuncias tanto de organizaciones de derechos civiles que velan por la
seguridad de los presos como también de los propios carceleros que aseguran ser
víctimas de reos violentos.
De hecho, la ciudad de Nueva York pagó us$13.1
millones en 2015 para hacer frente a indemnizaciones, judiciales y
extrajudiciales, planteadas en demandas y quejas por víctimas de violencia en
los correccionales de la ciudad, particularmente en Rikers Island.
Estas cifras las divulgó en marzo pasado la
Contraloría, en un informe que muestra que el año pasado se interpusieron 2,846
quejas ante el Departamento de Correccionales, un 27% más que en 2014. La mayor
parte de los problemas llegan de la prisión de Rikers Island, uno de los
penales más grandes del país. Uno de sus centros, el Anna M. Kross Center, es
el origen de 593 demandas.
En cuanto a los guardias de prisiones, el mes pasado
la Asociación Benevolente de Oficiales de Correccionales (COBA) emitió una
carta abierta dirigida a De Blasio en donde le recriminaban por no tomar
medidas ante los frecuentes ataques contra los guardias.
De acuerdo con Elias Husamudeen, presidente de COBA,
unos 609 guardias fueron atacados por prisioneros violentos en el último
semestre, según una estadística extraída de un reporte que publicó el New York
Times.
“Estamos tomando nuevas pasos para que el personal
de Rikers esté más seguro y sea más efectivo” dijo ayer De Blasio. La nueva
iniciativa aumenta el número de oficiales, le da pistolas eléctricas a los
guardias supervisores, e implementa nuevos escáneres de seguridad que detectan
más que los artículos de metal.
Durante su recorrido por el lugar, el Alcalde
escuchó algunas de las preocupaciones de los guardias de correccionales que
incluían demasiadas horas de overtime y el problema de las cosas que pasan como
contrabando.
“Aunque todavía nos falta mucho que hacer, el
aumento de nuevos guardias en la prisión, aliviará la carga de turnos extras”,
dijo de su lado el Comisionado Joseph Ponte.
Está previsto para el mes de noviembre la graduación
de 700 oficiales, la clase más grande de carceleros. El número aumentará en
primavera cuando se espera que 1,200 personas se gradúen.
Ponte aseguró que los equipos de la Unidad de
Servicios de Emergencias (ESU) estarán mejor integrados a las cárceles.
Los supervisores de ESU recibirán entrenamiento para
usar las pistolas eléctricas. El departamento espera que en las próximas dos
semanas 12 capitanes reciban este tipo de armas.
Se calcula que Rikers alberga un promedio de 10,000
presos por día. En el 2015 el 34% de los encarcelados fueron hispanos. Parte de
la propuesta a largo plazo para acabar con el “monstruo” que representa esta
prisión es su cierre definitivo. Sin embargo, el propio De Blasio expresó en su
momento dudas sobre que esta sea la solución más viable.
Por
CAMILLE PADILLA DALMAU/Edlp


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